Diario no diario. “Encuentros”

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Siempre pensé que tenía mucha suerte, encuentro personas excepcionales y aunque sea por unos instantes se me quedan pegadas, impregnándome de ellas. También he encontrado locos, gente dañina, y también tuve mucha suerte, estas veces por saber cómo alejarlas y que no dejaran huella en mí, pero inevitable el aprendizaje.

¿Aprendo más de esos encuentros de locos y dañinos?, me pregunto…

No, absolutamente aprendo y crezco con todos ellos.

Como artista, intento canalizar mis experiencias hacia lo plástico o la intangible palabra, torpe si, muchas veces, hago lo que puedo para que quede reflejado aquello que creo y siento necesario expresar.

¿A quién y qué sirve que lo exprese?, me pregunto…

A mi, primero, después supongo que habrá otros seres que lean o interpreten lo que hago como reflejo de lo que una vez sintieron. El arte no es tan útil como unas paredes donde habitar, una mesa donde apoyar el plato o la ropa que nos abriga, pero intentar definir su función en el mundo es como adentrarse en lo desconocido de la mente, la fe, la abstracta existencia de nuestro yo interno.

Desde los primeros pasos del ser humano sobre la tierra, en los momentos de descanso, de sentarse alrededor del fuego o reunirse a contar lo vivido, hemos interpretado con metáfora, canciones, decorado nuestros utensilios, hemos dado forma particular a nuestras vestimentas y rodeado de objetos contenedores de magia y simbología que nos hacía sentir mejor, dando placer a los sentidos sin pedirles más. Hemos logrado crear composiciones que llegan a los sentidos a través del abstracto sonido, mezclar colores y líneas que contaran lo que no se ve más que con el pensamiento, hemos creado palabras para formar frases que hablaran de lo que aconteció o porque si, por el placer de imaginar y hacer sentir.

¿El porqué del arte?, me pregunto…

Porque si, sin más pedir.

Mis encuentros, me los llevo conmigo, en los movimientos de las manos, en gestos al sonreír, llorar, mirar, peinarme, caminar de forma particular, palabras y expresiones que adquiero y completan mi vocabulario. Todo tan enriquecedor que va conmigo de equipaje de mano.

Hay personas tan maravillosas, especiales y raras que te tocan el alma, así como la música… separarse de ellas es doloroso y conlleva hacer un esfuerzo de amor para comprender que seguirán en nosotros, impregnadas en nuestro ser.

A mi hermana Macu o Inma, como la llamaba él, Antonio, al que beso con el pensamiento, ese beso de despedida que no le di al salir de casa.

¿Qué me enseñó su encuentro?, me pregunto…

Que se puede ser honesto, sincero hasta el límite de ser extraño y extraordinario, y lo que más me impregnó de él fue lo que sembró en esta familia, carácter, individualidad, humor, ligereza ante la adversidad, que ser tú mismo a pesar de todo es posible y la gente te querrá u odiará de igual modo; y  todo su saber y curiosidad por el conocimiento de la historia del ser humano. Creó ese entorno de “hoguera”, en el que visionaban pelis, hablaban de anécdotas de historia, pues con él podías quedarte a charlar durante horas o un rato; siempre era interesante. Se rodeó de objetos y piezas de arte, libros, cine… y creo que no tiraba nada que fuera particular, amante del arte, le gustaba lo antiguo con historia familiar, y yo me lo he pasado genial curioseando la biblioteca, los álbumes de películas y seleccionando con él las que me pudieran gustar. Generoso de cederte un libro, a mí, me regaló “Yerma” de Lorca esta primavera pasada.

Tomar un café a su lado, sentada mirando yo mis cosas y él las suyas, cada vez que le hablaba, me prestaba toda su atención, porque él era un buen escuchador.

Una suerte encontrarte, ha sido un placer saber conocerte, ¡un honor!, Antonio.

Inventando. “Los 7 sentidos”

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Siempre  he pensado que el ser humano se equivoca al decir que disfrutamos de 5 sentidos.

