Inventando. “El alma de un niño”

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¿Por qué está tan bien visto no perder el alma del niño que fuimos una vez?

¿Es, ser adulto, una opción cuando ser niño no lo fue?

¿Por qué envejecer sintiéndote joven es mejor que sentirse viejo?

¿Es quizás el alma humana un estado sin tiempo ni camino?

¿Es el cuerpo un cascarón del alma incorruptible que

a pesar se los avatares no ha de afectar a su interior?

¿Por qué el alma no se arruga, no se maquilla, se viste cada día diferente,

no se calza o se cubre bajo la lluvia?

¿Es el alma de un niño que acaba de conocer la caricia, el dolor,

el hambre o las pompas de jabón, mejor alma que la de quien sale

a que le moje la lluvia y se descalza para hundir los pies en la orilla del mar?

Alma de niño.

Alma de adolescente.

Alma de joven.

Alma de adulto.

Alma de mediana edad.

Alma de ser mayor.

Alma vieja.

¿No es quizás lo mismo sentir que el cuerpo y el alma son la misma cosa,

que cuerpo y alma conviven por una causa mayor que es vivir?

Lo que corrompe y oxida todo lo vivo en la naturaleza y lo transforma,

lo regenera y recicla en algo nuevo que renace,

me hace sentir que a veces, luchamos contra lo más intrínseco

de nuestra existencia, el ciclo más natural: VIVIR-CRECER-MORIR.

Envejecemos mirando hacia atrás, lo que fuimos y fue mejor que hoy,

esperando tener una nueva oportunidad de ser jóvenes,

cuando nuestro objetivo es seguir hasta oxidarnos.

Sea en pensamientos complejos, arrugados y corruptos por el espacio tiempo.

Sea en un cuerpo sin fuerzas que no puede contener un alma tan cansada.

Expresándome. “Quiero ser Mata Hari”

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De joven quisiera ser Mata Hari y de mayor también ella, Margaretha, la mujer del alma de fuego.

¡Reclamo a los dioses el poder generador de 1 hoy que dura 1 siempre.

Tú: ¿Te quedarás siempre?

Yo: Me quedaré hoy.

Los dioses: (Susurrando y riendo) Mañana no existe.

Inventando. “Poema a un alma sin fuego”

1 comentario

Tengo ampollas de recoger las ascuas de mi alma.
Soplo para mitigar el dolor.
El calor se hace mayor y brotan llamas en mis manos.
¡Duele!
No duele tanto como un alma sin fuego.