Inventando. “Cosas de la vida”

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-¿Qué es lo que más te gusta de la vida?-

-El placer-

-¿Qué placer?-

-El placer de amar sin esperar a que me correspondan, el de ser amada sin necesidad de corresponder, el de dejarte llevar por el sueño al acostar, el de leer y no terminar si no me gusta el libro, leer durante todo el día sin nada más que hacer hasta acabarlo, de pintar o no, de escribir o no, de dormir o no, de correr sin prisas, de salir, entrar, ir, venir o no, el placer de comer lo cocinado a fuego lento o combinar sabores como un alquimista, el de ir a sesión continua de una película preferida, el placer de estar tan cómoda que ya se acabara el mundo que no me iba a mover, el placer de estar flotando a la deriva en el agua del mar, el de la ducha caliente en invierno y de la fría en verano, el de hacer surcos y montañas en la arena para nada, el de quedarme en la inopia entre la multitud y el bullicio, el de rellenar un formulario de la administración tomando un café y dedicarle toda la mañana, con buena letra, para que se marque bien en cada copia, el de sentarme a la mesa al desayuno con toda mi familia y no levantarnos hasta después de cenar, el de mirar un horizonte y caminar hacia él sin pensar en después, el de decir todo lo que pienso o callarlo, el del estar en una fiesta y no bailar o no parar o no ir y quedarme a solas bebiendo un vino y viendo una vieja película, el placer de despertarme antes de que salga el sol y esperarlo mirando por la ventana, con un té entre las manos, el placer de dormir en el tren y que te avisen de que ya has llegado, el de dormir en el bosque, en la playa, en el suelo o incómoda en la sala de un aeropuerto, esperando un avión a saber dónde, el placer de jugar una eterna partida de ajedrez, el de hablar en otro idioma y que alguien te entienda, el de cantar ópera desafinando, el de escuchar música todo el día menos cuando canto o duermo o leo o quiero sentir el placer del silencio absoluto, el de oír lo que nunca oyes porque hay demasiado ruido, el de una amistad inesperada, el placer de sentirte querida y que sea mutuo-.

-Lo que a ti te gusta es la libertad y hacer lo que te da la gana-.

-Si, ¡qué placer!-.

Diario no diario. “Amor y odio entre libertad y confianza”

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¿Confías en quien te quita o da libertad?

¿Confías en quien se siente libre?

¿Da libertad tener confianza?

¿Da confianza sentir libertad?

¿Se puede ser libre sin confianza?

La libertad es un estado expresado en acción. Otorgarse y dar a otros el derecho a hacer y ejercer según su pensamiento y voluntad, sin ser coaccionados.

La confianza es un estado de fe, que da energía motora a lo que se hace. Es un sentimiento de seguridad y propósito firme sobre lo que somos, pensamos, nuestras creencias y deseos.

¿Podemos hacer libremente algo pero no tener confianza en que el resultado sea el deseado?

¿Podemos tener una confianza absoluta en algo que sabemos no poder llevar a cabo por ser o estar coaccionados?

Existe una relación de amor y odio entre estos dos estados, pues a veces la confianza plena en nuestras capacidades nos aporta la libertad de ejecución y poder realizar lo deseado, sea cual sea el resultado. Pero sin confianza en lo que hacemos, ni en nosotros o en los demás, estamos provocando una oposición a la libertad de acción.

Como casi todo, la perfecta conjugación de ambas es la clave para que surja la mejor comunicación en las relaciones con los demás y el entorno, ya que tanto una como otra, están rozando el mutuo respeto, dependen de ingredientes adicionales y trabajar la conciencia de uno mismo, la comprensión, humildad, generosidad, compasión, tolerancia, amor propio, … Y caminando en sutiles diferencias, llevan al mismo lugar: ser tú y ser consciente de la existencia de todo lo demás.

La libertad no otorga poder de invadir la de otros, sino tener conciencia de ti mismo, como la confianza no da el poder de abuso, sino fe en ti y en los demás.

La libertad necesita de la confianza en nosotros y en el entorno. No se puede tener libertad sin confianza y no se puede confiar sin sentir libertad.

Inventando. “El miedo infundado”

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¡Uuuu! ¡uuuu!… se oía aullar al lobo.

La muchacha miraba el horizonte montañoso, una neblina espesa cubría el bosque y le hacía temblar de duda y desconcierto.

