Inventando. “Nómada de mí  o de cómo llegar a playa Tabuca”

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Salgo del envoltorio de mi cuerpo, ya inútil, como muerto. Me dirijo hacia la etérea imagen que es solo un presentimiento, como las líneas que veo en el papel en blanco antes de empezar a dibujar. Me siento como nómada de mi misma, de una yo a otra yo que espera a que la habite, con otros sueños, nuevos horizontes, otra forma de mirar.

Quizás vaya a playa Tabuca, el país que se parece mucho a este, pero que es absolutamente diferente.

Si quieres verme, tendrás que viajar en el atunero que sale antes del amanecer, o también soñando, cantando desafinado o en avión de papel.

Inventando. “¡Qué bonito es el amor! V”

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-Te quiero-.
-Y yo te quiero-.

-Yo más-.

-Nooo, yo más-.

-Yo… yo más-.

-Que te digo que yo más-.

-Yooo te quiero más-.

-Yo, más aún-.

-Pues yo, muchísimo más-.

-Que nooo, yo más-.

-Te quiero infinitamente más-.

-Más aún que eso, te quiero-.

-Yo, más-.

-Y yo te quiero más-.

-¿Sabes?-.

-Dime-.

-Echo de menos cuando nos queríamos sin más-.

Inventando. “¡Qué bonito es el amor! IV”

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-Recuerdo todo lo que te dije entonces-.

-…Yo, el olor de tu piel-.

-¿A qué olía?-.

-A piel, saliva, sudor, sexo… Y tú, ¿recuerdas qué me dijiste?-.

-“Te quiero… te quiero querer siempre”-.

-Han pasado ya quince años-.

-¿Te parecen muchos?-.

-¿Muchos?, ¿para olerte y quererte siempre?-.

-Quizás ahora sea ya ese siempre-.

-Y, ¿a qué huele?-.

-Diferente-.

Inventando. “¡Qué bonito es el amor! III”

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No se conocían, nada sabían el uno del otro, ni sus nombres se dijeron.

Se encontraron, se miraron, se tocaron y besaron.

-Fascinada-, pensaba ella.

-Obnubilado-, sentía él.

Cuánto amor…

Y cayeron en la inopia, fascinados, sordos, obnubilados y ciegos, …de todo lo que les circundaba, de todo lo que pudiera turbarlos.

Bastaron cinco minutos para la plenitud. El mundo era perfecto, redondo, sin sombras, sin noches y días, el siempre y la nada se unían en la intemporalidad de un amor tan puro que no cabía más que dejarse llevar, ser un solo ser. 

Bastó solo un instante para la decadencia, una chispa les despertó de la inopia, una voz exterior pronunció sus nombres.

Inventando. “¡Qué bonito es el amor! I”

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~

-La primera vez que te vi me enamoraste, eres la mujer con más pelo en la cara que yo-.

-A mí me enamoró tu cara limpia y despejada, tus piernas sin sombras, tus brazos y manos color de piel. No había conocido jamás a un hombre que tuviera menos pelo que yo-.

Cuando se desnudaban, se admiraban, se miraban, tocaban y enamoraban. Uno frente al otro, veían y amaban aquello que siempre anhelaron tener.

~

Inventando. “Inventando otra vida”

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~

Escribo para contarte
y no estallar en mil pedazos,
que inventé otro yo
que no vivo aquí,
que modelé un mundo,
que se parece un poco a ti.

Escribo para contarte
y no arder en mis entrañas,
acumulando el silencio
de pausas, de ausencias,
del liviano vacío
de lo que quedó de mi.

-¿Es un soplo la esencia de un vendaval?-.
-¿Es una semilla el árbol que ya no está?-.

Vivo en otra vida
y nadie es de carne
ni hechos de sangre.
Vida que es de palabra
con efímeros arcoiris,
con la casi luna nueva
y lo justo decorada.
Lo que he imaginado,
esto que aquí relato,
lo vuelvo del revés
para morir soñando
y renacer inventado.

~

Inventando. “Dueño de mis pensamientos”

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~

Busco al dueño de mis pensamientos,
que no soy yo,
pues, si nada hubiera en qué pensar,
por nadie y nada mi voz sonaría.

Busco el porqué para decir,
las unas,
palabras que son alegoría
y las otras,
las que escritas quedarían.

Busco al ser que hace eco
que, sin conocer rostro,
su nombre quisiera ver,
ya lo sé, que no soy yo,
si eres tú el resuello.

Busco cómo te hiciste dueño,
por saber si tiene un fin,
que siendo amo tú
y yo la poseída,
podría tener mi último día
de elegir mis pensamientos.

