Diario no diario. “Al despertar”

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A veces, (no siempre lo consigo), escribir evita que se separen y divaguen sin rumbo las partes que me componen, como la atracción que ejerce el sol hacia los planetas, dando sentido y procurando el equilibrio, o quizás sea la única forma que tienen de comunicarse unas con otras. Dando sentido común y cuerpo que me defina.

“Aquí el corazón, aquí los riñones, pulmones…”. No sería tan fácil hacer esto con el cuerpo, pero no es que sea fácil tampoco con lo que no es tangible de nosotros.

El alma, la consciencia, memoria, las vivencias, el conocimiento… Solo el tiempo las puede medir y comprender, ubicarlas donde deben estar en cada momento. Si una parte se mueve, fuga o muere, las otras se verán afectadas y se recompondrían buscando otra armonía.

Y así es, escribir, pintar, seguir caminando, hablar, escuchar, fabricar algo o las cosas sencillas del día a día, todo puede servir para que esa galaxia vaya del caos al orden, del orden al caos, tomando la nueva forma que se nos desvela al despertar.

La mañana o el despertar, es como un sabor que no quisieras que acabara y que se desgastara al saborearlo todo el día.

~

Escribo mis cien sueños al amanecer
con tinta de palabra indefinida
miro la forma de luna renacida
que a Venus ahora fuera a mecer.

Como criatura que viene a la vida
con la sana curiosidad de descubrir
cuento estrellas que se van a ir
y retengo otras que el sol abriga.

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Inventando. “El breve despertar del día”

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El breve despertar del día es un instante, fugaz, contenedor de toda posibilidad. Ocurre después de los sueños. Si, de los sueños y no del sueño.

Tan rica amanezco que no sé qué más darte que a mí, mi vida de un día, este hoy que es siempre. Y si lo rechazaras, me lo quedaría para mí, mi vida de un día, este siempre que es hoy, un despertar después de los sueños.

Tan pobre amanezco que no sé qué más darte que a mí, mi vida de un día, este hoy que es siempre. Y si lo rechazaras, me lo quedaría para mí, mi vida de un día, este siempre que es hoy, un despertar después de los sueños.

El breve despertar del día es un instante, fugaz, contenedor de toda posibilidad. Ocurre después de los sueños. Si, de los sueños y no del sueño.

Inventando. “El primer día de mi vida”

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…este es, si, el primer día de mi vida…

…y desperté aún siendo de noche,

veo las estrellas a escondidas del sol,

mi almohada entre las piernas en derroche

de mil imágenes oníricas sin ton ni son.

~

…y este es el primer día de mi vida,

quiero hacer pompas de jabón,

mi labor espera en la mesa con envidia

de formas y líneas en ejecución.

~

…nada que esperar y todo por hacer,

siento el latir en las pupilas,

mi sin razón me hace renacer

de blanco e inocencia pintaré mis alas.

~

…y este es el primer día de mi vida,

deseo ir a descubrir otro lugar,

de mi dolor, la espalda está encargada

del pasado incierto y el presente por llegar.