Inventando. “Nómada de mí  o de cómo llegar a playa Tabuca”

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Salgo del envoltorio de mi cuerpo, ya inútil, como muerto. Me dirijo hacia la etérea imagen que es solo un presentimiento, como las líneas que veo en el papel en blanco antes de empezar a dibujar. Me siento como nómada de mi misma, de una yo a otra yo que espera a que la habite, con otros sueños, nuevos horizontes, otra forma de mirar.

Quizás vaya a playa Tabuca, el país que se parece mucho a este, pero que es absolutamente diferente.

Si quieres verme, tendrás que viajar en el atunero que sale antes del amanecer, o también soñando, cantando desafinado o en avión de papel.

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Inventando. “Diario nómada II”

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~

Si, me voy, marcho a otro lugar
será que me quema la quietud
seco está el barro de modelar,
será la fe que no halla su virtud.

Fiebre de costumbre insensata
es mi sangre donante universal
abrir y cerrar será rutina innata,
recojo los restos del comensal.

Cosquillas me hace el horizonte
este jardín con la lluvia regaré
simiente en equipaje polizonte
razones y excusas atrás dejaré.

Parto, que ir es mantra del ateo
será que venir se hizo pasado
mis pasos con el tiempo aireo,
será que me pica el pié calzado.

~

Inventando. “Amor de otro”

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¡Ay amor cuánto has cambiado!
tanto que tu nombre ya es otro
tanto que no reconozco tu cara
tanto que es memoria pasada.

¡Oh amor cuánto has cambiado!
que en tu rostro no hallo rastro
que en el recuerdo hay una tara
que es oportunidad en tu mirada.

¡Ay amor cuánto has cambiado!
tanto que si te miro y ya no veo
tanto como oruga sea crisálida
tanto era todo que hoy es nada.

¡Oh amor cuánto has cambiado!
que por tu lado paso y no quedo
que es pretérito mi yo inválida
que eres amor a otro apegada.

~

Inventando. “Diario nómada I”

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Si tuviera una puerta, la pintaría de colores y bordados floreados para rimar con algarabía.

Si tuviera una ventana, la dejaría abierta noche y día para hacer entrar las estaciones con alegría.

Si tuviera cuatro paredes, rellenaría los rincones de lana y algodón para leer por las mañanas.

Si tuviera un techo plantaría cerezos y naranjos para saborear los festejos sin guirnaldas.

Si tuviera una cama, la cubriría de hojas secas y ramas para dormir mi cuerpo en la nostalgia.

Si tuviera una dirección, podría recibir postales y cartas para decorar los estantes de palabra.

¿Y qué tengo?

Tengo color y tabla para pintar,
pared que cambia de población
rincones aún en construcción
techo será techo y es suficiente
ventanas abatibles en función
cama ocupa o invadida de gente.

¿Una dirección?

Espera, que iré a verte.

Inventando. “Soltando lastre”

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Nada está muy sujeto a mí
la piel y el pelo mudo al día,
aire que inhale lo suelto al ir,
y al venir nuevo encontraría.

Nada se agarra para siempre
frío o calor torna en estación,
saciada ahora y luego hambre,
es el placer deseo en intención.

Nada queda de lo que fuimos
hoy y mañana serán otro ayer,
plenitud de momentos vivimos,
y es dormir la pausa del hacer.

Nada permanece lo suficiente
obsolescente es la oportunidad,
comprando la razón al demente,
para ofrecer lógica sin verdad.

Nada será hábito en el nómada
ideas, corazón y efímero arte,
almohada del tiempo acomoda,
variar destino, soltando lastre.

~

DesolacióndelNómada

Diario no diario. “Dibujo de puntos numerados”

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-Dejo a la niña uniendo puntos del dibujo a descubrir. Después lo coloreará-.

Mientras, camino por calles asfaltadas, un pié detrás del otro, al compás de la música del auricular, escribo con tinta virtual, pinto con los ojos del pensamiento, doy la mano a mi otra mano, entrecruzan los dedos al calor, arrimo el hombro izquierdo al derecho, plegándome en el tiempo y el espacio, hacia el agujero de gusano que ya no existe, porque es supuesto. Pues ahí estoy, en la hipótesis de mí. Resuenan los ecos de ego en la cueva del tórax, latiendo al mínimo sustancial. Espirando el aire viciado del dolor y perdones concedidos, inspirando nuevos amores que abrillantan la oxidada piel.

-Añado más puntos numerados al dibujo por completar, así la niña se mantendrá ocupada. Después lo coloreará-.