1º El sentido del oído:

Para la comunicación con la palabra hablada o gritada,

para atender al socorro, alimentar a tu bebé,

correr ante el peligro, distinguir lo conocido, reconocer lo inusual.

Disfrutar del sonido de la naturaleza, del canto, la música creada y tu propio palpitar.

Del ritmo y del son del parpadeo que es casi inaudible o recrearse en el silencio.

No se puede evitar, ni cerrar, ni obstruir, se nace con o sin él,

es subjetivo y gran captador de la abstracción.

(Conocedor de la sandía que se precie dulce y bien carnosa)

~

2º El sentido de la vista:

Para acercarnos a la mancha oscura que nos alimentará nada más nacer;

reconocer un buen lugar para asentarse, el rico alimento que atrae por su color y forma,

las facciones que nos atraen a la amistad,

vislumbrar el contorno de alguien que se acerca,

alejarnos del peligroso abismo, calcular el obstáculo a saltar,

reconocer un gesto amable o la falsedad;

es el sentido que nos aporta curiosidad para buscar, curiosear y encontrar.

Espiar al enemigo y seguir las huellas de un animal.

Disfrutar de la belleza de las formas, del color de lo natural y lo creado por las manos,

del control de lo vertical o lo horizontal.

Deleite de rostros proporcionados, el movimiento de las olas del mar,

las hojas de los árboles y la danza ritual.

(Arma imprescindible para cazar al mosquito que te picó)

~

3º El sentido del olfato:

Para reconocer qué está bueno y qué no se puede comer,

básicamente lo usamos para complementar al paladar,

creando alquimias de olores atrayentes; lo usamos para diagnosticar una infección.

Para no acercarnos a lo que nos pueda enfermar, provocando repulsión.

Enamorarnos de nuestro bebé.

Gozar la mezcla de esencias, aroma natural de las cosas, potenciador de recuerdos,

química de los elementos que invita al lejano caminante a acercarse al exquisito manjar.

(Gran madre de la sabiduría en lo que nos “huele mal”,

metáfora de lo que, una vez, olimos)

~

4º El sentido del gusto:

Atrayente a lo que nos va a alimentar, a engordar y a escupir lo que nos repugna.

Es amigo del olfato, infalible para encandilarnos, enamorarnos y llevarnos a engullir,

para no desfallecer y hacer de la necesidad un placer.

Es una obligación hecha profesión y dedicación creativa.

La gula es su némesis, distracción fatal de lo primordial.

(La lengua, intrínseca al gusto en el hecho de dar placer, ¿es a caso como el palpar?)

~

5º El sentido del tacto:

Directo al virtual sentir en el pensamiento, portador de texturas, espesor y volúmenes,

es capaz de hacer repeler o rechazar y de atraer con su movimiento de diez.

Cobertura del cuerpo en toda su dimensión, a veces sin control, erizándose

o humedeciéndose a temperatura ambiental.

Curiosa herramienta de coger, palpar y curiosear; creador de vínculos humanos,

de cosas y otros seres a los que transmitir o recibir la caricia.

Constructora de formas en la materia moldeable,

constrictora al levantar, destruir, sujetar, forjar, romper o desgranar.

(En lo más oscuro de la noche las palmas se hacen ojos)

~

6º El sexto sentido:

Es aquel que no se localiza en ninguna parte del cuerpo.

Confiado de la memoria, de lo aprendido e hipersensible a las señales, que,

como en el juego del dominó, puede llegar a percibir más allá de lo visible,

tangible, oloroso, audible o comestible.

Fanático de la intuición hacia lo bueno, mejor, catastrófico o ideal.

No es ciencia y tampoco fe, pero en ciertas circunstancias puede hacerte

ganar o perder, ejerciendo una notable influencia a los otros sentidos

ante momentos de vital importancia.

Es un sentido audaz, impetuoso, prudente e incoherente.

(Algunos dicen que es como una voz dentro de ti)

~

7º El sentido del sexo:

Para la procreación es vital, es sentido de comunicación e intercambio.

Sujeto a todos los sentidos, dando gozo y placer sin más.

Gran individualista, personal y subjetivo.

Atractivo para el recreo, convertidor de instintos primitivos,

que como del gusto para el comer, de la necesidad se hizo placer.

