Inventando. “Oda a la soledad”

Deja un comentario

Hizo falta solo un día en tu vida, uno en el que nadie dijo adiós, en el que todos marcharon menos yo y la preciosa mañana que es hoy. Solo uno bastó para que comprendieras que la soledad es compañera de la que tampoco has de depender pues, aliada de la libertad, da lógica y sentido a tu existir singular.

~

Oda que canta sirena
al sol que filtra la mar
gritos de la enamorada
dibujados en la arena
fe onírica ante el altar
en vano rezo implicada.
Retórica es esta vigilia
torpe gana de libertad
aire gastado que inhalo
dando pasos sin liturgia
mueren ciclos sin edad
suspiros de vida exhalo.
Enamorada del reflejo
que amor enmudeciera
a locos atrae a mi lado
estupor de arte en enojo
que el día ennegreciera
los colores de mi mano.
Obnubilada memoria
la invasión sensorial
sin ejércitos a batalla
corro sin escapatoria
asida al brazo bestial
victoria de tal canalla.

~

Diario no diario. “El espejo”

Deja un comentario

Mi padre siempre decía: “Los hijos son como de barro y se pueden modelar”. (Algo así).

No es que sea algo que se destaque de una manera particular en estos momentos de mi vida, es evidente que desde que nacemos somos susceptibles en carácter y personalidad, al entorno. Pero, en los últimos tiempos, en los que ya soy bastante más que adulta y vivo esa edad en la que comienzo a plantearme qué, quién, cómo soy y a dónde me lleva esto que hago, (-Perdón, quiero cambiar de profesión, ¿se puede?-), he llegado a un punto en el que es inevitable observar a los demás con más atención y analizar el porqué soy más feliz o infeliz, más o menos adulta o madura que otras personas. También observo cómo gestionamos, las parejas, familias o conocidos, las relaciones, cómo se sienten y qué nivel de satisfacción personal tienen, tenemos, en referencia al entorno laboral, amistoso y familiar.

-No conozco muchas personas felices, casi todos se sienten solos, aún cuando no lo están, porque no quieren estar ahí-.

-¿Yo?-.

-No, tú me tienes a mí, y sé que te gusta estar aquí-.

-A veces si y otras no tanto, pero hay tiempo en el día para todo-.

Relacionándome con las mismas personas y conociendo nuevas, cambiando de residencia, países y ciudades, observo que, lo realmente importante, es el entorno, a lo que defino como “el espejo”.

Aquello de lo que nos rodeamos y llena nuestros días, tanto las cosas en casa, las personas que elegimos para convivir, los amigos con los que compartimos penas o alegrías, los lugares a donde vamos a comprar o comer, el paisaje tanto urbano como natural al que nos acercamos o visitamos y hasta el clima o lo que nos alimenta diariamente.

-Si la persona que me vende los tomates me cae bien, yo seguiré comprando allí-.

-Pues el otro día entramos en otra frutería-.

-Es que también me gusta esa otra-.

Lo que vemos y a quien miramos, es un reflejo de nuestra existencia. La imagen que nos devuelve este espejo es la referencia de nuestro aspecto físico, es la que ven los otros. (Me horroriza saber o pensar esto).
Somos muy críticos con los demás, es fácil, y es más, podemos ver con claridad soluciones desde fuera, cuando después sea muy difícil aplicarnos el cuento. Si de algo nos sirve, lo que vemos y cómo lo hacen otros, es para poder cambiar la propia actitud y darnos cuenta de lo que no nos gusta de lo que hacemos y pensamos, sean valores, comportamientos o incluso, el aspecto y el lenguaje que empleamos.

Si me encuentro delante de ti, inmediatamente aceptaré que tus gestos u opiniones son un reflejo de mí. Por esto, intentamos por todos los medios debatir y discutir hasta confirmar las diferencias entre ambos, a las malas, hasta buscaremos documentos que lo verifiquen. Otras veces ocurre esa simpatía que reafirma el qué y el cómo pensamos, que somos parecidos, ahí, nos sentimos cómodos y provocamos nuevos momentos de estar con esta persona, en ese lugar. Otras veces, nos atrae lo desconocido, aquello que nada tiene que ver, pero que en realidad si, pues es tu curiosa esencia de probar y ser un yo diferente.

-No sé-.

-Deja que siga pensando-.

