Inventando. “Estados de transición”

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¡Quiero vivir!, que es el inicio, el medio y el fin.

¡Qué impaciencia de llegar!, de obtener lo deseado, poseer de inmediato lo que amamos. Convivir el objetivo, la meta, el lugar o personas por las que estamos luchando.
Es la plenitud del viajero que al llegar se rinde al descanso del sol al atardecer, cerrando los ojos impregnados del paisaje del periplo y no del cansancio al morir. Pues…

~
Es vivir disfrutar del tránsito,
resistir los alti y los bajos
saboreando el entremedio hoy.
Cocer sueños a fuego lento
dedicado en cien trabajos,
con templanza y amor voy.

Es el mientras la gran vivencia,
la batalla será la victoria en sí
alegría en el casi y el durante.
Jugar el cortejo sin convivencia
deleitarse en adornos del festín,
rimando el poema del amante.

Es vivir poseyendo un mañana,
sin contar las horas para recibir
valorando el pequeño obtenido.
Paciencia que enseña la araña
abrigando el frío y al calor abrir,
ve ahora para el luego ocurrido.
~

-A mi amigo, que se levanta sin reposar, como si la silla le quemara, y ayunando, espera el gran banquete-.

Diario no diario. “Un mundo lleno de personas”

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El mundo está lleno de personas, cientos, cientos de miles, cientos de miles de millones.

Quizás sean tantas como estrellas, imposibles de contar y verlas todas, pero ahí están.

Cada ser es un mundo de posibilidades, somos todos más o menos parecidos, tenemos un paquete de grandes y pequeñas posibilidades.

La genética, el clima donde nacemos y crecemos, la sociedad que nos toca, la época, la familia y combinaciones al azar que forman nuestro entorno de personas que entrarán o saldrán de nuestras vidas, nos tocarán, harán sufrir, sentir y aprender; una cajita de herramientas con la que iremos caminando y haciendo la vida.

Hay cientos de miles de personas para hacer cientos de miles de millones de combinaciones, permutaciones y variantes, sumando los lugares, el clima, las situaciones, los momentos, la década, cultura, política y sociedad que nos toque vivir, que hace que cada vez sea diferente y tenga otras cientos de miles de millones de posibilidades de ser diferente.

¿Cual es el motivo de todos estos encuentros?, ¿por qué unos funcionan y otros no?, ¿qué hace que nos vayamos en busca de otros lugar, otros encuentros, otras sociedades donde vivir?.

Intentamos hacer las cosas lo mejor que podemos, repetimos rolles, fallos, resultados, a veces aprendemos y otras tantas volvemos una y otra vez a encontrarnos con los mismos problemas y resultados, sin darnos cuenta de que llevamos años haciendo y viéndonos en los mismos momentos, haciéndolo de igual manera y obteniendo un producto parecido.

¿Por qué?

Últimamente leo mucho eso de que “si quieres resultados diferentes no hagas siempre lo mismo”, y me hace pensar en los rolles que voy optando por adoptar en lugares, momentos y personas totalmente diferentes en las que me veo viviendo y con los cuales me da un igual a otros tiempos, lugares y personas.

¿Por qué?

¿He de aprender la lección?

¿He de cambiar mi actitud?

¿Hay una fuerza mayor que me inclina a elegir o encontrar estas situaciones y vivencias?

¿Las provocamos nosotros mismos?

¿Somos cómplices o adictos a generarlos?

En absoluto hablo solo de malas experiencias, también de lo maravilloso y de las personas que te dejan y forman parte en tus mejores momentos y vivencias.

¿Por qué pensamos que hemos de aprender cuando lo que encontramos es sufrido, doloroso y nos cuesta más?, ¿aprender qué?, ¿a poder ser feliz a pesar de…?, ¿aprender a evitarlos para buscar estar mejor?, ¿lograr sacar lo mejor de nosotros, madurando con los golpes y el sufrir para ser mejores personas?

¿Por qué no pensamos que cuando volvemos a hacer lo que mejor nos hace sentir, lo que nos eleva a tener los más maravillosos sentimientos y momentos, es lo normal?

Quizás deberíamos pensar que lo que vivimos es cuestión de momentos que hemos de vivir, sentir, que pase por nosotros no desapercibido, que fluya tanto lo agradable, esplendoroso, impresionante, doloroso, trágico, dramático, fácil, complicado, vital o mortal.

Eso es… somos tantos cientos de miles de millones de posibilidades, en personas, momentos, días y noches, lugares, magnitudes y situaciones, que nuestro único deber es aprovecharlo, hacer que fluya y vivirlo.

No importa quién o dónde te encuentres, simplemente “ES”.

No es una obligación sacar lo mejor de todo, hacemos lo que podemos, a veces tenemos unas expectativas y otras no esperamos nada.

