Inventando. “Diario nómada I”

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Si tuviera una puerta, la pintaría de colores y bordados floreados para rimar con algarabía.

Si tuviera una ventana, la dejaría abierta noche y día para hacer entrar las estaciones con alegría.

Si tuviera cuatro paredes, rellenaría los rincones de lana y algodón para leer por las mañanas.

Si tuviera un techo plantaría cerezos y naranjos para saborear los festejos sin guirnaldas.

Si tuviera una cama, la cubriría de hojas secas y ramas para dormir mi cuerpo en la nostalgia.

Si tuviera una dirección, podría recibir postales y cartas para decorar los estantes de palabra.

¿Y qué tengo?

Tengo color y tabla para pintar,
pared que cambia de población
rincones aún en construcción
techo será techo y es suficiente
ventanas abatibles en función
cama ocupa o invadida de gente.

¿Una dirección?

Espera, que iré a verte.

Diario no diario. “Páginas en blanco”

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No arrancaría ni una sola página de lo vivido, imaginando que los recuerdos fueran palabras escritas.

Por las sensaciones del presente, de lo que me rodeo o estoy haciendo, sé que es producto del pasado, mucho, aún se mantiene vivo, sean hechos aprendidos, personas que me quieren u objetos; otros muchos son logros o marcas en el rostro, en la expresión, en la piel… Me gusta pensar y creer que somos capaces de cambiar y reprogramar actitudes y formas de ser, pues me doy cuenta, revisando esas supuestas paginas, que algunas se han quedado en blanco.
Tofos los buenos momentos y experiencias gratas vividas están escritas con tinta indeleble, aún más, se mueven y cambian de color o forma según el instante en el que vienen al recuerdo, como si fueran partícipe del hoy.

A veces me cuesta dar vida a algunos hechos, poner rostro o sensaciones. Son, como páginas en blanco… es extraño… más, cuando suelo representar lo que vivo en dibujo o palabras.
No sé el porqué, siendo una especie de locura bipolar, como si en mí, habitaran dos seres, uno que muere y otro que sobrevive. Quizás aquella que muere es la olvidada en otras memorias ajenas a mí, personas o lugares en los que no dejé huella, o si, pero hube de desaparecer para dejar lugar a otros recuerdos.

Sé, por experiencia, que lo aprendido, aunque olvidado, queda en nuestra esencia y lo usamos inconscientemente cuando necesitamos hacer uso de ello. Como cuando pinto, no necesito ordenar a mi mano u ojos cómo han de moverse, simplemente, lo hacen sin recordar, ellos guardan la memoria.

No sé qué hacer con estas hojas sin palabras,… sin color. Imagino que son recuerdos yermos de vida, de esa vida buena, intensa y bien vivida…

No sé el porqué.
No sé.

Me dijo un amigo estos días, que tengo una teoría para todo, y busco una ahora.

No sé.
Y si lo supiera, ¿quién sabe de qué serviría?
¿Serán estados de inopia?
¿Será mala memoria?

También me dicen que me paro demasiado tiempo donde no me siento bien, porque intento comprender lo que no tiene un porqué.

Es mi pensamiento, entonces, un lugar donde me paro demasiado, a discernir lo que es de lo que no y lo que soy o no.

Paginas en blanco… sean o no, sepa la razón de su existencia o no, ahí están.

No tengo más teorías sobre esto que me ocurre, la única cosa que concluyo con este recapacitar, es que, pararme a pensar y ser consciente de estas cosas, es producto de estar viviendo una posible pagina en blanco. ¿Y si así fuera?, ¿no es justo lo que hago cada día, enfrentarme al blanco del lienzo con una barra de grafito en mano?

Será entonces que esas, a las que no puedo dar forma, fueron momentos en los que no dibujé nada.

Bueno, es solo una teoría o será que me he parado demasiado tiempo a comprender lo que no me gusta de hoy.

Diario no diario. “De lo alcanzable o del porqué del diario del 2012”

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Corriendo hoy tras lo que ayer fue bien, un pasado en el que un día duraba siete.

06:15 am.
El despertador me anima a salir corriendo para sonreir.
Poner las cosas en orden, recoger los vasos de vino de anoche.
La ducha caliente y fría espabila y atempera un día de invierno.
Desayuno rodajas de pimiento rojo con forma de trébol,
té rojo y tostadas con miel y jamón.
Tomo café leyendo lo que pasó ayer y lo que se avecina hoy.
Organizo el día anotado en la agenda ayer.
Leo y respondo los emails.
Escribo alguna poesía, un relato o subo un nuevo dibujo al blog.
09:00 am.
Comienzo a dibujar.
12:00 am.
No tengo hambre.
Busco dónde irán a parar las tablas donde se me pierden los ojos, se derraman mis sentidos y los dedos se engarrotan.
Vuelvo a mi silla de dibujar.
13:00 pm.
Me como una mandarina, la corteza la rompo para que exploten los aromas en mi cuello, ¡ya estoy perfumada!
15:00 pm.
Salgo a pasear, me fumo un cigarro.
Busco a alguien con quien pueda charlar,
preguntar cómo le ha ido la mañana.

_(Egoísta de mí, no hay nadie más ahí escrito,
en mi agenda de lo inalcanzable).

Hoy no estoy sola.
Me levanto junto a tí.
Comemos juntos.
Dormimos la siesta.
Planeamos y soñamos juntos, escribimos,
en un papel cualquiera lo que queremos construir.
Y parece alcanzable.

El diario de 2012 no se parece a nada al de 2011, y menos aún al de 2010, pero todo podría valer.
A veces pasa, que las agendas son más grandes, en ocasiones las páginas se quedaban en blanco y ahora ni me acuerdo de ella, porque el libre albedrío de los días es más interesante que lo inalcanzable del pasado.
Hoy creí que debía recuperar lo que una vez me funcionó para estar bien, ser feliz, pero lo que hoy he comprendido es que lo único que hice fue hacerlo lo mejor posible con lo que tenía al alcance de mis posibilidades…

_02/02/2012
Un día alcanzable.

(En una hoja suelta, que encontré entre las copas de vino de anoche, se puede ver un dibujo de cómo quedará el salón con el sofá nuevo, por detrás estás tú fumando un cigarro, tumbado frente a mí. Lo meto en mi diario).