Inventando. “Si el 1 se vuelve del revés”

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Espero en cada ocasión a que sea como era.
Por un instante sentí que eras tú, o tu envés.
Cambias como el frío al líquido elemento hiela.
Vuélvete del revés, para verte por los pies.

Dependería de mí si caminase con las manos.
Si al cielo baldosas pongo, a las aves entendería.
Puede ser que un 1 fuera siempre 1 si volamos.
Si se volviera del revés, ¿sería o no sería?

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Inventando. “Metanoia vital”

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Quiero y ya no quiero.

Busco sin mirar.

Encuentro y no me paro.

Consumo, después vomito.

Espero y corro.

Creo y dejo de ver.

Construyo, lo desmonto.

Descubro y vuelvo a investigar.

~

Los no lugares donde transito, me siento y veo pasar,

son mi destino y mi punto de partida,

mi campamento base,

el umbral donde todo puede cambiar.

~

En el valle o en la montaña me puedes encontrar,

casualidades y elecciones de vida,

me compro un billete,

a la meta de un minuto lunar.

~

No quería y ahora adoro.

Curioseo con las manos.

Retengo el encuentro.

Digiero cada alimento.

Me voy despacio y al galope.

Me río de mi creer.

Imagino, reimagino.

Lo evidente, vuelvo a dudar.

Inventando. “A través del universo”

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Me gusta, cuando dibujo, imaginar que me puedo ver desde el universo. Me alejo sin perder dónde me encuentro, hacia arriba, lejos, hasta quedar observándome desde lo más alto, en el espacio, en el universo. Me río, sonrío, pues las líneas que estoy dibujando, quedan tan mínimas, tan ridículas que me parece impresionante la capacidad de grandeza y mínimo que podemos concebir.

Intento cambiar la perspectiva de lo que siento, veo, de mí y de los demás; de lo que construimos, de las bases en las que me sostengo, incluso.

Los elementos básicos de mi, aquellos que son también cambiables pero con la coherencia de la naturaleza que me hace vivir como ser humano de forma inconsciente. Confío en esta esencia natural, no aprendida, con la que nací. Con la que crecí, también, pero de forma movible, tanto como cambiaba mi cuerpo y el entorno.

Roto. ¿Se me cayó o yo lo rompí?

A medida que fui creciendo, como todos, preguntaba o me planteaba el por qué de todas las cosas. Me paraba a pensar sobre por qué los niños éramos más bajitos que los adultos; por qué crecíamos hacia lo alto y no hacia lo ancho.

¿Por qué se repiten las estaciones?
¿Por qué celebramos cada año las mismas fiestas?
¿Por qué debemos hacer cuatro comidas al día?
¿Por qué hay periodos de vacaciones?
¿Por qué la semana ha de durar siete días?
¿Por qué mandan los mayores?
¿Por qué es tan importante pasar al año nuevo?
¿Qué se siente siendo infinito?
¿Cómo se siente, uno, siendo tú?

Preguntas que hacía obteniendo respuestas, que a veces cambiaban al día siguiente. Pero yo debía comprender por mí misma. En tanto pensaba y meditaba sobre mis dudas y demás, pasaban las estaciones, las fiestas cíclicas, crecía, vivía en mis propias carnes esos cambios que me pronosticaban ocurrirían. Fin de año, ahora se acaba, ahora comienza otro, con otras oportunidades, otras expectativas, como si 365 días se pudieran resumir en un solo día de 24 horas.

Roto. Si, roto.

Poco a poco, año tras año, fui rompiendo con los conceptos que conllevaran tener ciclos, grupos predefinidos. Teorizaba sobre la posibilidad del cambio constante, renovación de conceptos, posibilidades infinitas de ser y sentir.

Roto. Si, roto.

Rompía con todo valor conservador, familiar, amistad, pareja, trabajo, sociedad al fin y al cabo, incluso sobre mí misma como ser humano.

Rota. Si, rota. Sigo rompiendo.

Me sentía lena de vida, de horizontes posibles, mil caminos que coger, mil formas que tomar y grandes esperanzas de no encontrar lo sabido y renovar todo aquello conocido hasta cualquier momento en el que me encontrase.

Nada. Nada me contendría, todo podría contenerme. Nada podría poseerme y todo podría ser poseído.

Rota me encontré en muchas ocasiones, perdida ante mil posibilidades; sonriendo a veces, llorando ante la pérdida, recuperando en nuevas perspectivas.

Rotas las bases en las que construir desde el pasado, intentando confiar en que lo que yo era en esencia sabría, por arte natural, poder ser un yo en resumen, humano; por lo que social, por lo que parte de un todo que era, por consecuencia fácil de ser.