Podemos elegir, siempre, si consumir o no, si gritar o no, si amar o no, si quedarnos o irnos, si reír o no, si construir o destruir, si hacer el bien o el mal, si salir o entrar, si mover o callar.

Es cuestión de elección.

Para mí, la única cosa que debe ser porque debe ser es: VIVIR Y SENTIR LA VIDA A TU ALREDEDOR.

No me olvido del dolor, de la muerte injusta, del sufrimiento de quien no puede, no tiene o padece los desastres del mundo, cuando digo: VIVIR, comprende todo.

ABSOLUTAMENTE TODO:

NACER-LUCHAR-APRENDER-CONSTRUIR-TIRAR-GRITAR-TRABAJAR-AMAR-CORRER-ZAMPAR-EMBRIAGARNOS-DISCUTIR-RESPETAR-APLAUDIR-BAILAR-CRECER-ENVEJECER-COMPRENDER-OBSERVAR-BUSCAR-ATRAPAR-CONSEGUIR-PERDER-APRECIAR-RESPETAR-EVOLUCIONAR-DESCANSAR-MORIR.

Sigue buscando, sigue caminando, sigue viviendo, sonríe, saluda y despídete, llora y deja fluir tu ser por ti y por lo que tocas y encuentras, párate, quédate, túmbate, cáete y levántate, regodea la vida en ti y en todos o apágala un rato, sueña y despierta… pero sigue buscando lo que quieres SER.

Quién sabe si podemos hacer constelaciones de seres y galaxias con los lugares… como hacemos con las estrellas… quizás ya lo hacemos… los llamamos por nuestros propios nombres de personas, países, ciudades… es nuestro mundo… quizás las estrellas se tumben a mirarnos e imaginar formas caprichosas parecidas a sus sueños, dioses y pasiones.

Hay cientos de miles de millones de seres humanos ahí fuera para combinar, permutar y variar, imposibles de contar y verlas todas, pero ahí están.

Diario no diario. “Viviendo o conviviendo”

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La convivencia en sociedad, grupo, familia, pareja, empresa, comunidad, asociación, matrimonio, tribu o comuna.

Es muy difícil concebir otra forma de vivir o convivir liberándonos de los conceptos ya creados y experimentados por otros.

A unos les fue bien creando un entorno familiar: matrimonio, hijos, tíos, abuelos, primos, sobrinos y cuñados; y los podemos coger de referencia si les fue bien así.

Otros viven en pareja, puede ser: madre, padre e hijo o hija, amigos o amigas, amantes, hermanos, colegas, socios o inquilinos que condividen gastos comunes.

Y los hay que viven solos, no conviven en su intimidad con otro humano, pero si la comparten fuera o a retazos, por tiempos que se abren y cierran según les convenga.

Es difícil aceptar una forma de vida que se salga de lo que hemos estado mamando, de la sociedad en la que hemos sido criados, educados y tomado de referencia para ser felices o, como mínimo, aprovechar mejor lo bueno de la vida. Y a veces uno siente que es mejor persona cuando vive solo, pero lucha con un concepto de vida implantado en su estructura social que le impulsa a tenerlo a pesar de sí mismo.

¿Quieres vivir solo?, ¡vive!

¿Quieres convivir?, ¡convive!

No sentirse frustrado por no conseguir ser feliz en compañía o por no poder crear una familia o tener una pareja estable, no es un problema mental, no es una enfermedad; pero si que nos sentimos así, incluso nos mengua la inteligencia y capacidades, nuestras cualidades se ven deterioradas por la influencia de otro ser del que dependemos o que depende de nosotros; que nos domina, maltrata, castra o frustra.

Puede funcionar, dependerá de muchos condicionantes como la economía, los complejos, los fracasos personales, la impotencia y la libertad de cada ser, éstos se presentan en la realidad diaria y se hace difícil combatirlos.

Si conviviéramos en una tribu de menos de cien individuos puede que fuera más difícil plantearse las cosas de forma diferente, pues la forma de vida es similar para todo el grupo, todos tienen un fin y objetivos comunes muy claros y básicos; que pueden ser parecidos a los nuestros, sí en lo básico, como que todos tengan para comer cada día, disfrutar de tiempo de ocio y placer, cada día, dormir bajo techo, cada día, así como perpetuar la especie y protegerla de las inclemencias naturales.

Pero, en la sociedad urbana, en la ciudad, en el mundo que nos acribilla con la publicidad, estilos de vida dirigidos al consumismo, a la apariencia, al estar apetecibles sexualmente, al ser mejor que otros y trepar a lo más alto profesionalmente… son elementos adicionales que van más allá de lo básico.

