Realidad árida

Es la que no procrea, la infértil, la seca, desértica y asolada.

La arrasaron los mismos hombres que la habitaron una vez,

ese oasis repleto de placeres, alimento, presente y futuro.

Tú: Esto es el desierto.

Yo: Ahora estoy aquí.

Tú: ¿Harás que desaparezca?

Yo: Me lo tragaré.

Tú: Entonces el desierto irá a parar a tu estómago.

Yo: Justo ahí están mis sueños, mis pasiones, mis realidades.

Tú: ¿De qué le servirá al desierto?

Yo: El desierto es inconsciente e ingenuo, se dejará llevar.

Tú: Ten cuidado que el desierto es infinitamente desolador.

Yo: Más fuertes son mis sueños, pasiones y realidades.

Tú: ¿Y si lo asola a pesar de todo?

Yo: Pero fui yo quien se lo tragó, no ella a mí.

Tú: ¿Y ahora?

Yo: Ahora es lo que tenemos fuera, ya no hay desierto.

Tú: Pero está dentro de ti.

Yo: Es solo una pequeña parcela en mi oasis.

Tú: ¿Para qué servirá?

Yo: Para recordarnos que está, que existe y convive con todo lo demás.

Tú: ¿Y si un día lo vomitas?

Yo: Pues me lo volveré a tragar.

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