Se confabula con el arte y la pasión como instrumento para la creación,

es el sentido con más carisma, al que podemos obviar por envidia o idolatrar.

Marcado por el mutualismo y la perversión.

Se puede vivir sin el disfrute del sentir del sexo, pero ahí está,

en ocasiones tan incontrolable como el oír.

(Dicen que está rico, ¡hagámonos un pastel)

Trozos de mí. “A cachitos”

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(Dedicado a las personas que han conformado mi vida, los lugares por los que he caminado, los paisajes que llenaron mis retinas y los momentos que a veces fueron solo instantes, en los que fui increíblemente feliz. A todo ello, yo le llamo “YO”, un yo a cachitos que soy.)

Tengo el corazón partío a cachitos,

tantos, que han formado una autonomía,

cada uno tiene un nombre propio.

Son personas,

conectadas por mis venas,

me traslado de una a otra,

sin maquillaje y mil colores en vestimentas.

~

Tengo el corazón partío a cachitos,

tantos, que ha perdido su apariencia,

cada uno vive su destino.

Son lugares,

conectados por puentes arteriales,

me muevo de uno a otro,

sin zapatos ni equipajes.

~

Tengo el corazón partío a cachitos,

tantos, que podrían ser planetas,

cada uno orbita a diferente ritmo.

Son momentos,

conectados a los nervios de mi memoria,

salto de uno a otro,

desnuda, sin edad, en indefinida trayectoria.

  Y para escuchar mientras me lees.

Inventando. “Hoy-siempre”

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¿Qué es lo que tengo sino hoy?

Lo que muevo con las manos.
La huella que hago con los pies.
Donde dirijo la mirada.
Lo que hablo, lo que pienso, siento.

Hoy estás tú, porque quisiste, porque quise.
Lo muevo con las manos, te muevo, me mueves.
Estoy, aún ahora, dejando huellas en la arena de tu casa.
Miro, te miro, me miras; curioseo, fantaseo, juego a pestañear.
Me quedo pensando, te pienso mientras hablas, cantas.
Te oigo, me oyes.

¿Qué es hoy sino siempre?

No pienso en mañana, ya que estoy aquí, en hoy.
Es un hoy que me huele a hoy, a mí, a ti.
Hoy que no conozco, que descubro como si fuera mañana, como si fuera siempre.

¿Le importará a mañana ser un hoy-siempre?

Mañana me habla hoy, se sienta a comer conmigo.
Me ha cogido de la mano y dice: “¡Quédate!”.
Y yo, le dice: “Me estoy quedando hoy, que es siempre”.
Mañana me habla de hoy, es un soñador, añorando el pasado.

¿Es mañana un soñador de siempre?

“Quiero mirarte mañana”, digo yo.
Ayer está borrando las huellas que dejo en hoy-siempre, de la arena de tu desierto.
“Quiero besarte mañana”, dice él.
“Seré siempre hoy, mañana existe solo hoy, mañana se transformará en siempre cuando hoy sea”, dice el soñador.

¿Es un sueño siempre?

“Hoy estás/eres/existes”, dice siempre.
“Mañana te cogeré la mano”, dice el soñador.
“Ayer es hoy, ¡mira las huellas en la arena!”, dice el amo del desierto.

Y tú, y yo, ¿es siempre?

“Es hoy”, dice siempre.
“Es el mañana”, dice ayer.
“Es un sueño”, dice el mañana.

¿Y si hoy soy solo un trozo de mí, que se olvidó de ayer, inconsciente de mañana?

Yo: ¡Confía!
Tú: ¡Sin miedo!
Yo: (Sonríe)
Tú: (Ya se olvidó de todo, se acerca y le besa)

…miran, sienten, caminan, se cogen de la mano, hablan, cantan, se escuchan, se huelen, se piensan, se oyen…

Mañana: “Quiero ser siempre”
Hoy: “Quiero ser ayer”
Ayer: “Quiero no ser mañana”

Siempre: Soy yo, ¿recordáis?

Mañana: Soy.
Hoy: Estoy.
Ayer: Existo.

