Diario no diario. “La belleza no es necia”

Deja un comentario

Cuando alguien me muestra el lado agrio, necio o feo, me voy de inmediato ante el paisaje más bonito que tenga cerca. A veces es el pasaje de un libro, la fotografía de alguien a quien quiero.

Sombra entre castaños

Un ser humano puede ser todo, desde la maravilla de las maravillas, a lo terrible, oscuro, feo, destructible y abominable. También la naturaleza lo es, pero ésta no se discute, pues es consciente de sí aunque sin necesidad, porque su consciencia es innata en su esencia vital y no en el pensamiento, no tiene razón aunque argumentemos lógicas de comportamiento.

Si me das lo peor de ti seré intolerante. Pero escribo para comprender, al menos a mí, en el mejor de los casos, ya que soy el objeto de una agresión verbal, de malos modos, falta de respeto, del vómito y reflejo de una reacción. No lo tolero y no lo entiendo, solo puedo callar y analizar estos juegos de las relaciones humanas, donde la discusión no tiene cabida, pues no se llega a ninguna buena conclusión con quien no es consciente de sí mismo, menos aún si no lo es de su entorno.

Finalmente, sigo sin entender y sin aceptar, comprendo, observo, sin analizar demasiado, ya que es tan evidente,… que, quien hiere, a veces, es ignorante de su ser, de la naturaleza de sus emociones. Si no te conoces, no sabes el porqué de tus reacciones, al menos de la causa primordial. Y es el miedo, (siempre él) y la ignorancia, los detonantes de casi toda complejidad emocional.

Podemos demostrar odio cuando en realidad la causa es el miedo al juicio. Podemos despreciar con faltas de respeto, cuando nos impulsa la envidia. Envidia, celos o rencores, son sobrenombres del miedo que desequilibran la armonía del ser.

-Comprender no hace menos necio al necio ni mejora los hechos-.

-Llegar a conocerse bien es complicado, pero las relaciones y circunstancias ponen a prueba quiénes somos y cuán conscientes nos hacemos de todo-.

-¿Para qué sirve conocerse?-, me pregunta mientras paseamos.

-Para saber por qué haces ciertas cosas, de las que después aceptas las consecuencias y terminas viviendo con una gran joroba de hechos que olvidar, perdones que nunca pedirás o concederás y en el peor de los casos, olvidando u obviando aunque pierdas a las personas que estaban a tu lado-.

-Un mal momento lo tiene cualquiera, la imperfección y el error es intrínseco al ser humano-.

-Una reacción desmedida es subjetiva-.

-¿Y una comedida?-, preguntó sonriendo y levantando una ceja.

-Acorde a la situación, sería lo propio-.

-O sea que si me cuentan un chiste que ya conocía y que me hizo cierta gracia en su día, pero que hoy me hace reír a carcajada limpia, ¿es una reacción desmedida?-.

-No lo es, si no contiene malicia, sarcasmo, ironía u otro propósito con intención de ofender a alguien-.

-¿Debo contenerme para no ofender si me dan unas ganas tremendas de hacerlo si alguien me cae como una patada en el culo?-.

-Pues si. Nadie te obliga a estar con esa persona, y si has de estar en el mismo lugar o reunión por causa mayor, pues has de ser lo suficiente humilde como para evitarla o procurar no caer en trampas dialécticas, necias o sin buen fin. A nadie aporta nada esto. Vete de su lado, o también puedes optar por decirle que no estás de acuerdo o no compartes la misma opinión, callar mejor que ofender-.

-¡Con lo bien que sienta poner a alguien en su sitio si le tienes ganas!-, se rió.

-Está mal, es feo esa actitud, inmadura también. Aunque desahoga por un rato, eso si. Pero hay que comprender que la persona tonta o necia, lo es y ya está, no hay posible discusión con quién no quiere oír y no desea que nadie le exponga su necedad y fealdad ante las narices-.

-¿Cortesía?-.

-¡Respeto!-.

-¿Me trago mi orgullo?-.

