Inventando. “Prisionero de mí”

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Prisionero seré siempre
de la fiel promesa hecha
de aquello que nunca di
de no levantar mañanas
de llantos de mi vientre
de dejar pasar la dicha
de aquello que nunca vi
del silencio de palabras.

Esclavo de mi memoria
de conciencia seré juez
de momento idealizado
de hambre insatisfecha
del orgullo y vanagloria
de mi propia estupidez
de un adiós nunca dado
de mis diarios sin fecha.

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Inventando. “El beso borra la memoria en su umbral”

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La palabra desparece en boca del amante,
acercando sus labios a otros labios,
en el que tapa cualquier salida de aliento.

Aniquilando verbo a recuerdos y mente,
aquella que dijeron, la olvidaron sabios,
sin aire oxigenado, el silencio es alimento.

Es el hecho y el momento, villano mortal,
intimida a los poetas, músicos y musas,
umbrales de viajeros sin fija dirección.

La palabra pierde signo y contenido formal,
devorando y callando el beso la astucia,
mudo sustantivo que dio nombre a la acción.

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Inventando. “Un pasaje a Limbo”

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-¿Cómo es el Limbo?-
-¿Es un lugar o un estado?-
-¿Un concepto, metáfora o idea?-

Los lugares provocan estados y hay ánimos que hacen paisajes. Eso creo, eso siento, todo depende de las percepciones, del pensamiento.

Una vez me sentí estar en Limbo. No es como Inopia, a ésta vas por un instante y de forma fugaz te despiertas, como un centelleo que te lleva y trae. Limbo no es así, es como un umbral, como un sótano o desván. Se parece a la nada, como aquella de “La historia interminable”, oscura y aterciopelada, de un negro tan intenso y opaco, que parece que todo se lo tragase en el abismo eterno. Pero no es exacto. En Limbo habita algo más, son cosas, personas, sonidos, imágenes, incluso otros lugares. Puede que cambie según quién lo viva. Podría ser como el salón de tu casa, el parque, una ciudad, la playa, un bosque o tus sueños.

-¿Dónde está este Limbo?-
-¿Cómo puedo ir?-
-¿Hay forma de regresar?- -¿Servirá de algo que supiera llegar?-
-¿Qué o a quién encontraría allí?-
-Si lo recuerdo, ¿lo podré imaginar?, y si así fuera, ¿está en mi mente?-
-¿Es la memoria el Limbo?-
-¿O será un lugar de la memoria?-

Si ahí se localizara, podría recordar u olvidar, rememorar y revivir este no lugar.

-¿Será eso?, ¿uno de esos tránsitos que lleva de uno a otro?-
-¿Hacia dónde comunica?-

…un umbral… un no lugar… camino de… el entremedio… un puente a… estación de espera…

-¿Por qué existe y de qué sirve?-
-¿Será como el desván?-
-¿Si es un estado del pensamiento y de la memoria, es el trastero de la que ya no usamos? –
-¿…de lo olvidado?-
-¿…o de lo que no se puede olvidar?-
-¿Será donde van los recuerdos que son imposibles borrar?-

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Limbo es la nada que todo era,
de lo que se hizo incomprensible,
es el hipotálamo de los recuerdos.

Es un paisaje surrealista sin frontera,
en el que te pierdes irreconocible,
están los vivos y también los muertos.

Es donde habitan los sin nombre,
aquellos que son imposible olvidar,
parados en el tiempo de la ilusión.

Es Limbo donde voy por costumbre,
obligado pasaje que he de cruzar,
construyo templos y oro a la razón.

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Diario no diario. “Páginas en blanco”

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No arrancaría ni una sola página de lo vivido, imaginando que los recuerdos fueran palabras escritas.

Por las sensaciones del presente, de lo que me rodeo o estoy haciendo, sé que es producto del pasado, mucho, aún se mantiene vivo, sean hechos aprendidos, personas que me quieren u objetos; otros muchos son logros o marcas en el rostro, en la expresión, en la piel… Me gusta pensar y creer que somos capaces de cambiar y reprogramar actitudes y formas de ser, pues me doy cuenta, revisando esas supuestas paginas, que algunas se han quedado en blanco.
Tofos los buenos momentos y experiencias gratas vividas están escritas con tinta indeleble, aún más, se mueven y cambian de color o forma según el instante en el que vienen al recuerdo, como si fueran partícipe del hoy.