¡Uuuu! ¡uuuu!… se oía aullar al lobo.

Muy lejos de aquel paisaje, ese sonido le perseguía y amenazaba, como la afilada espada del valiente samurái.

¡Uuuu! ¡uuuu!… se oía aullar al lobo.

La muchacha vivía entre bellezas y alegrías, en cálido hogar arropada, sobre asfalto paseaba con su amor de la mano, pero no podía ser feliz del todo,

¡Uuuu! ¡uuuu!… se oía aullar al lobo.

Al caer en el ensueño, la muchacha imaginaba al feroz animal corriendo hambriento hacia la frontera del bosque buscando su blanda carne para morder.

¡Uuuu! ¡uuuu!… se oía aullar al lobo.

Mientras, y ajeno a los sueños del hombre, aullaba el lobo a la noche, apresaba pequeños manjares, se acomodaba, solitario, en la cueva entre las rocas montañosas.

¡Uuuu! ¡uuuu!… se oía aullar al lobo.

~El miedo~

A veces debemos aceptar nuestros miedos como una parte de nuestro ser, sabernos conscientes de aquello que pueda amenazar la felicidad, confiando sin más y no estando alertas , pues nuestro instinto nos llama a la experiencia de lo vivido y siempre habrá un aullar o un íncubo acechante. Comprendiendo el temor como algo intrínseco a lo natural, dejará de perseguirnos para saber que no vive éste deseoso de devorarnos.

¡Uuuu! ¡uuuu!… se oía aullar al lobo, inconsciente de ti, de mí.

La muchacha dejaba de oír a la bestia, comía, sonreía, paseaba, amaba y vivía, sabiendo que ahí estaban sus miedos, y que el aullar no tenia que ver con ella.

¡Uuuu! ¡uuuu!… se le oía aullar, con el estómago satisfecho, al claro de luna, desde su garganta salvaje e inexorable forma de ser, un lobo.

Inventando. “En el mar no hay puertas ni ventanas”

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~

Mientras salía por la ventana me di cuenta de que había dibujado un sendero en el muro exterior. Lo seguí confiada, ya que creí recordar haberlo hecho yo misma.

A medida que avanzaba el camino, algunos trazos, que aparecían borrosos al principio, fueron tomando forma y colores nítidos. Al final del sendero encontré una casa y otra ventana, me paré e investigué si había puerta de entrada, cuando de repente, ahí estabas tú, diciéndome adiós con un beso en la mano, y me vi a mí misma saliendo por la ventana y siguiendo el sendero dibujado.

Esperé a alejarme y te observé mientras me mirabas marchar. Entonces, cogiste una lata de pintura y cubriste el dibujo hasta blanquearlo por completo.

No supe hacia dónde ir. También me preocupaba si mi otro yo encontraría el camino bajo el recién blanqueado, así que, cuando hubo anochecido, terminé de cubrirlo todo, tanto ventanas y la puerta, y pinté un inmenso paisaje lleno de senderos, montes, caminos, bosques, ríos y horizontes, un mundo sin puertas ni ventanas.
Y me dibujé a mi misma, llegando al mar.

~

Inventando. “Mi carro tirado por 100 caballos”

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Al galope y con tranquilidad…

-¿Será al trote?-, digo.

Al galope, decía,… con tranquilidad. Aprendí a ir con uno, y lo mismo da si fueron dos, que ahora tres o cien.

-¡Ya serán menos!-, digo.

Al trote…

-¿Ves?, lo que te diga-.

…Al trote, decía,… iba, disfrutando con improvisado galope…

-Desbocados-, digo.

…improvisados estos diez y luego otros diez, hasta cien…

-Diez serían suficientes-, digo.

No eran suficientes, si aún más lejos quería llegar. A cada uno le puse un nombre…

-¡Sigue!, entusiasmada e incrédula estoy-, decía.

Si, decía,… un nombre puse a cada uno, todos se llaman “LIBERTAD”…

-No lo puedo creer, pues no existen tantos nombres de libertad, aún menos atados, si desbocados no los dejarás estar-, digo.

Sin ataduras, sin estribos o cordel, pues ahí quisieron estar cada caballo y corcel. Decía… que cien nombres, uno a cada uno, si te quedas te los recitaré.

-No me muevo hasta que me cuentes cómo, quiénes, cuándo y por qué-, digo.

