Inventando. “El beso borra la memoria en su umbral”

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La palabra desparece en boca del amante,
acercando sus labios a otros labios,
en el que tapa cualquier salida de aliento.

Aniquilando verbo a recuerdos y mente,
aquella que dijeron, la olvidaron sabios,
sin aire oxigenado, el silencio es alimento.

Es el hecho y el momento, villano mortal,
intimida a los poetas, músicos y musas,
umbrales de viajeros sin fija dirección.

La palabra pierde signo y contenido formal,
devorando y callando el beso la astucia,
mudo sustantivo que dio nombre a la acción.

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Diario no diario. “Viajar es de color sepia”

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Ruedo en recuerdos, a los sueños.
El lugar sin tiempo, sin gentío.
Umbral de pasados, de futuros.
Poco hay, y poco ansío.

Transito paisajes, sin olerlos.
Vástagos de ideas, maduran.
Dejando sombras, o reflejos.
Al sol alcanzo, si apuran.

Viaje de retorno, a lugar nunca ido.
Vuelo a la nada, y todo llevo.
Pintado en sepia, en silencio oído.
Hoy iré, mañana, voy y vuelvo.

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Inventando. “En el mar no hay puertas ni ventanas”

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Mientras salía por la ventana me di cuenta de que había dibujado un sendero en el muro exterior. Lo seguí confiada, ya que creí recordar haberlo hecho yo misma.

A medida que avanzaba el camino, algunos trazos, que aparecían borrosos al principio, fueron tomando forma y colores nítidos. Al final del sendero encontré una casa y otra ventana, me paré e investigué si había puerta de entrada, cuando de repente, ahí estabas tú, diciéndome adiós con un beso en la mano, y me vi a mí misma saliendo por la ventana y siguiendo el sendero dibujado.

Esperé a alejarme y te observé mientras me mirabas marchar. Entonces, cogiste una lata de pintura y cubriste el dibujo hasta blanquearlo por completo.

No supe hacia dónde ir. También me preocupaba si mi otro yo encontraría el camino bajo el recién blanqueado, así que, cuando hubo anochecido, terminé de cubrirlo todo, tanto ventanas y la puerta, y pinté un inmenso paisaje lleno de senderos, montes, caminos, bosques, ríos y horizontes, un mundo sin puertas ni ventanas.
Y me dibujé a mi misma, llegando al mar.

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Inventando. “Ser de agua a flote”

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Ser de agua se hizo antes de ahogar,
su pulso al aire estaba sometido,
pelo enredado en eco de caracolas,
sorda al bullicio no halla el  hogar.

Ser aletargado en superficie de cristal,
flotando respira de lo básico intuido,
pies que caminan al vaivén de las olas,
ni piel ni escamas aliviarán su mal.

Es aquella sirena que sabía volar,
con alas tatuadas de arena y de sal,
anestesiada en el líquido de la pasión,
su cuerpo quedó atrapado en el mar.

Mujer de agua se hizo para resistir,
arropada por el abrigo azul abisal,
bañado de reflejos de luz su corazón,
al ritmo de los ecos del alba revivir.

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Inventando. “En el umbral”

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En el umbral, a mitad, camino de, el durante, en lo no durable.

Permaneciendo, aguantando la respiración o inhalando todo el aséptico desconocido.

Transito en el espacio sin nombre, sin gobierno, donde no hay color y todo es posible.

A la velocidad de mis pies, el umbral es mi cuerpo, con un cartel de “He salido”.

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En el umbral todos los caminos son viables, pero ni entradas y salidas verás.

Es el reposo de un trayecto en el que encuentras rostros familiares en interjección.

No importa lo que cargues en las maletas, pues allí nada te servirás.

Mudo, sordo, sin máscaras neutras que cubran la incertidumbre en promoción.

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En el umbral, en el entre, la estación de espera, el mientras, en el no lugar.

Estando, encontrando lo que no se busca y haciendo que tienes un destino.

Recorro todos los rincones con el equipaje, donde no hay asientos donde reposar.

Al abrirse la puerta de “Salida”, el umbral será olvidado con la suavidad de un silbido.