~

Inventando. “Formas del amor: Amor sin deseo”

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-Te amaré siempre-.

-Te amaré siempre-.

Para despedirse durmieron juntos por última vez, dio igual estar desnudos o no, en la casa donde convivieron durante años, en un banco en la estación, o tumbados en la arena de la playa observando el atardecer.

-¿Seremos amigos?-.

-Somos amigos, siempre lo fuimos-.

-A veces pasa-.

Y es el amor del deseo,
el de los amantes,
el que desgarra en la separación.
El que te hace balancear,
entre el amor y el odio,
en constante temor de perder.

-¿Cuándo ocurre el amor sin deseo?-.

Es el que no da miedo jamás,
ni a la soledad o el abandono,
es el que sale solo de ti, generoso,
sin esperar nada.
Es el que une sin amarrar
el que te libera
el que te hace formar parte,
del todo tú,
del todo yo.
Es la paz por compromiso,
a tu consciencia,
a tu confianza,
a la mía.

-¿Y si no hay amor?-.

-Tampoco habrá deseo-.

-¿Y si no hay deseo?-.

-El deseo es una cualidad del amor pero no está en toda forma de amor-.

Deseos pides a estrella fugaz,
a la casualidad del universo
o al destino planetario.
Deseos pides al amanecer,
al entrar en los sueños
o a lo que no puedes ver.
Deseos pides a tu cuerpo,
a tu hambre por conocer
o a cuerpo por pertenecer.

Es el deseo la arritmia
el animal sin domar
lo que gustaba contemplar
es el placer y la alquimia
buscando más
más, aún más.

-Pertenecer-.

-Ni siquiera tú te perteneces-.

-Solos. Solo queda la soledad-.

-Todos estamos solos, y todos formamos parte-.

-¿De qué sirve el deseo?-.

-Es una forma de amor-.

-Y ¿cuánto dura ese amor?-.

-Como todos. Siempre-.

-¿Cuánto es siempre?-.

Es siempre el hoy que vives
sin mañana que lo deje atrás
sin deseos incumplidos
tan dulce y amargo
tan intrínseco al nunca
o al jamás.
¿Qué más da cuánto dure
si en la noche dormirás
si nuevos deseos desearás
si no hay confianza o lealtad?

-¿Es el deseo temporal?-.

-Como la belleza quizás-.

Hay tantas formas del amor como formas de vivir, de sentir. Todas a la vez en un solo día o durante toda la vida. Incluido el nunca en el siempre, como la muerte pertenece a la vida. Vivirlo tal y como ocurre, con consciencia o con la salvaje y más pura intuición, ilógico o matemática razón.

-¿Y si funciona?-.

-¿Puede ser?-.

-A veces pasa-.

Diario no diario. “Al despertar”

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A veces, (no siempre lo consigo), escribir evita que se separen y divaguen sin rumbo las partes que me componen, como la atracción que ejerce el sol hacia los planetas, dando sentido y procurando el equilibrio, o quizás sea la única forma que tienen de comunicarse unas con otras. Dando sentido común y cuerpo que me defina.

“Aquí el corazón, aquí los riñones, pulmones…”. No sería tan fácil hacer esto con el cuerpo, pero no es que sea fácil tampoco con lo que no es tangible de nosotros.

El alma, la consciencia, memoria, las vivencias, el conocimiento… Solo el tiempo las puede medir y comprender, ubicarlas donde deben estar en cada momento. Si una parte se mueve, fuga o muere, las otras se verán afectadas y se recompondrían buscando otra armonía.

Y así es, escribir, pintar, seguir caminando, hablar, escuchar, fabricar algo o las cosas sencillas del día a día, todo puede servir para que esa galaxia vaya del caos al orden, del orden al caos, tomando la nueva forma que se nos desvela al despertar.

La mañana o el despertar, es como un sabor que no quisieras que acabara y que se desgastara al saborearlo todo el día.

~

Escribo mis cien sueños al amanecer
con tinta de palabra indefinida
miro la forma de luna renacida
que a Venus ahora fuera a mecer.

Como criatura que viene a la vida
con la sana curiosidad de descubrir
cuento estrellas que se van a ir
y retengo otras que el sol abriga.

~

Inventando. “Lo cierto que no sé”

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Cierto que hay un mañana
que la noche trae un sueño
y si del recuerdo es dueño
adiós diera a la amada.

Cierto que estuvimos ayer
que en la memoria consumo
el amor que inoportuno
beso hiciera envejecer.

Cierto es aquello que no sé
que presiento en la entraña
si de motivos es  extraña
la palabra muda fuera fe.

~

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