~

Primero, Único, Osado, Universal, Jamás, Valiente, Ego, Libertino, Creativo, Individual
Coraje, Capaz, Sencillo, Grandioso, Atrevido, Fantástico
Imaginado, Fugaz, Real, Ocioso, Autónomo, Auténtico, Esencial, Veraz
Naturalmente, Camino, Sinlugar, Galope, Maravilla, Fuerza, Debilidad, Insultantemente
Sendero, Singular, Trotador, Vencido, Franco, Fraternal, Juicioso, Paciente
Poderoso, Locuaz, Curioso, Honestidad, Peludo, Precioso
Honesto, Espiritual, Oscuro, Claridad
Pequeño, Vital, Locura, Pasión, Cobarde, Orgulloso
Albedrío, Amante, Carnal, SinSon, Dudoso, Igual, Mínimo, Precioso
Tanto, Diamante, Sordo, Prisionero
Máximo, Inusual, Regalo, Soñado, Fiel, Tolerante
Voluntario, Fiero, Voraz, Donado
Solista, Compañero, Insulto, Doliente, Medio, Altivo
Ruina, Jinete, Similar, Atractivo, Destino, Breve, Huidizo, Grito
Aquí, Natal, Moribundo, Leve, Sutil, Informal, Vivo, Final

~

Aquí los cien nombres de mis corceles,…

-Me perdí pero te oí con atención, no todos son o hablan de libertad-, digo.

…y caballos, decía, que son y hablan de libertad, pues cada uno vino eligiendo lugar y momento, tirar o empujar, correr, parar, ir, venir o seguir,…

-¿De qué les sirve a ellos tener un nombre?-, digo.

…libres son siempre, decía, y sus nombres… no sirven para nada, me los acabo de inventar.

-¿Para eso esperé?-, digo.

Si, para eso y para tener un nombre también, fuiste el 101 de mis caballos, hasta aquí llegamos juntos, vete si quieres, digo, eres “LIBRE”

-LIBRE-, digo.

…Eso es, te decía, y yo…

-¿Y tú, tienes nombre?-, digo.

…y yo, decía, hoy fui “TÚ”.

Diario no diario. “Manifiesto de libertad I”

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Estoy lejos de ser una buena amante o dedicada amiga, hermana o madre. Incluso estoy lejos de ser mujer.

Todas mis energías y herramientas están expuestas sobre una mesa de dibujo, donde he de fabricar mi sustento, abrigo y cobijo.

-Señora Woolf, me da igual ser mujer-

Mi asiento es una maleta repleta de cosas prestadas, y lo suficientemente amplia para acoplar mi cuerpo en la siesta.

Es el mundo de los sueños donde me libero del desapego y me uno a los que quiero. Convivo en familia, y mi cuarto es blanco con una claraboya que me muestra el inmenso azul, sin más muebles que una puerta. Construyo edificios de palabras y observo la mágica naturaleza, donde las hormigas vuelan, en perfecta fila, a través del desierto y lagos, transportando su alimento para el invierno. Donde las alas de mariposa no sirven más que para volar. Un lugar donde nos podemos tocar y reunir a comer sin los limites del espacio y el tiempo.

Estoy lejos de reposar sobre el pecho de la espuma de mar, de perderme en la mirada del íntimo o esquejar crasas para el jardín.

Tan lejos de poner sexo a mis manos, pies o a mi mente sin igual. Me he quitado el rímel, coloretes y el carmín, camino descalza y el pelo no se me enreda al viento.

Es vivir el sobrevivir, lo más cercano a ser un individuo.

Es sobrevivir el vivir, lo más lejano al individuo.

Quizás este desarraigo de mi propia anatomía es pura feminidad, y si así fuera, mejor, pues no habría de preocuparme si me soy fiel o no. De ser parte de un grupo o una comunidad que se define por la “a”.

Me paro a analizar cuando no pensaba sobre ello, y ahora que llevo días mirándome, -brindo por ti, señora Woolf- me di cuenta de que me olvidé que soy mujer.

Y sigo con lo que hacia: pintar, escribir, pasear, comer, lavar, dormir, correr, cocinar, remendar mis ropas, charlar y otras mil tareas que ocupan cada minuto de mis días. Y no me planteo no hacerlas si no fuera mujer. Y aún comprendiendo los diversos estados que nos hacen “no iguales”, sigo sin sentirme más o menos femenina.

