Expresándome. “Oda a la música o por qué escribo odas”

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Escribo odas porque lo que quiero expresar con la voz de lo incomprensible, la etérea emoción, las voces del desencanto o de los pecados capitales, me sale en rimas y metáforas. La prosa y discutir las dejo regodearse en el divagar, fantasear e inventar. Dar o pedir explicaciones está de más en muchos casos, así que uso el silencio de la curativa sonrisa, del llanto sanador.
Cuando doy sonido al pensamiento y lo digo con las palabras exactas, sin más contenido conceptual, es en las ocasiones en las que pido café en un bar, frutas y verduras en el mercado, con el “¿cuánto es?”; cuando hablo con mis íntimos de las cosas íntimas, en saludos de buenos días, tardes o noches, cuando digo “dígame” al teléfono, me quejo con “ay” por un malestar o cuando me preguntan en qué pienso o qué opino, ¡ah si!, y con el doctor, ahí soy de lo más explícita y nada alegórica. No es que no sea clara, honesta o sincera, es que no sé ser de otra manera.

Confieso que me gusta usar palabras en desuso, en francés inventado, cantar canciones en japonés que no sé pronunciar con exactitud, usar palabrejas que no existen o hacer rimas en el bosque o la playa, en voz alta, así, sin más, por entretenimiento mental.

Y a veces me leen y me dicen “qué bonito” y después preguntan “¿de qué va?”, y yo solo les puedo decir que si supiera decirlo de otra manera más comprensible, lo habría hecho, dicho. Entonces intento dibujarlo, pero el resultado es perplejamente igual.
La única cosa que se me ocurre es explicar qué lo inspiró, y esto es también ambiguo, porque en ocasiones son muchas chispas de aquí y allá, de roces e instantes, de pellizcos o gestos de otros o míos, de abstractas conjugaciones de sentidos, momentos, vivencias propias o ajenas. El pensamiento se divierte en juegos de conceptos, palabras y sinsentidos, ¿no crees?. A veces tampoco lo comprenden del todo. Ni yo, pues el resultado me deja en paz, no sabría cómo explicarlo mejor, simplemente lo escribo.

Creo que es porque intentamos personalizar lo que leemos, somos criaturas empáticas, simpáticas, comunicativas y sociables, nos gusta aceptar y ser aceptados, aprender y ser maestros, querer y ser correspondidos, sentirnos en un mundo común y mutuo, en el que todos sentimos de igual manera. Si, todos sentimos igual en mayor o menos medida. La única diferencia está en cómo lo expresamos.

Debiéramos estar dispuestos a recibir y sentir con cierta ignorancia. Abiertos a lo que no parece ser o estar. A nuevas emociones, formas de pensar, perspectivas y miradas que no hubieras probado jamás.

Me explico mejor.

El cómo se expresa cada ser no se puede explicar con palabras. Hay otros sentidos y no sé si en todo el diccionario o lenguas del mundo haya para poder conjugar lo que solo el lenguaje de las artes puede llegar a expresar. Resumiéndose en una de las más abstractas que conozco, la música. Ésta, la elegimos, escuchando cuál nos agrada y hace sentir mejor. Quizás fuera éste el filtro para cada lugar, ocupación, encuentro o compañía; cosas que nos rodeen, pinturas, ropas, sean libros o poema, comida, perfumes o color.

Elegir, tener y rodearte de aquello que hable de ti, de tu interior y forma de sentir, aquello que te conmueva y haga sentir mejor. Aunque no lo entiendas, pues tu instinto y sentido no ha de comprender las palabras, sino la conjugación y sonido de éstas, conmoviendo tu cuerpo y alma.

Oda a la música

Flautista~

A través del sentido oír,
sentir que no se cierra
sonido que no va a morir
que al instinto nos llega.
Es la banda sonora vital
es oxígeno de las almas
es la forma del no lugar
llena vacíos y da calmas.
Su vibrar la carne mueve
y recompone lo esencial
a mortal y aire conmueve
en acorde o voz celestial.
No hay sentir como oído
que al equilibrio nos lleva
en armonías y tono fluido
que en orquesta nos llega.

~

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Inventando. “Crear desde las entrañas”

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Maquino, confabulo, creo estratagemas, calculo dónde, cómo y el porqué un color o una línea ha de estar donde debe.

-Crear desde las entrañas-

Qué poca confianza le tengo a mi corazón,
instinto atrofiado por el pensamiento,
caos que emerge desde la sinrazón,
buscando maneras de liberar el conocimiento.

Absurda es la verdad que se esconde,
bajo la almohada de la ensoñación,
trae consigo la realidad del insomne,
dejándome vulnerable a la expectación.

No quiero pensar para sentir sin más,
infértiles noches en vela a la deriva,
sin esperar el rico manjar probado jamás,
desmembrada mi fortuna al que la quiera.

Qué poca confianza le tengo a mi corazón,
que no sabe de la vida cotidiana,
insensateces que dan pié a la confusión,
a este órgano vital que me dejó olvidada.

Yo: …debo crear desde las entrañas…
Tú: ¿No es el cerebro una entraña?
Yo: Es un órgano vital.
Tú: Como el corazón.
Yo: Él puede vivir sin el cerebro, pero éste no sin el corazón.
Tú: ¿Cómo aprenderás a crear desde las entrañas?
Yo: Lo pensaré.
Tú: ¿Con el cerebro?
Yo: ¿Con qué si no?
Tú: Puedes aprender por instinto.
Yo: ¿Dónde está?
Tú: En tus entrañas.