A veces me cuesta dar vida a algunos hechos, poner rostro o sensaciones. Son, como páginas en blanco… es extraño… más, cuando suelo representar lo que vivo en dibujo o palabras.
No sé el porqué, siendo una especie de locura bipolar, como si en mí, habitaran dos seres, uno que muere y otro que sobrevive. Quizás aquella que muere es la olvidada en otras memorias ajenas a mí, personas o lugares en los que no dejé huella, o si, pero hube de desaparecer para dejar lugar a otros recuerdos.

Sé, por experiencia, que lo aprendido, aunque olvidado, queda en nuestra esencia y lo usamos inconscientemente cuando necesitamos hacer uso de ello. Como cuando pinto, no necesito ordenar a mi mano u ojos cómo han de moverse, simplemente, lo hacen sin recordar, ellos guardan la memoria.

No sé qué hacer con estas hojas sin palabras,… sin color. Imagino que son recuerdos yermos de vida, de esa vida buena, intensa y bien vivida…

No sé el porqué.
No sé.

Me dijo un amigo estos días, que tengo una teoría para todo, y busco una ahora.

No sé.
Y si lo supiera, ¿quién sabe de qué serviría?
¿Serán estados de inopia?
¿Será mala memoria?

También me dicen que me paro demasiado tiempo donde no me siento bien, porque intento comprender lo que no tiene un porqué.

Es mi pensamiento, entonces, un lugar donde me paro demasiado, a discernir lo que es de lo que no y lo que soy o no.

Paginas en blanco… sean o no, sepa la razón de su existencia o no, ahí están.

No tengo más teorías sobre esto que me ocurre, la única cosa que concluyo con este recapacitar, es que, pararme a pensar y ser consciente de estas cosas, es producto de estar viviendo una posible pagina en blanco. ¿Y si así fuera?, ¿no es justo lo que hago cada día, enfrentarme al blanco del lienzo con una barra de grafito en mano?

Será entonces que esas, a las que no puedo dar forma, fueron momentos en los que no dibujé nada.

Bueno, es solo una teoría o será que me he parado demasiado tiempo a comprender lo que no me gusta de hoy.

Diario no diario. “La distancia”

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En la distancia aún te veo pero no tu rostro, lo llevo en la memoria y pareces cercano.

Sufro porque siento que te olvido y no quiero.

En los recuerdos solo hay espacio y tiempo.

Más hago, más vivo, más me alejo.

Contando los pasos que doy, el dolor se hace certero.

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No miro las huellas que dejo, ni el camino, mis manos son el presente que conozco.

En la distancia solo hay pasado, pero es presente lo que vivo.

La lejanía es mi memoria,  que expande la distancia.

Más pienso, más siento, más me quejo.

Seco las lágrimas y sigo caminando, iré aún más lejos.

Trozos de mí. “A cachitos”

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(Dedicado a las personas que han conformado mi vida, los lugares por los que he caminado, los paisajes que llenaron mis retinas y los momentos que a veces fueron solo instantes, en los que fui increíblemente feliz. A todo ello, yo le llamo “YO”, un yo a cachitos que soy.)

Tengo el corazón partío a cachitos,

tantos, que han formado una autonomía,

cada uno tiene un nombre propio.

Son personas,

conectadas por mis venas,

me traslado de una a otra,

sin maquillaje y mil colores en vestimentas.

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Tengo el corazón partío a cachitos,

tantos, que ha perdido su apariencia,

cada uno vive su destino.

Son lugares,

conectados por puentes arteriales,

me muevo de uno a otro,

sin zapatos ni equipajes.

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Tengo el corazón partío a cachitos,

tantos, que podrían ser planetas,

cada uno orbita a diferente ritmo.

Son momentos,

conectados a los nervios de mi memoria,

salto de uno a otro,

desnuda, sin edad, en indefinida trayectoria.

  Y para escuchar mientras me lees.

