Inventando. “Lo superlativo”

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Superlativo, va (Del lat. superlatīvus):

1. adj. Muy grande y excelente en su línea.

 

No todas las palabras podrán ser superlativas,

pero si las podremos hacer grandes en su uso.

En todas sus maneras, tonos o formas,

comenzando en el pensamiento y dichas en abuso.

~

Inventé algunas que me servían y no existían,

logré usarlas en lo propio y en lo mutuo.

Fabriqué un jardín donde el agua no faltaría,

y el verde venció al desértico orondo.

~

Celebérrimos fueron, son y serán los deseos,

que el mundo rendirá pleitesía.

Paupérrimo quien no exhale sus sueños,

y quien alimenta la porquería.

~

Pues esta vida se merece ser superlativa y

más que alto, serás altérrimo

más que ricos, riquérrimos

más que poco, poquérrimo

más que dormidos, dormidérrimos

más que solo, solérrimo

más que tristes, tristérrimos

más que fatal, fatalérrimo

más que buenos, buenérrimos

más que tarde, tardérrimo

más que guapos, guapérrimos

~

Tan superlativos quisimos ser,

que para beber buscamos fuentes en el desierto.

Tan superlativos quisiéramos ser,

que al Teneré, no le faltará agua ni alimento.

desierto3

…donde el desierto se encuentra con el mar…

Inventando. “Cuento del lobo pastor”

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Ocurrió una vez que un lobo y un cordero vivieron unidos y en paz, yo diría que incluso fueron felices.

El lobo rastreaba cada día huellas y señales en busca de sustento, unas veces quedaba más satisfecho y comía para varios días o semanas, pues otras no era lo suficientemente sustancioso o nada que llevarse a la boca. El más rico de los olores era el del cordero, se acercaba siempre a la manada, conocía ya el rastro y campo donde pastaba, observaba su movimiento, estudiaba cómo podría hacerse con todos, pensó que si lograba tenerlos para él, no le faltaría alimento por mucho tiempo.

El lobo descubrió que todos los corderos se movían como si fuera uno solo, que era fácil cazar a alguno rezagado, pero no era su intención, así que trazó un plan, atraparía a uno y con su piel se haría pasar por uno de ellos para ganarse su confianza y llevarlos cerca de su guarida para adiestrarlos como rebaño y despensa inagotable.

Así ocurrió, encandiló a uno de los corderos extraviados, haciéndolo volver al grupo. Cada día volvía a separarse y le hacía alejarse cada vez más, dirigiéndolo hacia su cueva, volviendo después al redil. Se hizo pasar por cordero, llegó incluso a pastar, alguna noche se escabullía para cazar pequeñas presas que saciara su instinto carnal. Pasado un tiempo y ganada su credulidad, logró que el rebaño se dirigiera hacia su propósito.

El cordero rezagado iba pegado siempre a él, también aprendió a rastrear, incluso alguna noche le siguió y hacía colación con los restos que desechaba su raptor, algo orgulloso, el lobo dejaba un poco más para su compañero. Y si, así fue, llegaron a ser compañeros, corrían, jugaban, se divertían en las escapadas, acompañaban a la manada a pastar, dormían juntos incluso, al lobo le complacía el calor que éste le aportaba y el cordero se sentía igualmente en manada.

Y ocurrió algo inesperado.

Este encuentro se convirtió en una relación de camaradería, el lobo llegó a quitarse la piel de cordero y no creó ninguna expectación ni terror a su compañero confiado, el redil fue alejándose, pues la vida de dos fue ocupando lugar en el cotidiano de esta pareja peculiar, dejándose llevar por las noches y los días de convivencia extraordinaria. Llegaron a comunicarse en una lengua endémica, fueron inseparables lobo y cordero, cómplices, íntimos y amigos, incluso hermanos, diría yo.

No solo el cordero aprendió a cazar y comer más que hierbas, el lobo compartió y su vida en solitario cambió radicalmente, iban juntos a buscar prados donde pastar el cordero, mientras el lobo lo protegía de otros cazadores, al lobo le encantaba acurrucarse en su blando y acogedor cuerpo en la oscuridad de su cueva. Amaestrados estaban ambos al aullido y al balar, correteaban y saltaban jugando, y así por mucho tiempo vivieron en equilibrio.

Llegaron tiempos de frío y escaso de alimento feroz, el lobo comenzó a palidecer y demacrarse, su instinto enloquecía su amor por el cordero obsesionado por la idea de devorarlo. Para poder controlarse, escapaba a cazar en solitario y dejaba al cordero indefenso. Preocupado por éste, volvió a trazar un plan, haciendo que el cordero volviera a su manada. Se puso la piel de cordero e hizo lo mismo que entonces, hacía que su amigo le acompañase y durante el día pastaba con sus congéneres, pero, por la noche, amaestrado, volvía buscando la seguridad de la cueva, encontrándose solo y el suelo ensangrentado, con restos de la misma sangre que le hizo nacer, pues al redil acudía el lobo a cazar en la oscuridad, hincando sus colmillos en las pieles mullidas y rizadas. El cordero, atemorizado por el olor de su propia muerte, escapó, pero la costumbre del amaestramiento le hizo volver a pesar del miedo, confiando en que saldría bien parado.

