Realidades inesperadas

Una realidad que no se espera, que no se expecta, ni se intuye, ni presiente; que no se planea, no se ve venir, no tiene nombre, rostro ni forma predefinida.

Exclamación.
Sorpresa.
Asombro.
Regalo.
Oportunidad.
Suerte.
Descubrimiento.

Porque me paré a pensar y me pregunté, por ello me percaté de lo inesperado. Ni siquiera me latió más fuerte el corazón. Fue como una parada, un instante de respirar y contemplar, fue cuando tú me dijiste, Tú: “no esperaba que fuera así”, entonces yo pensé, observé, miré hacia atrás y volví a mirar a mi alrededor y dije, Yo: “no tenía expectativas”.

Yo: ¿Cuánto duró?
Tú: ¡Vamos!

Por un instante lo pensamos, pero no quisiera pensarlo más, quiero que siga siendo inesperado, pues observarlo durante más tiempo sería como planearlo.

Yo: ¿Planeamos?
Tú: ¿Qué?
Yo: Lo inesperado.
Tú: ¿Qué cambiaría?
Yo: Elegir, seleccionar lo mejor y elaborar lo esperado.
Tú: Tendríamos que esperar.
Yo: ¿Es lo inesperado lo que se espera vivir?
Tú: ¿Es esperar, querer vivir lo inesperado?

Lo inesperado es el azar de lo planeado, es la exclamación de la carcajada espontánea, la sorpresa en la alquimia, lo asombroso de la mezcla de sabores, regalar el reposo a lo planificado, una oportunidad de seguir otro camino, la suerte de no tenerlo todo bajo control y descubrir que lo inesperado puede ser esperado la próxima vez.

Yo: ¿Es el instante de darte cuenta de lo inesperado lo realmente inesperado?
Tú: Lo inesperado tiene vida propia, se organiza por sí mismo para sorprenderte en cualquier momento, de una forma que no podrías haber imaginado.
Yo: ¿Es lo inesperado inimaginable?
Tú: Es como si no existiera, no debes contar con él.

La realidad inesperada tiene una vida corta, es una llamarada, un fogonazo de luz que llega a su máximo esplendor y se va apagando rápidamente; su vida dura un instante, es como un punto de inflexión, una oportunidad de cambio, un inicio hacia lo esperado. Te crea la falsa promesa de vivir inesperadamente, pues cuando se presenta llega con una forma totalmente diferente a la vez anterior, haciéndote ver que vivías lo esperado.

Yo: ¿Puedo ser inesperado?
Tú: Solo por un instante.
Yo: ¿Cuántos instantes inesperados puedo tener?
Tú: Cada vez menos cuanto más sepas.
Yo: ¿Es lo inesperado fruto de la ignorancia?
Tú: La ignorancia produce lo inesperado.
Yo: Entonces cuanta más información tenga menos inesperado será todo.
Tú: Pero cuanto más esperes, aunque más sepas, más fuerte será el impacto de lo inesperado.
Yo: ¿Será mayor la sorpresa, la oportunidad, el descubrimiento, el regalo?
Tú: Ya lo sabrás.
Yo: No quisiera saberlo, pues quisiera que fuera inesperado.
Tú: ¿No crees que tenga inconvenientes?
Yo: ¿La incertidumbre?

La realidad inesperada es aquella con la que has de contar para esperar la incertidumbre. Esperando lo inesperado, sin planearlo, sin contar con él, pues la incertidumbre crearía una serie de hechos inesperados que surgirían de forma explosiva, tan fuerte e intensa que no podríamos soportarlo, nos convertiríamos en el instante en el que existe lo inesperado, en lo inesperado en sí; por lo que viviríamos solo en el instante, perdiendo la consciencia de nosotros mismos, muriendo por empacho de incertidumbre.

Yo: ¿Nos vamos?
Tú: ¡Corre!
Yo: ¡Ja, ja, ja!
Tú: ¡Pero corre que va a llover!
Yo: No puedo parar de reír, ¡espera!
Tú: ¡Ala!, nos mojaremos los dos.
Yo: ¡Correee que no me quiero mojar!

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