Diario no diario. “Las trampas de la memoria”

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¿Qué nos hace felices?, ¿qué desconfiar?, ¿qué nos hace llorar, tener esperanzas, qué nos hace esperar mañana?.

La memoria es tan importante, que cuando la perdemos dejamos de ser nosotros mismos. Vamos educando y especializando nuestras neuronas para ser y hacer tal y como nos dicta, tanto el azar de la genética que nos tocó, como las casualidades medioambientales, culturales, sociales y familiares.

Perder memoria en los cambios, en las etapas del crecimiento, es necesario.

De la infancia a la adolescencia olvidas, pues pasas a ser otra persona, con otros intereses y curiosidades, es imprescindible no tener memoria para poder seguir evolucionando, es la etapa en la que más confiamos en el hoy, condensando todas las posibles experiencias en un día. Olvidamos lo que duele crecer, los golpes y caídas de aprender, sin traumas, sin secuelas; enviamos todos las malas experiencias al olvido temporal para sobrevivir ante todo lo grande y magnífico de la vida por descubrir.

De la adolescencia al adulto, sigues olvidando, pues el mañana está lleno de esperanzas, proyectos, el ayer no tiene importancia pues tus sueños e ideales están tan presentes que son reales, comienzas a construir un yo que contendrá la fuerza y capacidad para vivir.

Y cuando eres adulto, la memoria se vuelve miedo, es la gran trampa, la experiencia es la que nos hace valientes, para seguir confiando, también. Pierdes la memoria de forma consciente e incontrolable de elementos esenciales, de las experiencias, los sueños, de las curiosidades que tenías, los ideales; por lo que intentas retomarla, hacer memoria de las etapas anteriores. Queremos olvidar con consciencia, cortar con el pasado a cuchillazos, arrancarnos las malas experiencias, pues, las caídas, los golpes, los muchos nuevos comienzos, los cambios arrasadores, hacen que lleves una carga de memoria que va dejando huella, cicatrices que, aunque curadas, han ido calando muy hondo. Necesitamos retomar el hoy presente lleno de ilusión y curiosidad de la infancia, los ideales de la adolescencia y las ganas de vivir y construir con la que arrancamos la etapa adulta.

Queremos recordar para sobrevivir.

Y sin control sobre nada, ni siquiera de nuestras herramientas genéticas, ni las externas de la que éramos expertos, damos pasos hacia delante, con miedo a perder lo que tenemos. Comenzamos a ser testigos y víctimas de nuestras experiencias, de la memoria que nos hace hacer, con su sabiduría, lo mejor y lo peor que podamos.

Es tan difícil, veo, siento, observo en ti, esas huellas que dejaron tus experiencias vitales; cuando eres grande, cuando tienes ira, cuando vives con pasión, cuando te quieres parar y morir o te comerías el mundo a dentelladas. También las percibo cuando me alejas de ti por miedo a revivir lo que te hizo caer una vez, pero también te siento experto, capaz y dispuesto a disfrutar con toda pasión, siendo un niño, curioso de mirar lo que tienes delante y vivirlo sin pensar.

La memoria es imprescindible para aprender, la trampa es que cuando esperas a tener mañana, el ayer se apoderó de tu hoy y dejaste de hacerlo… de aprender, de buscar. Te sentaste a recordar, inconsciente de que sigues teniendo las mismas posibilidades, las herramientas del olvido y de la memoria, para reiniciar tu yo, confiando en que toda la experiencia responderá en función de lo que quieras, y si no quieres nada, llegó la última etapa, quietud sin futuro; sin memoria hay una muerte segura del yo.


El cuerpo guardará la memoria más allá de los conceptos del yo.

Yo, soy adulta, sigo buscando ser mejor persona; reflexiono sobre mis actos, valoro mi comportamiento en diferentes momentos de la vida en situaciones similares, intento cambiar el cómo y buscar otros por qué. Me siento yo, por lo especializada de mí que me siento, pero a veces me olvido de lo vivido e intento seguir como un niño, curioso y con ganas de seguir y seguir caminando más allá, superando retos, que siempre hay nuevos, y otras veces son oportunidades de hacerlo diferente. Depende de mí hacerlo mejor, buscar un nuevo camino, siendo adulta no podré ser nunca jamás un niño, un adolescente, pero si usar la memoria de la experiencia para refrescar mis sentidos.