Diario no diario. “Más allá del arte”

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Un colega artista, con el que no hablaba hacía tiempo,  me preguntó hoy:

_”¿Es aún el arte tan vital para ti?”

Por un segundo, siendo ambos artistas, le habría contestado que si, pero mi yo más honesto me miró de frente y le respondí así:

_”…la única cosa vital es el amor, el arte me acompaña siempre para expresar…”

A lo que él dijo:

_”…el arte de amar, amar incondicionalmente”

Volvía de tomar un café y seguí pensando en su pregunta y en mi respuesta. Reflexionaba en cómo era posible que el amor fuera más importante o vital, cuando todo lo que hacemos es trabajar o pensar sobre ello, en ese desarrollo personal o profesional… Y no encuentro otra respuesta; a pesar de que le mundo se mueva por intereses y dinero, de que tengamos que sobrevivir y otras veces menos que sobrevivir… a pesar de que haya tanto sufrimiento y lucha por cambiar conceptos morales, éticos o sociales, a causa de estos mismos intereses… a pesar de la ingeniería, del progreso, ciencia, enfermedades, masacres, guerras o tragedias naturales… a pesar del arte, del ocio, de lo productivo o lúdico…

La única cosa común a todo es: “las relaciones humanas”, y ¿qué es esto sino amor?. Nada más importa, sobretodo cuando todo lo demás no es un problema vital, y más aún cuando si lo son, pues, necesitamos de esa simbiosis y camaradería, esa confabulación de otras personas que estén acompañándonos durante todo lo que nos acontezca.

Nada importa si has trabajado duro durante todo el día si no recibes una compensación por otro ser humano, es indiferente tu orgullo personal o profesional, cuando no eres correspondido por otra persona con una sonrisa o te encuentre para compartir un rato, de penas o alegrías… Y cuanto más grandes son las satisfacciones laborales con más ganas quieres comunicarlo y celebrarlo; y cuando no van bien o no tienen el producto deseado, o simplemente, vienen malos momentos personales de frustración o desaliento o sufrimientos… más buscas la compañía.

La palabra amor, suena de lo más romántico, pero quizás sea la única palabra que englobe este sentimiento común a todas las emociones… Tenerlo o buscarlo genera equilibrio, paz o felicidad; la falta de amor es la simiente del miedo, inseguridad, soledad o infelicidad…

Cada día mis mayores problemas no son el ganar o producir más o menos… si no fuera lo suficiente para sobrevivir sería algo circunstancial. Mi prioridad es el mundo y yo, ese mundo no son los millones de personas que lo habitan, son unas pocas con las que me vinculo fuertemente, otras con las que comparto el día a día, las que me cruzo en mis quehaceres de rutina y las que quisiera tener cerca lo más frecuentemente posible.

Lo que hacemos nos diferencia en capacidades o productos, haciendo que desarrollemos cualidades y ser expertos en algo; pero todos nos sentaremos en la misma mesa a comer, es igual si eres ingeniero, cirujano, cocinero, artista plástico, poeta, tengas seis años o pensionista.

El cómo hacemos las cosas y la forma en la que nos comunicamos nos diferencia y destaca; depende del ánimo,  el clima, lugar geográfico o circunstancias sociales, de lo que se quiere hacer, de la voluntad, de la chispa vital, de las ganas de vivir, de cuán en equilibrio de bienestar nos encontremos con los que forman nuestro mundo, que es una circunstancia variable. Por ello intentamos hacer lo que nos hace sentir mejor, pues el cómo hacemos jugará un papel importante hacia las relaciones humanas, pudiendo el cocinero amar el cocinar, el artista su obra o el médico la ciencia y su paciente, siendo susceptibles a que, no hacer lo que uno quiere, nos frustre, nos haga sentir fracasados o tener la sensación de perder el tiempo.

Insisto, ¡haz el amor!.

_”Intento hacer el amor lo mejor que puedo, es difícil cuando se siente miedo, insatisfacción, frustración, se está enfermo, o parece que sobrevivir se hace primordial, o no se está en paz; pero cada día encuentro un momento o muchos, y es entonces cuando todo es más fácil y hago el amor: cocino para alguien y sonrío cuando dibujo…  y si, lo demás se hace más fácil, …lo de “amar incondicionalmente”, será algo que haya que ejercitar, …”sin condición”… difícil esto, cuando nuestro sentido de la posesión y de ser correspondidos o el temor a la soledad y la pérdida nos supera… Pero ahí estamos”.

~

Según la R.a.eAmor(Del lat. amor, -ōris).

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. 2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. 3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo. 4. m. Tendencia a la unión sexual. 5. m. Blandura, suavidad. Cuidar el jardín con amor 6. m. Persona amada. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing. Para llevarle un don a sus amores 7. m. Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella. 8. m. p. us. Apetito sexual de los animales. 9. m. ant. Voluntad, consentimiento. 10. m. ant. Convenio o ajuste. 11. m. pl. Relaciones amorosas. 12. m. pl. Objeto de cariño especial para alguien. 13. m. pl. Expresiones de amor, caricias, requiebros. 14. m. pl. cadillo (‖ planta umbelífera).