Yo: Hoy no dormiré.
Tú: Te leeré aún si duermes.

Hoy: Soy yo, ¿te acordarás?

…Ayer les mira sonriendo, cómplice de siempre, que aún siente, mira, huele, habla y coge de la mano al hoy, que inconsciente, es, sin saber que fue y será…

Trozos de mí. “Oídos”

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Los oídos son hermanos de los ojos, atienden antes y avisa a éstos en su dirección, pero, no se pueden cerrar.

El silencio es la quimera del oído, es como el paraíso prometido. Educarlo es parte de nuestro crecimiento, le enseñamos lo que sirve o lo que es desechable, también le inculcamos moralidad, cultura; ser sensible a ciertos sonidos, especializarse en formas de comunicación; forman parte imprescindible de nuestra supervivencia.

Oir y escuchar, eso es lo que hacen. Ahí manda el cerebro, que interpreta todo lo que llega, de forma invisible pero física, al oído. A través del oido nos entra una cantidad de información que ha de ser seleccionada, clasificada, asimilada y archivada o descartada en el cerebro. Todo ello va haciendo que tengamos un sentido de la realidad supeditado, primero, del sujeto del que viene el sonido o información, y segundo de la habilidad de tu cerebro para hacer del material algo provechoso.

A veces soy toda oídos, pero vienen con mi boca, algo intermitente que suelo interceder en los tuyos sin que puedas remediarlo. A través de los sonidos tenemos la posibilidad de elevar nuestro sentir al mayor de los placeres, con la música, el sonido de la naturaleza; o también a casi la locura y perder los nervios o incluso, salvar la vida.

Los oídos son algo físico que se mueve en un mundo de ondas electromagnéticas rodando y dando vueltas al planeta perdiendo capacidad de recepción. ¿O no?, pues ¿cómo sabemos que esos sonidos no llegan a nuestros oídos imperceptiblemente y van a un lugar de nuestro cerebro que no podemos manejar, para su administración?.

¡Quisiera cerrarlos!. A los sonidos estridentes, a las frases escupidas, a palabras gratis. Ruidos que obstaculizan la percepción de lo bello. Es imposible cerrarlos. Y ni dormida puedo, escucho en sueños lo que pienso, ¿acaso el oído está en el cerebro?

¡Puedo cerrar tus oídos!, eso sí que puedo hacerlo. Intentaré hacer todo lo que esté en mis manos para hacer llegar a otros oídos lo mejor de mí, eso sí que puedo dominarlo, puedo abrir o cerrar a mi antojo lo que llega a tus oídos. Claro que nunca sabré si lo quieres escuchar.

Intentemos hacernos oir lo mejor de nosotros, hacer sonidos que realmente valgan la pena ser escuchados, pues están siempre abiertos, generosos a la comunicación.

Trozos de mí. “El corazón”

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Pom, pom. Pom, pom.

Entre mis pechos, ahí, metido en el cascarón de las costillas, anda un órgano que late para poner en movimiento todo mi ser; llevando sangre y oxígeno, color y luz a mis sentidos.

El corazón está directamente relacionado con mis ojos, o mejor dicho, con mis lágrimas. Debe ser algo cultural, educacional, alegórico; una de esas cosas maravillosas e intrínsecas al ser humano, la de localizar las emociones en el cuerpo en conexión a un alma falto de ciencia, que quizás sea más un coctel químico en el cerebro. A veces puedo confundir su localización, pues en las lágrimas resbala, saliéndoseme el pecho en este estado líquido.

El corazón está directamente relacionado con mi impulso vital. Late según necesito. Si quiero correr, se acelera conmigo para impulsar las piernas a la velocidad y a la resistencia. Si quiero olvidarme, se hace tan silencioso y tranquilo, pausado casi dormido. Se hace tan grande, se infla que se me alza el pecho con orgullo, otras se me encoge de pena cayéndoseme al estómago. Se entusiasma conmigo, es empático con otros latires ubicado en otros costillares. Se recubre de sentimientos y emociones que busca motivos o cambian la dirección y sentido de vida.

