Diario no diario. “Manifiesto de libertad I”

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Estoy lejos de ser una buena amante o dedicada amiga, hermana o madre. Incluso estoy lejos de ser mujer.

Todas mis energías y herramientas están expuestas sobre una mesa de dibujo, donde he de fabricar mi sustento, abrigo y cobijo.

-Señora Woolf, me da igual ser mujer-

Mi asiento es una maleta repleta de cosas prestadas, y lo suficientemente amplia para acoplar mi cuerpo en la siesta.

Es el mundo de los sueños donde me libero del desapego y me uno a los que quiero. Convivo en familia, y mi cuarto es blanco con una claraboya que me muestra el inmenso azul, sin más muebles que una puerta. Construyo edificios de palabras y observo la mágica naturaleza, donde las hormigas vuelan, en perfecta fila, a través del desierto y lagos, transportando su alimento para el invierno. Donde las alas de mariposa no sirven más que para volar. Un lugar donde nos podemos tocar y reunir a comer sin los limites del espacio y el tiempo.

Estoy lejos de reposar sobre el pecho de la espuma de mar, de perderme en la mirada del íntimo o esquejar crasas para el jardín.

Tan lejos de poner sexo a mis manos, pies o a mi mente sin igual. Me he quitado el rímel, coloretes y el carmín, camino descalza y el pelo no se me enreda al viento.

Es vivir el sobrevivir, lo más cercano a ser un individuo.

Es sobrevivir el vivir, lo más lejano al individuo.

Quizás este desarraigo de mi propia anatomía es pura feminidad, y si así fuera, mejor, pues no habría de preocuparme si me soy fiel o no. De ser parte de un grupo o una comunidad que se define por la “a”.

Me paro a analizar cuando no pensaba sobre ello, y ahora que llevo días mirándome, -brindo por ti, señora Woolf- me di cuenta de que me olvidé que soy mujer.

Y sigo con lo que hacia: pintar, escribir, pasear, comer, lavar, dormir, correr, cocinar, remendar mis ropas, charlar y otras mil tareas que ocupan cada minuto de mis días. Y no me planteo no hacerlas si no fuera mujer. Y aún comprendiendo los diversos estados que nos hacen “no iguales”, sigo sin sentirme más o menos femenina.

Si soy mujer, pero no me lo planteo.

Eso debe ser algo arraigado en mis genes, en mi infancia y juventud, que heredé de la evolución social y trabajo, lucha y reivindicación que supuso a mis antepasados ser mujer y no poder sentirlo de una forma natural y en todo su esplendor, tanto como lo hace cualquier forma de vida.

Soy una mujer.
Un ser humano.
Un ser libre de ser.

– Enchanté y gracias por estos días en los que te leí, señora Woolf-

Mujer sin igual

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Inventando. “Una gran mujer”

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Conozco a una mujer tan grande que sus amantes se pierden en su piel. Necesita uno nuevo cada día, pero ninguno de ellos logra alcanzar satisfacer sus sentidos. Así de insondable es ella, que nunca llega a conocer hasta dónde puede sentir, y es también una frustración el no colmarla. Tan grande es, que no tiene más perspectiva que la suya, como una montaña, es inamovible, inmutable a lo que le viene, receptora incansable de exploradores y senderistas del deseo, ocupas ocasionales y peregrinos de amor, ermitaños que instalan un altar a la belleza inalcanzable en devoción.

Una montaña, expuesta a las inclemencias del tiempo, las estaciones, los años… Ejércitos y poblados se instalaron o pasaron por allí por períodos; se alimentaban, refugiaban, asolaban algunas zonas y en otras cultivaban. Lugares abandonados después.

Pero una montaña no es una mujer, y una mujer no es una montaña.

Es grandiosa, tanto, que comprendes la palabra “diosa”, y como tal, la veneras, le haces monumentos, escuchas y compartes las leyendas o hazañas, que se cuentan sobre ella… pero no la conoces, nunca se acerca nadie lo suficiente, más allá de su piel… sobretodo porque todos saben que es insaciable, profunda, impenetrable, incomprensible y misteriosa. Le cuentas tus cosas, te escucha en silencio, incluso es capaz de oírte sin hablar, como en los rezos, eso es, como cuando pides deseos.

Pero las diosas no existen y ella es mujer.

Quizás el mundo le quede pequeño, o puede que sea tan bella que su brillo hizo que nos alejáramos para verla de lejos, entornando los ojos, como cuando miras al sol. Puede que por esto parezcamos pequeños, por alejarnos.