Buscamos lo que hable de nosotros, símbolos que se acerquen al bestiario mental, del concepto que más se acerca a definirnos, o al menos, a lo que pretendemos llegar a ser.
Es muy importante el hogar, trabajo, amistades y gente que conforme nuestra vida, tanto emocional como activa.
Como semillas en un terreno apropiado, con los elementos y nutrientes que colaborarán, en su justa medida, a hacernos crecer en condiciones favorables. Sacando lo mejor de nosotros. Pues ese es el fin, ser mejores seres humanos.

En ocasiones la lucha por ser y hacer, se convierte en una guerra que puede llegar a los limites de las fuerzas, de lo impensable o sobrehumano, ese nomadismo que nos impulsa a ir allá donde podemos ser, estar y vivir, pudiendo experimentar, en su plenitud, lo que creemos tener escrito en nuestro destino que debemos hacer… ser.

En un documental que vi hace unos años, sobre cómo se desarrolla el cerebro de un niño, “The baby human”, decía algo así: “…los niños se comportan como científicos en un laboratorio, experimentan, prueban…”

Creo que somos siempre así, no solo en la infancia, seguimos siendo científicos, probando, mezclando, creando complejas fórmulas y alquimias en las relaciones, poniéndonos al límite.

Si, soy adulta y lo que más deseo es ser madura, un adulto que cada día sea más sabio, más compenetrado con la naturaleza y mi propia existencia. Sigo sintiéndome lejos de ser una mujer al uso, me refiero a los estereotipos, no a lo más intrínseco, tengo fisionomía y sexo femenino, (aún mis ciclos me lo recuerdan), pero con respecto a mi comportamiento sexual ante un varón nunca ha sido muy normal. No me he matado por buscar una pareja, ni un novio, (éste no lo he tenido jamás tal y como se entiende). No he sido madre, aunque lo intenté con un par de compañeros más o menos estables, pero el sentido de la paternidad no estaba muy desarrollado en ellos, por lo que, aunque estuviera entre mis prioridades, el hecho es, que si hoy en día no soy madre, es porque no era tan primordial. En fin, ya no lo seré nunca (aunque el “siempre” se enamore del “nunca”, en la teoría circular).

Hay muchas cosas que ya no seré y puedo apostar por muchos lugares a los que no iré, así como personas a las que no volveré a encontrar jamás.

Soy una persona y es suficiente, y me la pela que nadie quiera (o haya querido) procrear conmigo, esto solo me hace sentir algo de soledad (superado el tema de mi instinto más animal), sobretodo mirando hacia el futuro (que ya es presente, es curioso cómo se acercan estos presente-futuro, a cierta edad). Es como si a pesar de la cantidad de seres humanos que coexistimos, me fuera a quedar más sola que la una, por no tener descendencia o compañero vital.

¿Cómo es posible (pienso mucho en ello), que de tantos cientos de millones de personas que hay en el mundo, una persona deba estar sola y sentir soledad?

…espejos…

-¿Sabes?, me compré un espejo, alto como yo, lo he colocado frente a la entrada, para ver mi reflejo, para saberme acompañada. Puedo tener una mascota, aunque esquejar y hacer mini jardines es muy buena compañía también-.

-¿No te da miedo ver tu reflejo completo al entrar en la casa?-.

-Es al fin y al cabo el reflejo de un ser humano. ¿Sabes?, otra de las certezas que tengo es que no podré ser nunca feliz-.

-Todos tienen derecho a ser felices-.

-Si, lo sé, hasta el ser más cabrón de los cabrones-.

Y es a causa de este “espejo” exterior, el de la realidad del presente, lo que ocurre, hacen otros, lo que veo y oigo cada día. Estas personas con las que interactúo directa o indirectamente, son el referente de mi, como la imagen que refleja el espejo. Eso me horroriza.

-Por esto me he comprado uno, para poder seguir identificando esa cierta esencia que es solo “de mi a mi”, lo que hago, digo, hice y pienso, es lo que hay, busco comprenderlo en mi propia existencia-.

-¿No puedes ser feliz?-.

-¿A caso tú si?-.

-A veces, a ratos-.

– Lo mismo yo-.

-No puedo desvincularme de lo que soy ante el reflejo del mundo, tan difícil, tan doloroso, cruel, iracundo, envidioso, deshonesto, torturador,… pero después me presento ante el espejo, me miro y solo estoy yo, depende solo de mí, mi ser, pero el mundo no depende de mí. Pasa lo mismo cuando miro las nubes pasar o me ensimismo en el vaivén de las olas del mar, esto no depende de mí, está y es, a pesar se mi existencia-.

– Resta hacer lo mejor que se pueda con lo que tenemos al alcance-.

