No se conocían, nada sabían el uno del otro, ni sus nombres se dijeron.

Se encontraron, se miraron, se tocaron y besaron.

-Fascinada-, pensaba ella.

-Obnubilado-, sentía él.

Cuánto amor…

Y cayeron en la inopia, fascinados, sordos, obnubilados y ciegos, …de todo lo que les circundaba, de todo lo que pudiera turbarlos.

Bastaron cinco minutos para la plenitud. El mundo era perfecto, redondo, sin sombras, sin noches y días, el siempre y la nada se unían en la intemporalidad de un amor tan puro que no cabía más que dejarse llevar, ser un solo ser. 

Bastó solo un instante para la decadencia, una chispa les despertó de la inopia, una voz exterior pronunció sus nombres.

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