-Conservarlo para cuando realmente te sirva, tu amor propio no será dañado si eres humilde-.

-¿No me puedo defender?-.

-Si que puedes, mientras no entres en juegos ni comportamientos que lleven a más violencia, sin acritud. Hasta para defender tu dignidad has de ser humilde y pacifico, pues aquel que usa la agresión verbal o física no tiene más argumento ni arma y ante esto, es mejor marchar, dar media vuelta y alejarte-.

-¿Y todo esto para qué?, ¿no se puede ser instintivo, impulsivo, he de tener conocimiento y conciencia de mí constantemente como para saber ser comedido en cada situación?-, dijo con cierto drama pero siempre con una sonrisa en los labios.

-El conocerte simplemente te ahorrará problemas de comunicación y llevarte a terrenos a los que no quieres llegar. Pero esa consciencia de ti mismo y de los demás llegará a ser tan natural como respirar, una vez que fundamentes las bases, todo va solo, como en la naturaleza, casi sin ser consciente-.

-¿Nos quedamos aquí un rato?-, propuso.

-Todos se han sentado mirando hacia el monumento, si, ¡es precioso!-.

Entre maravillas

Huiré de lo banal, aunque sea por un instante, un hola, un guiño, un gracias, adiós, buenos días cordial o la mirada de un gato, será para esa persona precisa y para nadie más, aunque no sepa su nombre o sus vivencias, alegrías o tristezas. Pues siento que nada ha de pasar desapercibido, en cada instante de los días. No será cuestión del deber vivir con intensidad la vida, como si fuera el último día de tu vida. Es solo saber que has de ser y dar lo mejor de ti. Por muy fugaz o breve que sea un contacto, ha de ser veraz.

Y me fui a sentar al lugar más hermoso que hay en esta ciudad, alejándome de la necedad.

Los hay sencillos como la orilla del río, el sonido de los vencejos o el buenos días con la mano de un madrugador corredor.

Pero quise estar rodeada de la más compleja belleza y maravilla, para que me colmase todos los sentidos.

En la ciudad los ruidos casi no me dejan oír la musica del auricular, demasiado caos, como el de los viandantes y sus prisas. (Quizás yo sea una más).

Hoy no hubo canciones, ni yo tarareé, solo el rumor del correr del agua, las fuentes, los pasos y sin alientos del que iba en mi misma dirección, los colores y la luz entre los castaños, la tierra y empedrados que sentí en las plantas de los pies.

Quise descalzarme y unirme a tanta armonía, pero solo estuve, como parte de ese todo, sin prisas y sin lugar a discusión.

La belleza no discute.

-La belleza no es necia-.

-¿Qué me miras?, siempre sonriente mi tranquilo amigo.

-Has puesto la misma mirada que el gato de antes-. También sonreí, volviendo a mirar la maravilla.

-Estoy de acuerdo contigo sobre lo de la belleza, que no es necia, pero no en lo de conocerme, ¿qué importa si parezco un gato?-.

El gato

Anuncios

Diario no diario. “¡Guapa!”

Deja un comentario

Muchas veces me dicen guapa, otras no me doy ni cuenta, pues me lo dicen en plan: “¿yo soy guapa?”, (no soy una experta, pero debe ser porque valoran mi belleza a priori).

¿Soy guapa?

Debía tener unos 14 años o algo así, y mientras me miraba al espejo le pregunté a mi madre: “mamá, ¿soy guapa?”, por supuesto ella me dijo “si”, incluso recuerdo una vez que me animaba a presentarme a algún concurso de belleza. Nunca me sentí ni guapa ni fea, la verdad es que incluso cuando le hice esa pregunta a mi madre ya sabía la respuesta, y tampoco me importaba demasiado, pues te vas creando una impresión de ti en la medida en la que te tratan los demás, y no me vi más aceptada o rechazada por mi aspecto físico.