Anoche quise pedir, en oración, un deseo, un querer intenso, de esos que recuerdan a antiguos rezos y clemencias a Dios; el cual ya no encuentro en mi concepción, por lo que, cuando se me resbalaba éste en lágrimas, solo podía seguir llorando al latir acelerado del corazón, al desahogo de una mezcla química que no escucha lamentos ni oraciones, un sentirse unido en fuerte latir a otro corazón que también llora, pide, desea, ora y quiere intensamente, en el desahogo de un sentir que busca motivos para vivir.

El corazón está directamente relacionado con el sentir del amor, pues yo siento cómo me late durante todos los días de mi vida, no sé si es que mi corazón me ama o es el que me hace poder amar.

Pom, pom. Pom, pom.

Trozos de mí. “El cerebro”

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No sabía yo que le tenía tan poco respeto.

Pues ha sido siempre valorado por opiniones externas, juicios, prejuicios, críticas y comparaciones.
Neuronas adiestradas en disciplinas, roles, comportamientos aprendidos, con sexo femenino y gran cantidad de información inútil; culpa, miedos, incluso sumisas a la jerarquía del más fuerte.

En unos más de veinte años de adiestramiento, en su mayoría casi inconsciente de ello y como todos, estuve dedicada a administrar de información, adiestrar las neuronas a una serie de comportamientos, emocionales, sociales, protocolos, morales; así como a organizar mis neuronas en un programa adecuado para la buena comunicación con mis semejantes.
Claro que, eso sí, en base a una sociedad con miedos, tantos, como para restringir mis capacidades. Éstos miedos dirigidos por mi aspecto físico, límites en libertades de expresión artísticas o dialécticas o de comportamiento; miedos heredados de generación en generación, así también lo que genéticamente debes ser ya que eres igual a otros tantos que hicieron de una forma de la que tú debes seguir o no seguir rotundamente.

Mi cerebro.

Está compuesto de neuronas. Éstas, están a la espera de ser adiestradas por todo el exterior, por aquellas que ya saben cómo y qué es mejor para ellas. Llegado el momento, uno comienza a querer llegar a otros lugares donde te digeron que no podrías llegar, entonces, pienso: “no puedo”, no tengo cerebro.

Mi cerebro es infravalorado por mí misma y las neuronas que guardaban la ilusión de un regalo que nunca les llega, pierden toda esperanza. Esta sensación me llega cuando creo que soy mayor, que debo haber llegado a la madurez que se considera capaz de recoger los frutos de un buen trabajo. Pero no, falla, me fallo, no me dí cuenta de la gran falta de respeto que estaba teniendo hacia mis capacidades. Por supuesto que estoy en lo que se puede considerar a mitad de camino del fin de mis días, si todo va bien, pero me niego en rotundo a faltar a la cita de cuidar mi cerebro en todo su poder desconocido.

Consciencia de mi cerebro.

Eso es lo que quiero tener, no estoy en disposición de sentarme y quedarme a esperar lo que me venga, pienso ir a buscar más, quiero más.

Perdón a mi cerebro.

Espero que no vuelva a ocurrir, era tan ignorante de mi ignorania… espero remediarlo.

Trozos de mí. “El estómago”

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Hace ya un año que no siento mi estómago.
Un año que no cocino para él.
Lo localizo por funciones sensoriales relacionadas a las emociones.

Lo echo de menos.
Él me echa de menos.
Había una relación directa entre mi cerebro, mis emociones, sentidos y estómago.
Sabores, tiempo de mesa.
Calor de cocina, mezcla alquímica de alimentos. Chup, chup, mover, remover, cortar, sofreir.

Mi estómago está en la soledad del abandono, algo así como el olvido.
Lo localizo por el dolor del vacío.
Vacío en el olvido, olvidado en el vacío o vacío olvidado, no lo sé.

Si sé, que me falta algo, cuando busco y no encuentro lo que me llenaba esa relación con él.
Es un trozo de mí, que algunas veces fui, que hoy, recordé que tenía y lo echo de menos.

A veces también fui estómago.

Mi cuerpo. “Rodilla y mano”

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Mi cuerpo. “Cara”

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