Queremos más, vivir más fácil, cómodos, disfrutar del placer de los sentidos, de la cultura, la belleza, el ocio; alejarnos del trabajo duro, de las responsabilidades, de la procreación o perpetuar la especie; queremos mantenernos jóvenes y guapos, sanos, a costa de todo. Nos medicamos, nos vitaminamos, nos drogamos y machacamos en el gimnasio y conseguimos la materia prima para lograr mantener un estatus social.

¿Quieres vivir solo?, ¡vive!

¿Quieres convivir?, ¡convive!

No te sientas mal por experimentar que no funciona tu relación, pues viviendo en la sociedad que vivimos estar solo en también sociedad, formas parte como ciudadano que trabaja, fabrica y consume. Hemos fabricado una vida de individuos que engloban en sí mismo el concepto de lo que somos.

Ya no tenemos que construir un buen nido, cómodo y seguro, para atraer a una pareja para procrear.

¿Quieres vivir solo?, ¡vive!

¿Quieres convivir?, ¡convive!

¡Cambia!

¡Vive y rodéate de lo que te gusta!

¡No sufras por no querer compartir!

¡Coge lo que te sirva para estar bien y ser feliz!

¡Elige!

¡Sé valiente!

Diario no diario. “Quiero vivir”

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No quiero ser espectadora. Quiero vivir.
Quiero ser espectadora de lo vivido por ti y por mí.

Pintando ensimismada, nadie alrededor.
Sin más que mi voz como en una escafandra.
Creando una realidad pintada, dibujando una linea que forma el total de algo que promete ser.

Llamadas de teléfono, conexiones a redes sociales, mensajes al móvil; pensamientos que dedico a mis seres preferidos en el día a día.

Cuando te encuentro, nos tocamos, miramos, hablamos.
Me voy, te vas, volvemos a encontrarnos, tocarnos, mirarnos… hablar.

Tomo forma junto a ti, mi cuerpo se curva, se retuerce, acomodándose en el dormir, nuestras piernas, buscando calentar los pies. Tumbada en la hierba, bajo el sol, juntamos las cabezas para pensar al unísono, sentir el calor del sol bajo los párpados y acariciar la tierra húmeda, sin más.

Te canto al teléfono, pequeña mía, Erika.
Te escucho reír, Samuel, mientras hablo con Erika, y tú, no lo sabes.
Estás pendiente de mí, amor, me llamas y preguntas ¿qué tal vas?, y yo te pregunto y aprovecho para reír. Después sigo pintando, sonriendo.
A veces, hablo contigo, mamá, mientras dibujo.
Alicia, me haces dejar el lápiz un rato, como si estuviéramos cerquita y hablamos.
Me reconforta, en la soledad, mi voz en la escafandra, tu mensaje, tu voz al teléfono, las palabras que puedo escribir pensando en ti.

Sueño durante toda la noche, lleno de gente, de vivencias, que me hacen sentir que viví, y así es el día, en el que recuerdo una vida virtual que llena mi pensamiento de recuerdos fabricados de estímulos del pasado.

“Expectadora”, no existe; espectadora soy en la expectación. Vida que se prepara, bajo la sombra de la lluvia, a escampar y amanecer del sol.

Queriendo vivir, vivo, que es una acción, y me siento expectante del vivir en presente realidad, no ser el ayer que viví, del que se alimentan mis líneas de grafito, que serán mañana vida y me harán espectador. Y, si ser espectador de lo que viví es la acción de mí, ensimismada me quedo hoy, expectante del vivir.

Yo: Vida, ¡espera!, no esperes, que estoy viviendo vivir.
Vida: No espero, estoy.
Memoria: Lo recordaré.
Yo: ¿Recuerdas?
Memoria: Si, recuerdo, con detalle.
Yo: ¿Es el recuerdo el espectador de mi vivir?
Memoria: Soy quien recuerda.
Yo: Entonces fuiste espectador.
Memoria: Mi memoria lo es hoy, ayer fui vida.
Vida: ¡Vive!, no esperes.

Inventando. “Mi mundo”

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Mi mundo es real, como el de todos.

A lo largo de mi vida fui buscando referentes de formas de vivir, de amistad, de pareja, familia o referentes profesionales, con los que aprender y a los que poder seguir y no tanto imitar sino asegurarme una forma de vivir bien o feliz, garantizando que funcionara.

No he tenido muchísimos amigos, no los tengo, pero envidio a quien está rodeado de familia y compañeros o amigos con los que llenar una fiesta o poder ir de quedada de fin de semana. He viajado, conocido y convivido con mucha gente. Una de las cosas que más me interesaba era poder conocer más formas de vivir, otros conceptos familiares y parejas diferentes; con la intención de ampliar mi campo visual, mis opciones y, sinceramente, calmar mi sentimiento de miedo sabiendo que quería vivir de una manera en la cual no confío y no me garantiza un buen resultado.