Me pregunta mi amiga: “¿soy guapa?”. Yo le hablo de impresiones, de proporciones, cánones, formas de ser, de rostros agradables o más expresivos; que la belleza se desprende desde dentro y se irradia con tu forma de hacer y ser, de ver las cosas, el mundo y cómo vives. Mi amiga me volvió a preguntar: “¿pero soy guapa?”, le respondí que si y resalté lo que me gusta de ella y dónde veo su belleza… no sé si quedó convencida.

“No, eres fea”… ¿deberíamos contestar así?, ¿de verdad?, ¿de mentira?. ¿Debería haberme dicho mi madre que soy fea?. Cuando lo sabemos perfecta y honestamente, si somos uno u otro, no nos hace falta confirmarnos con preguntas retóricas.

(No he sido nunca tan consciente de la belleza como ahora)

Feos y guapos

Mi amigo me dice siempre: “es mejor ser guapo que feo y estar delgado que gordo”.

Desde que somos pequeños intentamos inculcar que la belleza está en la forma de ser, hacer, sentir y pensar, pero a la vez vendemos la imagen totalmente contraria, un camino paralelo de consumo que nos tiene sorbido el cerebro.

¡Es intolerable!… la verdad, no lo acepto.

He creado la idea de que le he gustado a la gente por mi forma de ser, mi sonrisa, mis palabras, forma de moverme, de ser, sentir… y supongo que era así. No concibo otra forma de apreciar la belleza.

Los habrá feos que ni se planteen serlo, y lo sepan aunque nadie se lo diga, y se sienten bien, vivos, sin pensar nada mas que en vivir, vivir en consecuencia, con consciencia, disfrutando. Los habrá guapos, que ni se lo digan, porque no lo desprenden, porque nadie les ve… o se sientan tan feos por dentro que así se refleje.

Amor propio 

Quizás… el que se siente feo no pueda cambiar jamás sobre sí mismo, sin amor propio.

Si haces cada día lo que puedes por lo que quieres, intentas ser feliz y sobrellevar la vida lo mejor posible, te cuidas un poquito y no te miras demasiado el ombligo, trabajas y procuras llevar una vida saludable emocional y física, creo que es suficiente para que seas guapo o guapa. Pero aún así, lo importante es que la belleza está en la manera de hacer las cosas y en el qué haces, y no si tienes la nariz torcida o un ojo más grande o la piel con manchas o las piernas cortas o más o menos barriga…

…¿de verdad?, ¿me tomáis el pelo? ¡Qué hipócritas todos!, solo queremos que nos regalen los oídos.

Sobrevivimos en un mundo regido por la venta y el consumo, donde pierdes la personalidad y dejas de pensar por ti mismo.

Los cánones

¡Busca las proporciones perfectas en tu forma de ser!

El canon de la belleza está en la armonía en lo disonante, en lo que nos comunica una buena sensación, o rompe las reglas, en el bienestar, la paz, felicidad, en el llanto que te arranca una ópera y la tormenta eléctrica que nos pilla lejos, en lo que nos hace reír o lo que es cotidiano, normal, en lo extraordinario y extravagante.

La belleza y la fealdad

Nos sentimos guapos cuando amamos y somos amados, triunfamos, logramos, construimos, ganamos, reímos, nos divertimos, nos cuidamos… O feos, en la intolerancia, en la traición, en la frustración, en el desprecio, el dolor, el fracaso, con la mala conciencia, si haces daño o si te tratas mal.

No hace falta que enumere la cantidad de cosas horripilantes y feas, sin lugar a dudas y de igual proporción, para toda la humanidad. Igualmente podríamos hacer con la cosas bonitas y preciosas, o bellas hasta lo extraordinario, en nuestro mundo… y todos coincidiríamos.

No he sido nunca tan consciente de la belleza como ahora, que todo es tan feo.

Pero no me importa ser guapa o fea. Miro un mundo perdido, dañino, descompensado, pobre, solitario, envidioso, celoso, iracundo, traicionero, injusto… …feo, muy feo, y pienso en que todo ello es reflejo de lo que yo soy, porque soy parte de esto, una más, hecha de lo mismo. …Puede que mi amigo tenga razón, es mejor ser guapo que feo.

