Inventando. “Lo que habita el abisal”

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-¿Cómo suena el abisal?-, pregunta la voz.

-Algo así como la nada o el vacío-, responde su eco.

-(Imagino la música que les mueve en rumbo involuntario, sin causa ni destino, así)-

Por un instante en Oniria:

No, no estaba embarazada, pero parí, y ví lo que salió de mi vientre. Estaba en una bolsa, un ser extraño, con lo que parecían ojos, grandes y soldados. Supuestamente no era humano, eso me dijiste. Por lo visto, cuando no eres enjendrado se crea una forma en tu interior que termina saliendo de ti cuando menos lo esperas.

En el abisal:

Y se abrió una grieta en el océano emocional, rompiendo la roca sumergida, aquella que nadie podía atravesar. Me sorprendío ver cómo la muchacha se deslizaba hacia un interior desconocido y tan profundo, que le perdí el rastro apenas entrara por aquella brecha.

 

-Se alimentará de la sombra sin sol-, dijo una voz.

-Roncos y secos serán sus movimientos-, respondió su eco.

 

El abisal nunca es visitado, es un lugar solo de ida y permanencia. Lo habitan los que se quedaron sin nombre, sin forma o rostro, los que desaparecieran sin dejar rastro o huella. Allí no llegan los gritos o las voces, se pierden en la boca del pez más pequeño. ¿Oscuro?, no lo sé, ¿rocoso?, no lo sé. Como tragados por un momento intemporal, sin recuerdos, al olvido.

 

-¿Cómo sabes que existe ese lugar?-, dijo la voz.

-Queda el instante vacío y justo antes de irse, murmuran su secreto-, respondió eco.

 

~ En los viejos tiempos, si alguien tenía un secreto que no podía compartir, subía a una montaña y buscaba un árbol, le hacía un agujero y susurraba el secreto. Luego, lo tapaba con barro y dejaba el secreto ahí para siempre. ~ (“In the Mood for Love” de Won Kar Wai)

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Expresándome. “Me estoy consumiendo”

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Hoy me estoy consumiendo
tragué los egos de mi misma
levitando al abismo despierto
silenciando la voz durmiendo.

Rozan mis pies en el infierno
duele este alma sin carisma
que ahogo en el yermo llanto
inválido es el olvido eterno.

Hambrienta de un banquete
de saltos a la deriva experta
canto insonoro de lamentos
maldigo la gana que acomete.

Liberarme debo de la prisión
por la mirilla asoma una grieta
desatar la reja de los cuentos
manejando torpe esta pasión.

No hay riqueza que promete
el desierto sin oasis al acecho
olvido ilusiones que aborrecen
a dios no albergo en mi mente.

Hoy lúcida me estoy muriendo
íncubos de Morfeo insatisfecho
arrancar rizos que me enreden
el latir a mi pecho encomiendo.

Inventando. “Necedad”

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Necios somos, que ante la oscuridad y el peligro, a la quietud y al silencio nos agarramos, cuando correr y gritar deberíamos.

Tercos somos, que pensamos combatir el abismo con el todo y a ciegas golpearle, cuando pedir socorro deberíamos.

Obstinados somos, que por hacer desaparecer al miedo nos tiramos de cabeza, cuando no creer deberíamos.

Y allí estábamos, donde no deberíamos.

Necios, tercos, obstinados.

Cínicos vitales.

Románticos inaguantables.

Destructores de todo por decepción de la nada.

Y allí estábamos, donde no queríamos.

Necios, tercos, obstinados.

Cínicos carnales.

Románticos insaciables.

Quietud, silencio.

Cuando una sola palabra…

cuando un solo movimiento…

construiría la nada por decepción del todo.

Y allí estaríamos, donde todo habría que hacer.

Es la nueva nada la que combate al necio,

es el todo el que hace valiente al terco,

es la batalla la que alimenta al obstinado.

Cínicos vitales.

Románticos desmembrados.

El terco y el obstinado llamaron al necio,

pensaron que lo mejor era unir sus fuerzas,

y al abismo cayeron a luchar por el todo ya vencido.

Expresando. “El abismo de un abrazo”

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¡Abrazarte!, aunque caiga en el abismo,

donde la realidad pierde su sentido,

donde se desvanecen los pensamientos

donde todo se hace atemporal.

Diario no diario. “Cuando se desune un abrazo”

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Si ya conocíamos el abismo que existe entre nosotros, ¿por qué tengo miedo cuando lo puedo ver?;  por muy fuerte que te abrace, por mucho que piense en ti, por todo el amor que pueda sentir, ahí está, y es que a veces se me olvida.

Será que a veces caminamos, descalzos y atrevidos, por el borde de este abismo, confiados. Y es que, saber que existe no es conocerlo y conocerte más hace que me vuelva más atrevida aún; y no solo me descalzo, además me desnudo, me expongo de brazos abiertos y de puntillas bailo riéndome.

¿Y si el abismo es como el vacío?, ¿y si nos caemos en él?

Y creo que caerse en él es calzarse, vestirse, quedarse parado mirando, agachado y agarrado a todo lo que no es abismo, entonces será cuando haya que dejar de mirarlo, de jugar y tentar a la confianza de creer saber o conocer; será que de debe entender que al abismo no se debe ir solo, ya que es un lugar de dos.

El abismo como el amor es algo mutuo.

¿Será el abismo la memoria?

¿Será el abismo la antítesis del amor?

¿Será el abismo la desmemoria?

¿Será el abismo la condición al amor?

¿Será el abismo el motor de la unión en el amor?

Abismo y amor, son como amantes en sí mismos, es necesaria la presencia de ambos para que generen equilibrio o desequilibrio que surge en cualquier unión, generando la química del vínculo, la confianza, la complicidad y la intimidad.

Como energías opuestas se atraerán y convivirán, ambos, en los abrazos.

Y si se cae en el abismo es porque se cayó en el amor. Caer produce miedo y el miedo altera la química generadora de esos vínculos, confianza, complicidad e intimidad. Es el inicio de la separación del abrazo y es la posibilidad de uno nuevo donde volver a caer.

¿Cómo llegué yo al abismo y al amor?

Creo que fue en un abrazo, en aquél que te diera por primera vez, el que no pude controlar pues fue como ver a un amigo, más aún, a alguien a quien no poder no amar.

Creo que fueron tus comisuras, allí encontré el abismo también.

Ahí ando perdida.

Cuando sonríes o en tu gesto sobrio, tus comisuras…

Creo que fue el agua de tus ojos, me desnudé y tiré de cabeza, ahí el abismo otra vez.

Creo que en mí misma encontré el abismo, cuando me acerqué a ti, y tú fuiste el amor.

Puede que fueran ellos, abismo y amor, quienes se cayeron en nosotros y ahora buscan ese vínculo, confianza, complicidad e intimidad, como lugar donde poderse abrazar.

Diario no diario. “Cosas de amantes”

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Entrar en la ensoñación, en el mundo abstracto de las ideas libres, en el umbral de la vigilia con las caricias de tu amante, resbalando en besos y saliva.

Yo: ¡Pregúntame!.

Tú: ¿Cómo estás?

Yo: En el entréxtasis del abismo, donde se me alargaron las piernas y los brazos para poder seguir abrazándote, a pesar del nunca y del siempre de una frase de amor.