-El cincuenta por ciento de cómo vivimos, padecemos o disfrutamos la vida depende de cómo nos tomamos las cosas que nos ocurren (lo leí una vez por ahí). Aquí el carácter, juega un papel crucial, y depende de muchos factores durante el desarrollo, pero la columna vertebral de muestra personalidad se puede cambiar, la actitud será el motor-.

-Si, estoy de acuerdo-.

-Sonrío a pesar del sufrimiento del mundo, también lo lloro, pero no puedo hacerlo eternamente, ya que ante mi espejo, solo estoy yo-.

-Te refieres a que estamos hechos todos de lo mismo y que estamos vinculados de alguna manera, que por esto lloras o ríes a veces sin saber por qué, como si una parte del mundo existiera a la vez en ti-.

-No sé, puede que no todos tengamos los mismos ingredientes, unas lentejas no se hacen con lo mismo que una paella-.

-¿Me comparas con una legumbre?-.

-Bueno, a veces se me hace difícil pensar que estoy ante una persona hecha de lo mismo que yo y sea tan diferente a la vez… A la lenteja creo que le da un poco igual lo que le ocurra a un tomate.  Solo que para comprender mejor el porqué hacemos lo que hacemos, me pongo en situaciones diversas, ¿comprendes?-.

-Más o menos,. Puede que no te comprenda del todo. ¿Sabes?, tú no estás sola, estoy yo-.

-Si, lo sé-.

(Apago la luz, ya no hay reflejo ninguno en el espejo.
Silencio. Ya callas.
Me guío con las manos hasta tocar el pomo del dormitorio, me desnudo a oscuras y me meto en la cama. Ahí también estoy solo yo. Me quedan los sueños. No siento soledad, ¿cómo podría?, todo está en mi esencia, yo soy y contengo, lo mismo que tú, lo único que nos diferencia es el qué y como hacemos, más aún cuando estoy frente a ti).

-A veces me asusto de mi propio reflejo, sobretodo cuando pienso que, éste, depende de mí-.

Inventando. “Cartel de completo”

Deja un comentario

~

Vuelta a estar sentada en el puerto,
visitaré las maravillas de aquel lugar,
vivir la gente y la sombra de lo cierto,
disfrutar la noche en un bonito bar.

En vela por un café en hora de copa,
camino a la estación de los posibles,
un bocado de vidas ajenas me colma,
en carretera de esperanzas tangibles.

Despierto con el sol despuntando,
llueve en la ciudad desconocida,
deambula la rutina y habito buscando,
me doy un día de pasar desapercibida.

Vuelta a estar sentada en aquel banco,
pertenecer deseo y mientras aboceto,
cae la noche y dormir quiero en blanco,
cuelga en ventanas el cartel de completo.

~

Diario no diario. “Angolo vuoto”

Deja un comentario

C’è un vuoto in me

non d’una mancanza,

ma d’una partenza

d’un amore per se.

~

Solitudine nell’angolo

resta di quel, l’ombrata,

che fugge all’innamorata

d’un amore per me.

~

C’è un vuoto in me

di parole, di tenerezza,

compagna e pazienza

dell’indole d’un re.

angolo vuoto

Inventando. “Al poeta ya nadie le regala flores”

Deja un comentario

Maldito estaba el poeta preso de verbos y metáforas,

discapacitado vital, en un mar de emociones áridas de entidad.

~

El poeta no despertaba amor,

ilusiones,

ensoñaciones,

deseo.

El poeta no engendró hijos,

ideas,

visiones,

proyectos.

El poeta no construyó,

puentes,

hogares,

caminos.

El poeta no recibió flores,

promesas,

honores,

versos.

~

Maldito estaba el poeta esclavo de rimas y consonancias,

en un mundo ilusorio, donde repartía metáforas yermas de realidad.

Inventando. “Oda a la soledad”

Deja un comentario

¿Dónde están las caricias que no dimos?

Se transforman en agujas de hielo que punzan la espina dorsal.

¿Dónde se dirigen las miradas cuando no hay nadie más?

Transitan el horizonte donde se ensimisma la libertad.

¿Dónde suenan las palabras que se omitieron?

Repudian la claridad y mudan a áureas caracolas a resonar.

¿Dónde van a parar los besos que no convergieron?

Forman dunas y crean desiertos de ilusoria realidad.

¿Dónde se queda el tiempo que no dedicamos?

Se convierte en lo ajeno que crea lo abismal.

¿Dónde se ausentan los abrazos que no se cruzaron?

En la letanía de la súplica del verbo amar.

¿Dónde habita la soledad?

En la ciega vaguada rastreando el vínculo original.