(Muriendo de mi misma, olvidando lo que soy para darme otra oportunidad, probando, probando, buscando, sigo caminando.)

Diario no diario. “Quiero vivir”

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No quiero ser espectadora. Quiero vivir.
Quiero ser espectadora de lo vivido por ti y por mí.

Pintando ensimismada, nadie alrededor.
Sin más que mi voz como en una escafandra.
Creando una realidad pintada, dibujando una linea que forma el total de algo que promete ser.

Llamadas de teléfono, conexiones a redes sociales, mensajes al móvil; pensamientos que dedico a mis seres preferidos en el día a día.

Cuando te encuentro, nos tocamos, miramos, hablamos.
Me voy, te vas, volvemos a encontrarnos, tocarnos, mirarnos… hablar.

Tomo forma junto a ti, mi cuerpo se curva, se retuerce, acomodándose en el dormir, nuestras piernas, buscando calentar los pies. Tumbada en la hierba, bajo el sol, juntamos las cabezas para pensar al unísono, sentir el calor del sol bajo los párpados y acariciar la tierra húmeda, sin más.

Te canto al teléfono, pequeña mía, Erika.
Te escucho reír, Samuel, mientras hablo con Erika, y tú, no lo sabes.
Estás pendiente de mí, amor, me llamas y preguntas ¿qué tal vas?, y yo te pregunto y aprovecho para reír. Después sigo pintando, sonriendo.
A veces, hablo contigo, mamá, mientras dibujo.
Alicia, me haces dejar el lápiz un rato, como si estuviéramos cerquita y hablamos.
Me reconforta, en la soledad, mi voz en la escafandra, tu mensaje, tu voz al teléfono, las palabras que puedo escribir pensando en ti.

Sueño durante toda la noche, lleno de gente, de vivencias, que me hacen sentir que viví, y así es el día, en el que recuerdo una vida virtual que llena mi pensamiento de recuerdos fabricados de estímulos del pasado.

“Expectadora”, no existe; espectadora soy en la expectación. Vida que se prepara, bajo la sombra de la lluvia, a escampar y amanecer del sol.

Queriendo vivir, vivo, que es una acción, y me siento expectante del vivir en presente realidad, no ser el ayer que viví, del que se alimentan mis líneas de grafito, que serán mañana vida y me harán espectador. Y, si ser espectador de lo que viví es la acción de mí, ensimismada me quedo hoy, expectante del vivir.

Yo: Vida, ¡espera!, no esperes, que estoy viviendo vivir.
Vida: No espero, estoy.
Memoria: Lo recordaré.
Yo: ¿Recuerdas?
Memoria: Si, recuerdo, con detalle.
Yo: ¿Es el recuerdo el espectador de mi vivir?
Memoria: Soy quien recuerda.
Yo: Entonces fuiste espectador.
Memoria: Mi memoria lo es hoy, ayer fui vida.
Vida: ¡Vive!, no esperes.

Diario no diario. “El sentimiento del amor”

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El amor, como cualquier otro sentimiento es parte del mundo que creamos en nuestro pensamiento, lleno de recuerdos, de palabras, imágenes, de control de la seguridad, del volver a sentir lo que ayer vivimos.

Entonces, me pregunto:

¿Se basan en la memoria las relaciones?.
¿Es todo lo que hay producto del pensamiento?.
¿Es el pensamiento el que produce el sentimiento del amor?.
¿Es el pasado, la cultura, una memoria de relaciones, un producto del pensamiento, por consiguiente una búsqueda del apego a sentimientos pasados?.

“Quiero cogerte de la mano, que me cojas de la mano”.
“Quiero mirarte a los ojos, pasear mi mirada por tu rostro, por tu piel, perderme embriagándome de ti como si, salir de mí, fuera una experiencia mejor aún que ser yo misma”.

“Quiero apegarme”, ¿para sentirme segura, segura de mí?, ¿acaso mi consciencia depende del apego al exterior?.