Si soy mujer, pero no me lo planteo.

Eso debe ser algo arraigado en mis genes, en mi infancia y juventud, que heredé de la evolución social y trabajo, lucha y reivindicación que supuso a mis antepasados ser mujer y no poder sentirlo de una forma natural y en todo su esplendor, tanto como lo hace cualquier forma de vida.

Soy una mujer.
Un ser humano.
Un ser libre de ser.

– Enchanté y gracias por estos días en los que te leí, señora Woolf-

Mujer sin igual

Inventando. ¿A quién importa?

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¿Qué importa lo que yo quiera?
Si deseos pido al cielo fugaz
Apagando velas una vez al año
Arrancando pétalos a las flores
Soplando las semillas de diablo
Cerrando los ojos antes de cantar

¿A quién importa mis sueños?
Que mios son y de nadie más
Lugar inventado de dicha irreal
Solo yo traiciono mi intimidad
Acomodada en el pecho del mar
En mi agenda hay nuevos por anotar

¿A quién importa lo que quiero?
A mi me tengo para hacerlo real
Encantada en la egoísta sin edad
Sobre filos de navaja me muevo
Soy juez, creador y la oportunidad
Y son mías las manos y el pensar

Inventando. “¿Quiero ser libre?”

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Quiero ser libre atrapada en los sueños
la dulce fantasía de ir de flor en flor
marchitando y renaciendo en deseos
me doy un día derrochado en amor.

Correr hacia ti cuando me apetezca
sin miedo al no y a lo que así es
en convenio de lo que acontezca
soltar el tóxico que pesa los pies.

Desatar la risa a la nueva ilusión
abrir las ventanas y quitar cerrojos
combatiendo gigantes de cartón
troquelados por sus mil antojos.

¿Quiero ser libre?, de noches y días
recorrer la montaña y el desierto
coger o dejar mi agenda de citas
un mañana sin compromiso despierto.

Diario no diario. “Mío”

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“Solo tengo una manera de querer”, eso me respondió mi amigo un día, después de ver cómo besaba, hacia carantoñas y le decía cosas bonitas a una perrita, su sobrina canina; la misma forma con la que expresa su cariño a sus seres humanos queridos. Tuve la primera sensación tipo “vaya, qué tierno y bonito”, pero después sentí celos de recibir igual trato.

El porqué de los celos, la posesión, la libertad, las formas de amor y la correspondencia emocional.

Es una barbaridad meterme en este berenjenal conceptual, que es bastante relativo y del que se escribe y se sigue estudiando tanto, será porque da demasiad0s quebraderos de cabeza a todo el mundo.Y por algo será, que me parecen emociones que no varían ni evolucionan con la sociedad, quedando obsoletos y arcaicos en su práctica para un objetivo no adaptado a la realidad.

Los celos

Puede ser que desde que nacemos y tenemos toda la atención de nuestro cuidador, creamos vínculos y apego que nos llevan a tener un sentido de la posesión de estas personas, cosa que no eres consciente hasta que llega un hermano u otro bebé al que tu madre hace carantoñas. “Mi madre es mía”. Así tu mejor amigo, ese con el que tienes mayor complicidad y apego, puede que tenga otros compañeros con los que tenga tanta intimidad o mejor afinidad que contigo y le llegues a reclamar más atención y tiempo. “Mi amigo es mio”. Si ya complicamos más aún las relaciones, los novios y novias “son tuyos”, por supuesto que no lo compartirías, a tal nivel de derechos, con otra persona.

…mientras somos niños… en tanto la adolescencia… y en fin… llegamos a complicar más aún la vida, con responsabilidades, sueños, proyectos, objetivos, metas, profesión, propiedades, deberes, derechos, pagos, hijos, familia y dinero. Sin tener en cuenta etapas de evolución personal, experiencias que nos van puliendo el carácter, frustraciones y caídas varias que acontecen en nuestras vidas.