Inventando. “The fool on the hill”

Deja un comentario

On the hill

Dejaría todo atrás, confiando en la nada.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar una señal,

descalzo y desnudo, sin camino ni manada,

mataría para sobrevivir, sin ningún interés de bien o mal.

~

Dejaría todo atrás, confiando en un amanecer.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar su destino,

ni años, ni instantes podrían hacerlo envejecer,

endurecería su piel, al frío y al calor, dejándose devorar el intestino.

~

Dejaría todo atrás, confiando en la desolación.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar lo extraordinario,

un impulso, un suspiro, sin pasado ni expectación,

amaría para no morir, sin hambre de calendario.

~

Dejaría todo atrás, confiando en la pausa.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar lo no vivido,

atisbando sonidos y letras en inglés de andar por casa,

bajaría sin lamento, sin rencor al abrir los ojos y elegir un camino.

Diario no diario. “Viviendo o conviviendo”

Deja un comentario

La convivencia en sociedad, grupo, familia, pareja, empresa, comunidad, asociación, matrimonio, tribu o comuna.

Es muy difícil concebir otra forma de vivir o convivir liberándonos de los conceptos ya creados y experimentados por otros.

A unos les fue bien creando un entorno familiar: matrimonio, hijos, tíos, abuelos, primos, sobrinos y cuñados; y los podemos coger de referencia si les fue bien así.

Otros viven en pareja, puede ser: madre, padre e hijo o hija, amigos o amigas, amantes, hermanos, colegas, socios o inquilinos que condividen gastos comunes.

Y los hay que viven solos, no conviven en su intimidad con otro humano, pero si la comparten fuera o a retazos, por tiempos que se abren y cierran según les convenga.

Es difícil aceptar una forma de vida que se salga de lo que hemos estado mamando, de la sociedad en la que hemos sido criados, educados y tomado de referencia para ser felices o, como mínimo, aprovechar mejor lo bueno de la vida. Y a veces uno siente que es mejor persona cuando vive solo, pero lucha con un concepto de vida implantado en su estructura social que le impulsa a tenerlo a pesar de sí mismo.

¿Quieres vivir solo?, ¡vive!

¿Quieres convivir?, ¡convive!

No sentirse frustrado por no conseguir ser feliz en compañía o por no poder crear una familia o tener una pareja estable, no es un problema mental, no es una enfermedad; pero si que nos sentimos así, incluso nos mengua la inteligencia y capacidades, nuestras cualidades se ven deterioradas por la influencia de otro ser del que dependemos o que depende de nosotros; que nos domina, maltrata, castra o frustra.

Puede funcionar, dependerá de muchos condicionantes como la economía, los complejos, los fracasos personales, la impotencia y la libertad de cada ser, éstos se presentan en la realidad diaria y se hace difícil combatirlos.

Si conviviéramos en una tribu de menos de cien individuos puede que fuera más difícil plantearse las cosas de forma diferente, pues la forma de vida es similar para todo el grupo, todos tienen un fin y objetivos comunes muy claros y básicos; que pueden ser parecidos a los nuestros, sí en lo básico, como que todos tengan para comer cada día, disfrutar de tiempo de ocio y placer, cada día, dormir bajo techo, cada día, así como perpetuar la especie y protegerla de las inclemencias naturales.

Pero, en la sociedad urbana, en la ciudad, en el mundo que nos acribilla con la publicidad, estilos de vida dirigidos al consumismo, a la apariencia, al estar apetecibles sexualmente, al ser mejor que otros y trepar a lo más alto profesionalmente… son elementos adicionales que van más allá de lo básico.

Queremos más, vivir más fácil, cómodos, disfrutar del placer de los sentidos, de la cultura, la belleza, el ocio; alejarnos del trabajo duro, de las responsabilidades, de la procreación o perpetuar la especie; queremos mantenernos jóvenes y guapos, sanos, a costa de todo. Nos medicamos, nos vitaminamos, nos drogamos y machacamos en el gimnasio y conseguimos la materia prima para lograr mantener un estatus social.

¿Quieres vivir solo?, ¡vive!

¿Quieres convivir?, ¡convive!

No te sientas mal por experimentar que no funciona tu relación, pues viviendo en la sociedad que vivimos estar solo en también sociedad, formas parte como ciudadano que trabaja, fabrica y consume. Hemos fabricado una vida de individuos que engloban en sí mismo el concepto de lo que somos.

Ya no tenemos que construir un buen nido, cómodo y seguro, para atraer a una pareja para procrear.

¿Quieres vivir solo?, ¡vive!

¿Quieres convivir?, ¡convive!

¡Cambia!

¡Vive y rodéate de lo que te gusta!