Ha ido pasando el tiempo, soy más que adulta, los referentes más populares en el entorno social en el que me muevo hacen que me sienta perdida, me sujeto a los borradores o esbozos de mi intención vital de recoger datos y referentes; me hace sentir mejor el cóctel de otros mundos. Seguía caminando, con miedos, con los ojos cerrados, confiando y otras veces bien abiertos expectante a cualquier cosa. Me dí cuenta de que finalmente lo que vivía era mi propio mundo, no muy alejado de los referentes, pues comparto puntadas y ciertas conexiones que irremediablemente están, pues no somos tan diferentes.

He comprendido que mi naturaleza sigue un instinto de cambio o transformación, como hábito o rol aprendido de mis experiencias; que sin planearlo es, y que los referentes más seguros y funcionales tiendo a esquivarlos. Quiero seguir buscando, aprendiendo, investigando. Siento que mi instinto se ha convertido en mi forma de vivir, que en su totalidad tiene una forma de comportamiento que podría definir o ser relatado con sentido.

No he conocido quien tenga un método sencillo. He podido entrar en otras casas, vidas, entornos y he podido estar, sentarme, sentirme cómoda. Me he sentido parte de ese todo y ese mundo forma parte del mío. Esto me hace poder apreciar los matices posibles que existen en las relaciones y entrar en un mundo que me alimenta, me enriquece y me hace crecer, así como estimular mi capacidad creativa.

A veces me siento perdida y entonces, sigo caminando, que es lo que todos hacemos, sin remedio, asustados y expectantes, intentando crear variables que pronostiquen una seguridad para mañana. No nos damos cuenta de que todos vivimos en un solo mundo en el la riqueza de cada ser humano nos abre a otros que ni alcanzábamos a imaginar que existía. Hay ocasiones en las que no te comprendo, pero me quedo sentada a tu lado, te escucho y me dejo llevar, lo vivo, lo disfruto; si me hace sentir bien, me quedo, si no, me voy.

Os garantizo que mi mundo es muy inestable pero que evoluciona y se desarrolla en su propia idiosincrasia, conformándose como una forma de vida, en la que se puede sobrevivir.

No invento un mundo o una forma de vida, no garantizo que funcione o que me sienta feliz, me siento bien; quizás varíe en matices del tuyo, mis referentes siguen estando en éste, en el común, en el que somos humanos y todos estamos hechos de la misma materia prima, sobreviviendo en el mismo planeta que nos acoge de forma tan generosa como para darnos la oportunidad del libre albedrío.

Aquí estoy, en mi mundo, en que el podrás entrar, sentarte, dejarte llevar, vivir, disfrutar; si te hace sentir bien, quédate, si no, sigue por tu camino.

Trozos de mí. “El corazón”

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Pom, pom. Pom, pom.

Entre mis pechos, ahí, metido en el cascarón de las costillas, anda un órgano que late para poner en movimiento todo mi ser; llevando sangre y oxígeno, color y luz a mis sentidos.

El corazón está directamente relacionado con mis ojos, o mejor dicho, con mis lágrimas. Debe ser algo cultural, educacional, alegórico; una de esas cosas maravillosas e intrínsecas al ser humano, la de localizar las emociones en el cuerpo en conexión a un alma falto de ciencia, que quizás sea más un coctel químico en el cerebro. A veces puedo confundir su localización, pues en las lágrimas resbala, saliéndoseme el pecho en este estado líquido.

El corazón está directamente relacionado con mi impulso vital. Late según necesito. Si quiero correr, se acelera conmigo para impulsar las piernas a la velocidad y a la resistencia. Si quiero olvidarme, se hace tan silencioso y tranquilo, pausado casi dormido. Se hace tan grande, se infla que se me alza el pecho con orgullo, otras se me encoge de pena cayéndoseme al estómago. Se entusiasma conmigo, es empático con otros latires ubicado en otros costillares. Se recubre de sentimientos y emociones que busca motivos o cambian la dirección y sentido de vida.

Anoche quise pedir, en oración, un deseo, un querer intenso, de esos que recuerdan a antiguos rezos y clemencias a Dios; el cual ya no encuentro en mi concepción, por lo que, cuando se me resbalaba éste en lágrimas, solo podía seguir llorando al latir acelerado del corazón, al desahogo de una mezcla química que no escucha lamentos ni oraciones, un sentirse unido en fuerte latir a otro corazón que también llora, pide, desea, ora y quiere intensamente, en el desahogo de un sentir que busca motivos para vivir.

El corazón está directamente relacionado con el sentir del amor, pues yo siento cómo me late durante todos los días de mi vida, no sé si es que mi corazón me ama o es el que me hace poder amar.

Pom, pom. Pom, pom.