De repente aparece este sentimiento tan destructivo, los celos. Queremos que nos quieran a nosotros más que a nadie, que a nadie quiera como a ti te quiera, que no haga el amor a nadie más que a ti y de la misma manera, y nadie será mejor de lo que tú has sido. Porque la pareja es para ti, de tu propiedad, no podrá reproducirse con nadie más. Y no es esto lo realmente importante, lo que más nos preocupa a las parejas es que lleguen a tener tanta complicidad, intimidad o vínculo con otra persona de tu mismo sexo, que solo les falte follar, para que sean lo mismo que tú, exceptuando la parte de compartir casa, familia, facturas, proyectos en común… como aquel, … si, ese, … ummm, tener un hijo… o ese otro… si, ummm, ese que suelen hacer las parejas en el futuro… eeeesoooo… (buh, ni puta idea), divertirse lo más posible, en cualquier caso.

La pareja

Todos queremos tener compañía, nos gusta la idea de compartir la cena o el desayuno, discutir con alguien de tus decisiones, que te escuche sobre lo que pasó en el trabajo o de qué color pintar las paredes. En mayor o menor medida, hasta el más amante de la soledad o lobo solitario, tiene a alguien cercano con el que compartir esto, sea amigo, colega, padres, hermanos, gato o el barman.

Hay quien quiere lo que viven los protagonistas de los cuentos, series y películas, claro, es idílico, tanto en matrimonios que llegan a viejos juntos y unidos, después de haber superado los avatares de la vida, el trabajo, la crianza y quién sabe cuántas cosas más, como en parejas que superan tantas piedras en el camino que la magia del destino hará que pasadas todas las penas, finalmente se unirán porque “es el destino“.

La realidad es otra, a veces funciona así, se unen personas que se acompañan toda la vida, incluso dejando de ser parejas, siguen siendo colegas de profesión. Tenemos ejemplos conocidos en el mundo de la música, el arte, la literatura, la ciencia, la danza o el deporte. A pesar de los cambios que genera el tiempo en la sociedad, hay relaciones que fructifican, familias que van bien y superan unidas lo que les acontezca, igual que hay personas que siguen hacia delante y van superando traumas y momentos de gran shock .

Los cambios emocionales que sufrimos con un desamor o una separación, desilusión, pérdida o abandono, son duros de superar, pasamos por fases que ocupan todo nuestro ser, abordando todos los aspectos de tu vida hasta que los vas superando y finalmente aprendes a vivir otra vez.

El problema de los celos radica en estos sentimientos de posesión y éste en nuestra forma de amar, en cómo hemos aprendido.

“Mi madre” “Mi juguete” “Mi ropa” “Mi hermana” “Mi mejor amiga”

“Mi coche” “Mi casa” “Mi ordenador” “Mi dinero” “Esto lo he hecho yo y es mío”

Mío

¡Mi novio, novia, mi pareja, mi marido, mi esposa!

Estamos en el siglo XXI, evidentemente ya no estamos en peligro de extinción, muy mal tienen que ir las cosas para que haya que ir a cazar un jabalí para comer y no tenemos problemas para buscar un lugar seguro para vivir y protegernos de las inclemencias del tiempo, (en general, digo, me planteo esto desde la cómoda situación de la clase trabajadora y adaptada a la tecnología… en fin, tampoco me voy a meter en temas más deprimentes).

Pues me planteo que, si el hombre ha tendido siempre la comodidad, a tener más tiempo para el placer y el ocio, y hemos inventado todo tipo de cacharros para facilitar las tareas y minimizar el esfuerzo físico, ¿cómo es posible que no seamos consciente de esto?

El placer

Ya no buscamos al mejor macho o hembra para mejorar la especie, queremos sexo. Nos gusta el juego del amor o lo que creemos que es el amor, en esto del sexo, me refiero. Porque a nadie se le ocurriría buscarse un hermano por un fin de semana, buscar, enamorarlo, hacerle el amor y después decirle: “no, perdona, no es para siempre, soy más de ir de un hermano en otro”. Pero si ocurre con las parejas.

Todos queremos asegurarnos ese entorno de apego, tener ese alguien con quien sentarnos a echar unas cervezas en casa tranquilos, sin más, en silencio. Somos sociales, nos gusta ser correspondidos, queridos, aunque sea por tu pececito en la pecera, y queremos que dure, intentamos crear esos vínculos que hagan que permanezca cerca esa persona, asegurarnos tener sexo mañana y pasado mañana y el otro.

Hay quien no, quien prefiere relaciones sexuales, con o sin enamoramientos o romanticismo por medio, esporádicas, sin compromiso de mantener en el tiempo con una finalidad que ninguno de los dos tiene idea, porque realmente es así… ambos temen a pensar que es para toda la vida, aunque parezca que no, es así.