Tiene los brazos tan grandes que es capaz de acunar a diez bebés al mismo tiempo. Cuando habla es como la banda sonora que acompaña a los días de lluvia. Si sale a pasear, se crean caminos nuevos al pisar. Cuando duerme se descubre el astro sol y cuando se despierta y levanta, lo oculta en eclipse diurno.

¿Será ella la causa del insomne, de las noches en vela, de los sueños eróticos, el objeto del deseo y la pasión inalcanzable del hombre?

Pero un sueño no es objeto y ella no es un sueño.

A veces es tan grande que nos abraza, envolviéndonos con una halo de paz y bienestar extrañamente familiar… maternal.

Eso es, no hay otra palabra, pues se trata de eso lo que intento expresar con un alfabeto y mi limitada expresividad, lo que significa, contiene y desprende en su forma, el hecho de ser …

…MADRE

Diario no diario. “Dibujando mujeres”

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Cuando dibujo, sobretodo dibujo mujeres. Pero no dibujo a personas concretas, ni mujeres amigas, ni familia, ni del trabajo, ni desconocidas.

Paseo, viajo en bus, tren, metro… observo, retengo rostros, gestos.
Me gusta sentarme cerca de grupos de mujeres que toman café o refrescos en un bar y escuchar de qué hablan, cómo se mueven y cómo se dirigen unas a otras.
Paseando, echo vistazos, intento oler su perfume y observo su movimiento, cómo se visten y si van solas, cómo se comportan y caminan, y cómo lo hacen cuando van en grupo o pareja.

No cojo apuntes, solo observo, escucho, retengo.

Cuando dibujo, no pienso en esas mujeres. Busco en lo que he retenido, busco las formas que han quedado en mis sentidos. Tomo de referencia lo que soy y qué se refleja en ellas de mí misma, o de ellas en mí.

Quiero representar lo que compartimos en lo más esencial, en rasgos sexuales, femeninos, anatómicos.

Lo que soy, cómo me comporto y lo que hago con mi feminidad, por ser mujer.

No hay rostros, ahora, no hay lo que haces, ahora.

Dibujo tu sexo sin tí.

A ver, a ver qué sale, te lo enseñaré:

Inventando “Soy Gloria, femenino singular”

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Soy Gloria, femenino singular.

Me hacía mucha gracia hacer los análisis en clase de lengua, cuando iba al cole. Era fácil. Pero lo que más gracia me hacía era eso de “La; artículo femenino singular”, lo de “singular”, me gustaba porque en mi cabeza resonaba una risilla al interpretarlo como algo “particular, especial, raro, osea, singular”.

Sigue resonando una risilla en mi cabeza, cuando me presento a alguien, y yo digo: “hola soy Gloria”, cuando lo que me gustaría decir es “hola soy Gloria, femenino singular”. Algo que me hace gracia y me reafirma en mi “singularidad”, por ser particular, especial o rara y extraordinaria (ya que es lo que he terminado siendo, después de que me lo repitieran en tantas ocasiones); como una tarjeta de presentación que marcaría mi relación o la percepción sobre mí a la otra persona.

En resumen, lo primero que soy, a primera vista. Que todo el mundo omite u obvia, ya que lo consideramos casi una falta de respeto como “igual”, que alguien te mire las tetas antes que a los ojos.

Yo diría esto: “Hola soy Gloria, soy mujer. Tengo órgano sexual femenino. Mi condición, varía en estados cíclicos reproductivos, posible estado gestacional y de amamantamiento.”

Muchos pensarían que sería una falta de respeto a mi intelecto, a mi profesión, a mi posición social, al concepto cultural elaborado durante el último siglo… pero, yo os digo que, en un tanto por ciento muy alto, la gente que me encuentro y con la que me cruzo, tiene una percepción de mí básica como esta:

“Una mujer”

Y es lo que soy. Recuerdo:

Mujer: Ser humano con órgano sexual femenino, que por su condición física está condicionada a ciclos de ovulación, tiene la capacidad de gestar, parir y amamantar… y en fin, ya conocemos el resto, la otra parte que nos define, es intrínseco al ser humano ¿no?.

Bien, pensé por un momento que alguien pensaba que presentándome de esta forma, obviaba ser más que sexo femenino.

Mi cuerpo. “Rodilla y mano”

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Mi cuerpo. “Cara”

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Mi cuerpo. “Piernas”

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Porque me descubro cuando te miro, me acepto porque te acepto. No me había parado a mirarme. Así comienzo esta serie, que iré colgando, en trozos.
“A veces soy solo un trozo de mí.”