Sintiendo el lobo que traicionaba la confianza de su cordero hermano, quiso echarlo definitivamente, le mordió y le aulló fieramente para asustarlo y que huyera al refugio del rebaño.  Así fue. Pero el lobo no quería abandonarlo totalmente a su suerte, sabía que todo había cambiado para ambos, que al cordero le rugirían las tripas echando de menos algo de sangre en su pasto y ahora más que nunca tendería a rezagarse de la manada poniendo su vida en peligro; y él, ya no podría estar más solo, aunque satisficiera su famélico instinto con la sangre de otras presas, pues sentía un cierto dolor al herirlas de muerte, empático en los recuerdos de unión y compañía. Eso le hizo jugar con ellas y apresarlas durante un tiempo en su cueva, que medio inconscientes, servían de almohada al lobo, antes de su trágico final.

Quiso el lobo pastor mantener al cordero en su supervivencia, protegiéndolo y aportándole su dosis de compañía colateral, y quiso el cordero seguir dando compañía y calor al lobo en su cueva. Se escondían entre las rocas y árboles a jugar y saltar como entonces. Con el tiempo, esos ratos se fueron alargando, su amistad sobrevivió al manso y al feroz, al sol y a la oscuridad, a la manada y a la soledad, al miedo y al cazador, al frío y a la escasez. Aprendió a convivir en equilibrio esta amistad de extraordinaria camaradería; el cordero, sin vuelta atrás a sus orígenes y el lobo, con sus instintos adiestrados, jugaron, cazaron, pastaron, aullaron, balaron y reposaron juntos hasta el fin de sus días.

En la cueva yacieron, quedando sus pieles acurrucadas, donde no se pudo distinguir jamás quién fue lobo y quién cordero.

LoboPiel-CorderoPiel-Lobo

~

Esta historia se la dedico a mi amigo, que siempre dice que es un hombre fatal

y se veía identificado con la imagen del lobo con piel de cordero, lo que no sabe él es

que, si yo vistiera piel de lobo, no me haría ser cordero y tampoco lobo.

Somos compleja y simplemente hombre o mujer, con piel e instintos humanos.

Expresándome. “Oda a Arquímedes”

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Hay momentos en los que sale un yo que no sabías tener.

Mi amigo me dio sus manos, sus pies, su calma, silencio y generosidad.

Hambrienta de más, le pedí sus codos, rodillas y ojos para ver.

Buscaba, iracunda, que todo estuviera tal y como yo quería.

Me agarré a todo sin mirar qué o quién.

Grité como si habitara en una cueva solitaria.

~

Hay momentos en los que se te olvida cómo quieres ser.

Mi amigo siguió ahí, sus manos, sus pies, su calma, silencio y caballerosidad.

Saciada y sin más que vomitar, codos, rodillas y ojos rogué devolver.

En mi estado indefinido todo se ordenó tal y como imaginé que sería.

Quise recoger el qué y mirar al quién.

Silencié el grito que antes daría.

~

Hay momentos en los que eres lo que no sabías que podías ser.

Mi amigo Arquímedes resistió con serena tenacidad.

Ya calmada, levanté la mirada y restauré la razón de permanecer.

Desmembrada y hastiada de mí, su abrazo rogaría.

Observé las huellas que marcaron el punto de apoyo por un bien.

Sé lo que soy y cuando me caigo, me levanta su camaradería.

Inventando. “Oda a Oxímoron”

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Ayer lo conocí, fue como si ya lo hubiera visto antes, es familiar y amistoso.

Me enamoré.

Es encantador, de ojos vivaces y alegres, su pose y carisma encandilaron a todos.

Me enamoré.

No puedes evitar mirarlo, preguntarle y contarle más, reírte y bailar con él.

Me enamoré.

Te coge de la mano y se deja llevar a cualquier circunstancia, fiesta o emoción.

Me enamoré.

Sientes que lo sabes todo de él y te responde curioso de saber más de ti.

Me enamoré.

Entonces fuimos al mar a ver el horizonte y durante el atardecer se fue.

Me enamoré.

De una ilusión veraz, fantasma carnal, de miradas ciegas, silencios sonoros, de estar quietos bailando ante un atardecer lunar.

Me enamoré.

De soñadores de la vigilia, de los perdidos en la claridad, de la sonrisa escondida.

Me enamoré.