Pensamos que hoy en día lo normal o habitual es que las parejas se unan para terminar conviviendo juntas por alguna razón reproductiva, posible u obligatoria o ejercer como matrimonio ante el círculo de amigos, compañeros, familia y demás. Comprometidos a vivir compartiendo gastos, proyectos por fuerza mayor comunes, diversiones, vicios, ocio, soportar reuniones familiares (por cojones, cuando en realidad te quedarías solo en babia tirado en el sofá durante varias horas).

Si dos personas quieren estar juntas debe haber más motivación que el enamoramiento, la atracción física, la pasión o consecución del objeto de deseo, pues si es solo esto, hoy en día, no tiene más futuro que ese, el conseguir el objeto deseado, después, se acabó la diversión y buscaremos otro nuevo.

En cualquier cosa debe haber una motivación personal arraigada a estar vivos y ser nosotros mismos. A todos nos gusta desarrollarnos, crecer, evolucionar, conocer mejor o hacernos buenos en algo, que nos quieran, que nos busquen, que nos necesiten y ver cómo lo que construimos o nuestro esfuerzo tiene un fruto. Pero tenemos un impedimento muy grande, y éstos son los límites que nos ponemos a nosotros mismos, sobretodo aquellos que se nos imponen desde una supuesta sociedad que has ido formando en tu mente, que ha de ser, la has visualizado de forma tan clara que da hasta miedo pensar que se puede desmoronar por completo.

El miedo

Estoy absolutamente segura que la raíz de todo mal o hecho destructivo (no me gusta el concepto de mal generalizado), es el miedo.

“Si estudias conseguirás un buen trabajo” “Si tienes un buen trabajo podrás comprar una casa” “Si encuentras a un buen o buena chica…”…. en fin, todas estas cosas… trabajo-casa-coche-pareja … y después a vivir y disfrutar de lo que hemos trabajado durante años para que lo tengas fácil. ¡Ala!, ¡ve!, ¡sé feliz! (Nuestros padres se han hartado de currar para darnos estudios universitarios).

Tenemos miedo a expresar lo que queremos, a vivir como nos va dictando la lógica o el instinto, a no cumplir con los objetivos familiares o sociales, miedo a no gustar, no ser lo suficientemente guapos, delgados, listos, valientes, capaces, profesionales, miedo a que nos abandonen, a estar solos, a no corresponder, a defraudar, a no poder pagar lo que se supone que debo tener, miedo a los juicios de los demás, miedo al fracaso de ideales que no existen… PORQUE NO EXISTEN

Mentimos, hasta a nosotros mismos.

Omitimos, lo que realmente pensamos o  sentimos.

Fingimos ser quien pensamos que los demás quieren.

Disfrazamos el amor de destino y futuro.

Ocultamos, debajo de la alfombra lo que no nos gusta de nosotros.

Aparentamos ante la sociedad para desnudarnos en casa.

Simulamos placer, cuando no tenemos ganas.

Encubrimos nuestros actos manipulando los hechos.

Por miedo a no ser y hacer como somos y nos dicta nuestra lógica, haciendo siempre lo que parece que debemos. Miedo a decir no, a decir si, a querer y a no querer, a estar solos.

¿Por qué?, por falta de amor propio, desconocimiento, si, creo que el miedo es ignorancia.

La infidelidad

De esto no voy a pensar mucho, pues hace tiempo que creo que la fidelidad y su juicio social, está vinculado a no propagar enfermedades de trasmisión sexual y a asegurar que el mismo padre no reparta su esperma, tanto para asegurar el alimento a un núcleo familiar y controlar que hermanos, en desconocimiento, se unan en futuro matrimonio… pero esto ya lo hemos superado.

La gente se preocupa más de si su pareja le es o no fiel, de lo que debería realmente hacer: elegir lo que quiere a su lado, elegir cómo quiere ser y qué hacer con su vida.

La libertad

Tiene diferentes valores según dónde, quién o con quién. La más importante es la de tu pensamiento y capacidad de elección. Eres libre de hacer y elegir, tanto como para aceptar deberes, derechos, responsabilidades o desecharlos.

En el aspecto de la pareja y los celos, creo que está mal interpretada esta libertad. Pensamos que si dejamos libres a nuestras parejas sexuales, se irán inmediatamente con una u otro, faltando al compromiso de monogamia supuesta.