“Te quiero. Te amo. Quiero estar junto a ti para siempre”.

¿Cómo puedes saber lo que vas a querer mañana, siempre?, ¿es que queremos crear una cultura del apego, una memoria de experiencias y pensamientos que aseguren un estado interior sin conflictos, sin cambios, una imagen estática de la otra persona que represente en una fotografía, un recuerdo con el que sobrevivir?

Intuimos lo que nos va a gustar, lo que vamos a querer, pero la mayoría de las veces no estamos en paz con ese sentimiento, como pensamiento que es, pues nada permanece estático, menos, nuestro interior, menos aún, el pensamiento.

Podemos ir juntos de la mano a disfrutar del mismo paisaje, solos en nuestras dos cabezas, solos en pensamientos que no controlamos; cada cual en su inmenso universo mental, en el cual, si no estamos en paz, si no estamos en conflicto interior, si no buscamos nuestro por qué en la otra persona, solo podrá existir el sentimiento del amor en la ausencia de cargar de responsabilidad al ajeno de todo esto.

Entonces, me pregunto:

¿Es el amor un pensamiento propio generoso y en paz, sin conflictos?.
¿Son los sentimientos una necesidad de apego para poder sentarnos, relajados y no pensar?
¿Serían los sentimientos la causa de dejar de pensar para no sentir y vivir con el recuerdo de una imagen perfecta?

Estar en conflicto entre la confianza, la seguridad, la necesidad de apego y el querer sentir paz y amor por la persona con la que vamos de la mano es a veces irremediable. Yo intento mantener la consciencia de mí misma, de los momentos que vivo, confiando en que debe ser inestable, debe ser móvil, como mi propio pensamiento.

Quiero sentir amor, de forma generosa, pero de esa forma que simplemente te hace sentir bien, feliz, sin más. Ese amor sin miedo a perderlo, perderme, perderte. En paz y sin conflictos que hacen que el sentimiento de amor se convierta en un apego estático, que si se mueve, duele, que si se va, te desgarra.

Somos seres amorosos, con necesidades inmensas de que se apeguen y apegarnos; no llegamos a ser conscientes de que en cada inhalación de oxígeno que damos, provocamos vida constantemente, sin sentido, como el ir y venir de las olas del mar, que mañana estará en calma total y no recordará el vaivén de ayer, pues se transforma todo predeciblemente.

Si somos conscientes, más predecible es la vida, pues más abiertos estaremos a que cualquier sentimiento, sea amor, sea paz, sea el que fuera, puede ser tan grande y volátil como el pensamiento incomunicado.

Entonces, me respondo:

Es el amor un pensamiento, propio, en paz, sin conflicto.
Es el sentimiento, una necesidad de apego al pasado, que no quiere dar oportunidad a una nueva consciencia del ahora.
Recordar es la cultura de los seres humanos, cuyo producto más valioso se representa en el arte, o sea, en imágenes en las que quedarnos absortos y perdidos.

La constante pregunta de los que viven para no vivir en la posible respuesta que da el pensamiento, la palabra, el recuerdo de la experiencia, es la consciencia que asegura la inestabilidad de la vida del que vive en el vaivén del latir, del abrir los ojos y ver otra vez el rostro de otro ser humano al que volver a mirar, sin el conflicto de las caricias de ayer, sin más que disfrutar del acto generoso de vivir.

Sigo en la búsqueda de ser consciente de mi yo pensamiento y mi yo palabra dicha, para que entre ambas no exista conflicto alguno, apego alguno, sino que fluya en la confianza de compleja y simplemente ser.

¡Qué maravilloso poder sentir esto entre todos los seres humanos!, si ya es bastante complicado crear un no conflicto entre dos, que se quieren amar, querer, apegar… ¿sería posible crear una red de individuos conscientes, sin miedo a sí mismos, a no perder, a no atrapar el mundo en imágenes estáticas, que pudiéramos darnos la mano, en paz, sin buscarnos constantemente en los demás?.

Es un sueño, es un imposible ahora, cuando el apego a nuestra propia imagen pasada nos delata un futuro estático y separado por la soledad del mundo que existe en nuestro pensamiento y el que quisiéramos ver y forzar.