De Oxímoron, tan conocido, encantador… vino yéndose y se quedó dejándome enamorada del desamor.

Inventando. “The fool on the hill”

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On the hill

Dejaría todo atrás, confiando en la nada.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar una señal,

descalzo y desnudo, sin camino ni manada,

mataría para sobrevivir, sin ningún interés de bien o mal.

~

Dejaría todo atrás, confiando en un amanecer.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar su destino,

ni años, ni instantes podrían hacerlo envejecer,

endurecería su piel, al frío y al calor, dejándose devorar el intestino.

~

Dejaría todo atrás, confiando en la desolación.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar lo extraordinario,

un impulso, un suspiro, sin pasado ni expectación,

amaría para no morir, sin hambre de calendario.

~

Dejaría todo atrás, confiando en la pausa.

Allí escapó, a lo alto de una montaña, a esperar lo no vivido,

atisbando sonidos y letras en inglés de andar por casa,

bajaría sin lamento, sin rencor al abrir los ojos y elegir un camino.

Inventando. “Constelación terrenal”

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Eran las estrellas las que nos contemplaban desde lo alto,

jugaban a dar nombres, crear formas, odas, leyendas y mitos.

¿Cómo podría saber a qué constelación pertenezco?

~

Puede que me adjudicaran una galaxia o ser luna que orbito,

ente centelleante y alocado, sin soles, sin rumbos.

¿Cómo podría saber cómo de infinitos o desconocidos les somos?

~

Libres son las estrellas que, con memoria, no conocen el destino,

sorteando el tiempo, azarosas de caprichos, contenedoras de deseos.

¿Cómo podría saber qué nombre le pusieron a nuestro encuentro?

~

Somos seres fugaces, constelación de historias sin fin ni principio,

estrellas terrenales, libres y enlazadas en vivencias, por hilos imaginados.

¿Cómo podría saber lo que ven y piensan las estrellas?

Diario no diario. “¿Qué es importante?”

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Llevaba unos días sin poder respirar bien, hoy me encuentro cien veces mejor.

Supongo que será la alquimia del aerosol.

Sentir que no llega el aire a los pulmones es como si te pusieran la mano en la boca para callarte,

como si te aprisionaran el tórax, no dejando exhalar las metáforas del sentir.

Me hizo pensar en lo que es importante,

mi cuerpo me llamaba a concentrarme en respirar.

¿Qué es importante?

Metí todo el amor en ese punto de mí,

contenedor y cueva de latidos,

del que golpea ráfagas de oxígeno a mi existir.

Amor obstruido por el agudo en mis alvéolos

que no saben ni conocen de la poesía,

¡demasiado mundano respirar para vivir!

¿Qué es importante?

¿Soy yo misma, acaso, lo más importante?

¿Qué soy sin todos y todo lo demás?

El aire es un tú que importa,

mi pecho inhala lo más esencial,

partículas que bombea al son del son,

para henchir de cordura y de gas.

¿Qué es importante?

Tener un creer, una fe, un ideal, un sueño, una ilusión.

Alguien por el que moverse, por el que gritar al viento “¡amooooreeee!”.

Saber qué hacer con las manos, a dónde dirigir los pies.

Intuir el camino, crear un puente porque sí.

Agarrarte de la mano y quererte sin más, sin saber más de ti.

¿Qué es importante?

Hace dos años, menos un día, que no te conocía,

sin conocerme, “te quiero” me dijiste,

sin conocerte ya te quise y en tus comisuras me perdía.

Todo por ganar, nada que perder,

en última instancia todo era importante,

y nada tenía importancia.

…mañana te vi por primera vez…

Inventando. “Oda al amor intermitente”

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Como el aire que respiro, es el amor,
es el oxígeno que se inhala,
el constante latir del corazón,
inconsciencia de amar a diario.
~
Como una bocanada, es el amor,
es el impulso al despertar de la vida,
el enamoramiento y la pasión,
consciencia de saberte vivo.
~
Como la apnea, es el amor,
es el silencio que te paraliza,
el que te devuelve la razón,
intermitente como un beso que no se dio.
 

Expresando. “El abismo de un abrazo”

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¡Abrazarte!, aunque caiga en el abismo,

donde la realidad pierde su sentido,

donde se desvanecen los pensamientos

donde todo se hace atemporal.

Inventando. “Oda al desierto”

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Con un grano de arena comienza a formarse una duna.

Un aire cálido lo llevó a parar a mi cabeza.

Grano cristalino insignificante y semilla de todo.

De la tierra de un desierto donde una vez nos encontramos.

Arena del color de la piel de los amantes.

Comienza en el momento en el que desapareció.

A una distancia de estar pegados, donde no cabía imposibles.

Formarse algo nuevo y desconocido es su fin.

Una vida y un amor.

Duna minúscula de dos que forman una duna en mí.

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