La libertad no es lo contrario a la propiedad, a la posesión.

No eres libre al despojarte de todo objeto, deber o compromiso. Y mucho menos es tan sencillo como el pensar en el sexo libre en parejas abiertas, pues aún así, no entran conceptos de libertad semejantes, siempre hay un compromiso, una responsabilidad, un trato de respeto y conciencia.

Libertad es una forma de vivir, sintiéndote feliz con lo que haces y cómo. Esto se acerca más, y entra todo, toda forma o concepto social.

Vive bajo tu propia perspectiva y experiencia, sé libre y decide por ti, sin miedo, sin referencia, arriesgándote, sin esconder ni arrancar ni una sola hoja del calendario, pues cada cosa que vivas es tuya y lo elijas hacer y con quien pasas el día, tiene también un pasado y un futuro propio.

Tu libertad es también no exponerla en manos de experiencias ajenas, es también saberte ante el abismo del desconocimiento y un desconocido futuro del que no sabes nada y no tienes más que saber.

El sexo

El sexo es un sentido, una manera de amar. Es la que no necesita idioma o conocimiento. Es un lenguaje directo, capaz de conmover todos los demás sentidos. Crea una unión y comunicación perfecta y fluida entre dos personas, que sin conocerse, se desnudan y entran en la intimidad del otro, sin más nada. Es un sentido impresionante, si, directo, sin la interpretación del color o el tono, sabores o texturas… son y sin más, fluyen. Bueno, a veces no va, pero son las que menos.

En estas formas de amar, el sexo lo compartes con otros que sienten atracción o ganas de intimar contigo de esta forma, ya no tiene la función de reproducción, así que se ha convertido en un sentido más que podemos disfrutar y desarrollar en sensibilidad como el oído a la música, el paladar a las exquisiteces, el tacto y la vista al arte y a la belleza per se.

Y claro que nos hace sentir extraños que hoy, sigamos pensando que con quien compartimos este sentido, es: “Mi pareja sexual”,  pero en la mayoría de las ocasiones, nos estamos mintiendo, porque en base a lo que montamos nuestra historia de amor, es el deseo de conseguir el objeto de nuestro enamoramiento, que nos provoca la pasión y revuelve las entrañas. Ya no buscamos tener hijos, no buscamos formar una familia con la que sentarnos en la mesa camilla y envejecer haciendo crucigramas o pasear y esperar la jubilación.

No, ya no es así… y antes tampoco, pero mucho menos ahora. Ser madres o padres es una decisión consciente y bilateral.

El amor

Y solo hay una forma de amar:

AMAR SIN MIEDO

AMAR LIBRE

AMAR SIN CONDICIÓN

AMAR SIN POSESIÓN

AMAR POR AMAR

POR DAR

POR QUERER

AMAR PORQUE ERES AMOROSO

ASÍ QUE, ¡AMA!

a tu forma

…y si llegas a amar durante toda tu vida, serás afortunado, aunque sea a tu pez de colores.

“…después de convivir, cuidar y conocer a un perrito lindo, un bodeguero-mix durante tres años, entiendo perfectamente cuánto se puede llegar a querer a otro ser, que de una manera incondicional, responde y te corresponde siempre, sin hora ni momento incorrecto… entiendo y comprendo que la forma de amar otra forma de vida, depende de ti”. 

Post Data: Cuando le ponga nombre a un perrito le llamaré “mi perrito”, así todo el mundo le llamará así, pero a él le dará igual, pues no entenderá más que de mimos y carantoñas, sea quien sea quien se las fuera a dar.

Inventando. “La bestia acorralada”

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Estas dos frases, que salieron a colación en mi vida en los últimos meses, me hacen pensar sobre la honestidad, la libertad y el respeto:

“El gusano pisado se retuerce y dobla. Cosa que le conviene, pues reduce la probabilidad de ser pisado otra vez. Dicho en el lenguaje de la moral: humildad” (Friedrich Nietzsche)

“Omnia vincit Amor” – “El amor todo lo vence” (Publius Vergilius Maro)

 ~

Bestia herida y acorralada, rabia e ira, ofensas, destrozos, heridas… sus ojos enrojecidos no demostraban dolor, tan solo venganza hacia cualquier forma que amenazara su existencia o dudara de su honestidad.