Rota. Si, rota.

¿Qué me encontraría se lo había roto todo?
¿Qué me quedaba sino reestructurar, reconstruir?
¿Era posible hacerlo constantemente?
¿Sería capaz de reconstruirme cada vez?
¿Es posible tomar un nuevo camino en cada momento necesario, una vez roto?

Sin perder mi horizontalidad, aunque a veces la pierdo, reencontrándome cuando ya estaba, buscando donde habrá o hubo; mirando confiada, expectante aguantando la respiración, a veces. Indecibles palabras, pues están muchas por inventar; impredecibles encuentros, sorprendentes; predecibles momentos, dolorosos, enriquecedores y destructores, a veces.
Perdiendo la verticalidad, la sujeto con todas mis fuerzas hasta que siento ganas de tumbarme mirando al cielo, dejándome calentar por el sol cuando en realidad, llueve.

Rota la vida, rompiéndola, a veces; quiero creer que hay partes de mí que nunca podré romper, pero sí cambiar y que, a través del universo pueda moverme para mirarme desde lejos y reír de lo pequeña que soy ridiculizando lo grande que me siento, estúpidamente feliz de saber que aún rompiéndose… rompiéndolo… ahí está, ahí sigue, mi yo básico, del que no puedo desligarme, un yo en el que no puedo dejar de confiar, pues si no, moriría.

Romper no me hace mal, pero si me da miedo, a veces. Replantar, arrancar las raíces y trasplantar. Volver a enraizar, una y otra vez.

Desde pequeña quise formar parte de una comunidad con tradiciones legendarias, con sus leyendas, mitos, refranes, dichos; pero una fuerza superior me impulsaba a ir más allá del horizonte del mar, curiosa de saber cómo sería yo, a quién y qué encontraría. Me hacía sentir inestabilidad y miedo pensar que ir a otro lugar significaba recoger mis raíces y llevármelas remangadas hacia otro lugar. Como un caracol, como un nómada que deja, recoge, viaja viviendo y vive pasando. Miedo a que se rompiera la vida, preguntaba y sigo preguntando a quienes encuentro ¿cómo es la vida?, ¿cómo lo haces tú?… y todos, a pesar de sus respuestas, sobreviven, como yo, a riesgo de romperse.

A través del universo, como una estrella viajaré a la velocidad de la luz, brillando desde lejos, sin remedio; de cerca, en erosión, convirtiéndome en pequeñas partículas que iluminarán menguando su brillo, desde lejos, con remedio y de cerca deslumbrando.

A veces estoy perdida y sufro y tengo miedo de romper la vida; esto solo pasa cuando no me dejo llevar por la fuerza que me empuja a vivir, tal cual, confiando en que no estoy rompiendo, solo estoy creyendo en seguir y seguir improvisando, creerme que la órbita de mi ser está, de alguna manera, en inercia por la fuerza de la naturaleza.

Diario no diario. “No estoy, no soy”

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Apenas he comenzado a caminar sola, en tierras áridas de mí. Nadie me conoce, a nadie conozco. Tengo tantas ganas de querer, mirar, acariciar, hablar, sonreir, no hablar, observar o caminar… que al no vivirlo, me doy cuenta de que no estoy.
No estoy en el paseo, en las vías del tren, en el bus, en el ascensor, en las conversaciones, entre los cincuenta centímetros de otros; entonces, me doy cuenta de que si no estoy, no soy.

No pertenezco a ningún lugar, a nadie, aunque no quiera pertenecer a nadie, si quiero sentir que soy parte de algo y de otros alguien.

No es más que estar sola. Eso es. Y claro que me cuesta más pintar, moverme, comenzar el día. Me siento estúpidamente feliz cuando sonrío. Me alimento de la propina, de una mirada, de una llamada, un toque o una intención, que parece más un regalo del día de tu cumpleaños, que realmente ganas de mí. De disfrutarme, lo que sea, aunque sea un rato de mirar a la nada, de hablar de nada, de no beber o comer nada, de no hacer absolutamente nada.

Incluso, si me das la nada, ya estoy, ya soy, pues seré nada.

Estoy bien, no soy feliz, ¿quién lo sería?, pero hoy dormiré soñando en mañana, en poder buscar otras miradas que se atrapen por mi sonrisa, que quieran mi tiempo, mi aire o mi dibujo.

No estoy aquí, pero no recuerdo cuándo me fui.

Aún así, si estoy, si soy. Será inventado, pero por eso sigo aquí.