¿Pintaría igual aunque el mundo me dijera fea? 

Me dicen “¡guapa!”, en el bar (cuando pago el café “gracias guapa”), trabajando (cuando me dicen “hasta luego guapa”, comprando (“dime guapa”), o paseando (de vez en cuando con piropos típicos), y los más amorosos me dicen: “guapérrima”.

Diario no diario. “Flores en el pelo”

1 comentario

Ayer salí a pasear por el centro de Granada; era un día festivo, las tiendas estaban abiertas y yo caminaba casi en contra corriente, del paseo de bolsas de compras de la multitud. Me encanta que las calles estén llenas de gente, poder verlas pasar, curiosear las conversaciones que llegan a los oídos en palabras sueltas, risas o miradas cómplices.

Ayer me sentí fuera de todo lo que me rodeaba. Todos andaban de una tienda a otra, paseando, entrando a los bares, parados en el paso de peatones, en familia, con sus hijos, charlando, riendo; oliendo a colonias, peinados perfectos, ropa preciosa de un día festivo; iban con bolsas en las manos, compras, probables, navideñas. Yo, en mi paso por esta ciudad, que me acogió por tantos años, trabajando, viviendo, comprando, riendo, esperando en la parada del bus o a que se pusiera en verde el semáforo; me sentí esta vez ajena a todos ellos.

Pasó una chica, preciosa, con el pelo arreglado a bucles, negro y brillante; una ropa aparéntemente nueva, iba acorde a la moda, embelleciendo la forma de su cuerpo; llevaba una horquilla con una flor artificial en el pelo. Recordé entonces, que yo llevé flores en el pelo una vez. De camino a la facultad, al trabajo, cogía margaritas o jazmines, la que encontrara por el camino en jardines, públicos o privados, en los parques o macetas en ventanas a pié de calle…

¿Por qué no llevo flores en el pelo ahora?, ¿qué me hizo sentir esta chica?.

Todos pasaban, yo miraba, como siempre, observando rostros o gestos, todo eso que normalmente observo, como buena voyeur, para después enriquecer mi mano al dibujar. Cuando me dí cuenta que sonreía ajena a todos ellos, los observaba como si yo no perteneciera a todo eso que les movía a estar allí, a comprar, salir a encontrarse con otros a pasar un rato en el bar o al teatro, al cine. Yo andaba observando.

En estos momentos de mi vida, no me siento de ninguna parte, me siento parte de las personas que encuentro, de muchos lugares, pero no formo parte de la sociedad. Apenas me asomo, como una montaña nevada entre las nubes de la tormenta, a la sociedad cambiante y en crisis que no soy capaz de seguir por mucho que corra. Es querer formar parte de todo y llegar casi sin aliento. Una respiración asmática que me hace tener que parar a recuperarme.

A veces me duele demasiado sentirme así, ni con flores en el pelo podría disimular formar parte de ese todo que se mueve como una maquinaria perfecta, en esta selva de cemento y ladrillo, a la que si no perteneces, casi te rechaza en inflexión, sin piedad gritando: “¡fuera!”.
Como inmigrante de lugares que no pueden entrar a convivir entre ellos, rechazados por no subirse a formar parte de la sociedad segura, que no acepta que la vida cambie ni en momentos en los que es obvio tener que darse la vuelta, del revés, si fuera necesario; sacrificando la comodidad, la seguridad de un mañana como un ayer.

¿Y si me pusiera flores en el pelo, podría ser como esa chica, pasar entre la multitud como parte de ella y no como voyeur?

Me pondré mañana una flor en el pelo, es época de florecer margaritas, así que entrelazaré una en mi horquilla. Iré a pasear, puede que siga sonriendo y observando, pues me siento parte de la vida aunque a veces no me veas, existo, soy, estoy ahí, paso por tu lado. Mañana, con mi flor en el pelo, quizás te gires porque te llegue el aroma o aprecies el color de mi margarita; puede que me sonrías, me mires de reojo y con esto…

…no seré más ajena a tí.