“Soy porque hice”

“Soy libre y respeto tu libertad”

“Soy honesto y exijo la tuya”

“Si yo respeto me has de respetar”

Estos lemas acompañaban a la bestia herida, te los plantaba delante de las narices como el que conquista una tierra. Falsa honestidad tiene su ira, y afirmando: “Yo soy” defiende su libertad.

 (Me miraba con ojos iracundos, la bestia acorralada)

A bocaos, zarpazos, gruñidos, burlas y alaridos, la bestia pisa al gusano. Le exige respeto y libertad, le grita: “¡sé veraz gusano!”, le reclama: “¡Mírame, soy libre!”, le exige: “¡Sé libre gusano!”. El gusano se retorcía, haciéndose cada vez más pequeño para esquivar los golpes.

A la bestia le hacía falta reafirmarse como bestia, el gusano mientras, luchaba por sobrevivir, no pudo plantearse ser o no ser, esto era incuestionable, su afirmación era básica: ser, existir y subsistir. Su vida debía ser respetada per se.

Hay formas de vida que nunca podrán transformarse en bestias, en cambio la bestia si puede cambiar, varía su forma según su concepto de libertad, pero siempre es bestia, no podrá ser cordero o gusano, ni hoja al viento, será siempre bestia, para bien o para mal.

El “Yo soy” se convierte en “Quiero ser a pesar de todo” y al “Yo respeto” lo traduce en “Seré a pesar de ti” y el “Yo soy libre” grita “Eres libre y debes dejarme serlo”.

La bestia, ¿animal o humano?

Animal solitario ante la nada, sin casa ni cueva, sin manada, ni frío del que abrigarse, ni luz de la que resguardarse. Animal solitario, sin hogar, familia, sin punto de partida u horizontes. No tiene días ni noches, va sin compañía, sin tiempo o camino que seguir. Nada que le haga sombra, no hay montes que subir ni un porqué o quién y con qué interaccionar.

Él se decía humano, los demás veíamos la bestia. Esos dos seres habitaban su mundo, uno intentaba buscar compañía a su alrededor, un camino que investigar, caminar juntos quizás. La bestia se dejaba llevar y parecía convencido durante un tiempo, permaneciendo a cada paso, encontrando una sombra, una curva, piedra o algo que comer. Pero era demasiado fuerte su naturaleza dominante y devoraba todo lo cercano hasta crear de nuevo el vacío. Su posible tristeza, soledad o culpa se suplían de orgullo vital, del instinto de supervivencia primitivo más salvaje. Sin sentirse saciado, volvía a generar otro ser en él para poderlo vencer.

¿Cuántos seres caben en uno?

Hasta el más simple contiene múltiples formas en sí. Tantas como encuentros y vivencias tenga. La libertad de ser o la autenticidad del yo no consiste en un ser aséptico y hermético al exterior, no consiste la libertad en gritar más fuerte, vencer o dominar. No hay normas para construir una persona, pues no es nada y emerge por sí a la vida, nace de otro vinculado por un cordón de piel y sangre que le hace comprender, sin aprender, que nunca nacemos solos ni nuestra existencia ha de ser vivida en vano, pues de nuestra carne surgirá otra vida.

Gusano y bestia, ambos nacieron de la misma forma, incluso uno parió al otro y después se quisieron destruir.

Es la vida intrínseca al respeto, lo es la libertad a la elección y la honestidad a la existencia.

Amor y odio nacieron el uno del otro, dependiendo del mismo oxígeno que corría entre sus entrañas.

La sincera naturaleza, con su ciclo natural, es auténtica en su nacer o morir y la honesta libertad del ser, en su libre albedrío, hace o destruye, y nos hacemos artificiales, falsa veracidad del ser que nació natural para vivir y camina dudando de su incuestionable existencia.

Si nos acorralan, buscamos la estrategia para salir airosos y sin daño, si nos hieren, intentaremos sobrevivir a toda costa, defendiéndonos y agrediendo igualmente. No hay nada más iracundo que una bestia herida y acorralada, será capaz de todo y exigirá su existencia con uñas y dientes, con odio y no con amor, destruyendo y no creando. Pero entre la bestia y el gusano, éste elije mantenerse tal cual, se resiste con su forma vital, y como lema de supervivencia “Omnia vincit Amor”.

¿Todo vale para ser, sobrevivir?

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