¡No sufras por no querer compartir!

¡Coge lo que te sirva para estar bien y ser feliz!

¡Elige!

¡Sé valiente!

Diario no diario. “Quiero vivir”

Deja un comentario

No quiero ser espectadora. Quiero vivir.
Quiero ser espectadora de lo vivido por ti y por mí.

Pintando ensimismada, nadie alrededor.
Sin más que mi voz como en una escafandra.
Creando una realidad pintada, dibujando una linea que forma el total de algo que promete ser.

Llamadas de teléfono, conexiones a redes sociales, mensajes al móvil; pensamientos que dedico a mis seres preferidos en el día a día.

Cuando te encuentro, nos tocamos, miramos, hablamos.
Me voy, te vas, volvemos a encontrarnos, tocarnos, mirarnos… hablar.

Tomo forma junto a ti, mi cuerpo se curva, se retuerce, acomodándose en el dormir, nuestras piernas, buscando calentar los pies. Tumbada en la hierba, bajo el sol, juntamos las cabezas para pensar al unísono, sentir el calor del sol bajo los párpados y acariciar la tierra húmeda, sin más.

Te canto al teléfono, pequeña mía, Erika.
Te escucho reír, Samuel, mientras hablo con Erika, y tú, no lo sabes.
Estás pendiente de mí, amor, me llamas y preguntas ¿qué tal vas?, y yo te pregunto y aprovecho para reír. Después sigo pintando, sonriendo.
A veces, hablo contigo, mamá, mientras dibujo.
Alicia, me haces dejar el lápiz un rato, como si estuviéramos cerquita y hablamos.
Me reconforta, en la soledad, mi voz en la escafandra, tu mensaje, tu voz al teléfono, las palabras que puedo escribir pensando en ti.

Sueño durante toda la noche, lleno de gente, de vivencias, que me hacen sentir que viví, y así es el día, en el que recuerdo una vida virtual que llena mi pensamiento de recuerdos fabricados de estímulos del pasado.

“Expectadora”, no existe; espectadora soy en la expectación. Vida que se prepara, bajo la sombra de la lluvia, a escampar y amanecer del sol.

Queriendo vivir, vivo, que es una acción, y me siento expectante del vivir en presente realidad, no ser el ayer que viví, del que se alimentan mis líneas de grafito, que serán mañana vida y me harán espectador. Y, si ser espectador de lo que viví es la acción de mí, ensimismada me quedo hoy, expectante del vivir.

Yo: Vida, ¡espera!, no esperes, que estoy viviendo vivir.
Vida: No espero, estoy.
Memoria: Lo recordaré.
Yo: ¿Recuerdas?
Memoria: Si, recuerdo, con detalle.
Yo: ¿Es el recuerdo el espectador de mi vivir?
Memoria: Soy quien recuerda.
Yo: Entonces fuiste espectador.
Memoria: Mi memoria lo es hoy, ayer fui vida.
Vida: ¡Vive!, no esperes.

Diario no diario. “No estoy, no soy”

2 comentarios

Apenas he comenzado a caminar sola, en tierras áridas de mí. Nadie me conoce, a nadie conozco. Tengo tantas ganas de querer, mirar, acariciar, hablar, sonreir, no hablar, observar o caminar… que al no vivirlo, me doy cuenta de que no estoy.
No estoy en el paseo, en las vías del tren, en el bus, en el ascensor, en las conversaciones, entre los cincuenta centímetros de otros; entonces, me doy cuenta de que si no estoy, no soy.

No pertenezco a ningún lugar, a nadie, aunque no quiera pertenecer a nadie, si quiero sentir que soy parte de algo y de otros alguien.

No es más que estar sola. Eso es. Y claro que me cuesta más pintar, moverme, comenzar el día. Me siento estúpidamente feliz cuando sonrío. Me alimento de la propina, de una mirada, de una llamada, un toque o una intención, que parece más un regalo del día de tu cumpleaños, que realmente ganas de mí. De disfrutarme, lo que sea, aunque sea un rato de mirar a la nada, de hablar de nada, de no beber o comer nada, de no hacer absolutamente nada.

Incluso, si me das la nada, ya estoy, ya soy, pues seré nada.

Estoy bien, no soy feliz, ¿quién lo sería?, pero hoy dormiré soñando en mañana, en poder buscar otras miradas que se atrapen por mi sonrisa, que quieran mi tiempo, mi aire o mi dibujo.

No estoy aquí, pero no recuerdo cuándo me fui.

Aún así, si estoy, si soy. Será inventado, pero por eso sigo aquí.