Realidad aprendida

Siempre he sabido cómo quise ser y cómo quería hacer, no tanto el qué, eso lo fui conociendo, eligiendo por intuición, porque me guiaron bien o vi que tenía cualidades. Vas desarrollándote y especializándote, pero la constante en todo es ese cómo quieres hacer y ser. A medida que pasan los años, sigue siendo inamovible, pues no es un lugar o algo concreto, es una actitud, un estado, una forma de ver y ser.

Lo que no se quiere, es algo que se aprende a ver, probando, arriesgando hacia lo que presientes te va a hacer sentir bien y no encaja con quién quieres ser. Y lo que he aprendido es a ver y saber lo que no quiero ser.

Elijo no ser.

No seré una medicina, un tratamiento psiquiátrico, una terapia de curación, la chispa vital que conmueve a otros.

No seré interiorista o mago ilusionista, ni animadora de vidas anodinas, ni guía ni ejemplo.

No seré calmante ni antídoto de suicidas, jardinera de jardín ajeno, madre de hijos malcriados, ni cocinera de famélicos con bulimia.

No seré una tabla a la deriva de náufragos instalados en la desesperación; no me encargaré de que salga el sol.

Soy un ser humano, igual a otros, con las mismas desidias y pasiones, dramas e ilusiones, alegrías o dolor. Soy un hombro en el que apoyarse y lágrimas que mojarán el de otro, risa que contagiar y brazos que abrigan o ser abrigada. Puedo ser jardinera de un jardín propio abierto a disfrutar, cocinera de uno, dos o cien comensales sin pesar, soy piel para acariciar y adorar, mente con la que imaginar y manos con las que levantar un hogar. Soy contenedora de mi chispa vital, energía que mueve mis propios pies y manos que pueden colaborar, con voluntad propia, capaz de sembrar o cultivar.

Soy una persona dispuesta a disfrutar, ser vivida y correspondida, en su totalidad. Amiga, hermana, hija, compañera, pareja, tía, visitante, cuidadora o amante fugaz. 

No seré herramienta de otro ser humano, a lo máximo o lo mínimo, un elemento más, que interactúa con todo. Otro ser vivo que forma parte del universo, capaz y vivo.

Mi única responsabilidad, compromiso y función vital es: ser lo mejor de mí, en referencia y respeto a la vida que corre por mis venas.

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