Inventando “¡Qué bonito es el amor! II”

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-Te he hecho un regalo, mi amor,… ¡unos “guantezapas”!-.

-¡Son perfectos!, gracias amor mío. Lo que más me gusta de andar haciendo el pino es la sorpresa de no saber adónde voy, eres mi orientación, mis ojos, la guía de mis torpes manos andantes y el reposo de mis pies-.

-Lo que más me gusta de que camines cabeza abajo es que siempre tenemos diferentes puntos de vista, yo veo hacia dónde vamos, y tú, lo que dejamos atrás-.

Se comprenden, aceptan sus excentricidades y disfrutan de una plena confianza. A veces se intercambian y es el otro quien camina haciendo el pino, jugando a ver quién aguanta más.

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Inventando.”Del siempre y el nunca”

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Cohabitando la nada y el todo
limitando el cielo y espacio
insondables en desierto orondo
perdidos en océano abismado.

Extremos son de la horizontal
eternos rivales del tiempo
buscando en la teoría circular
el punto donde habite un medio.

Promesa hicieron los opuestos
sabiendo estar en la línea finita
de la forma y geometría ajenos
venden lógica y razón a Afrodita.

Amor y amante se hizo siempre
reescribiendo en sus principios
de un nunca que hiere y muere
en cálculo de guarismos infinitos.

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Diario no diario. “Manifiesto de libertad I”

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Estoy lejos de ser una buena amante o dedicada amiga, hermana o madre. Incluso estoy lejos de ser mujer.

Todas mis energías y herramientas están expuestas sobre una mesa de dibujo, donde he de fabricar mi sustento, abrigo y cobijo.

-Señora Woolf, me da igual ser mujer-

Mi asiento es una maleta repleta de cosas prestadas, y lo suficientemente amplia para acoplar mi cuerpo en la siesta.

Es el mundo de los sueños donde me libero del desapego y me uno a los que quiero. Convivo en familia, y mi cuarto es blanco con una claraboya que me muestra el inmenso azul, sin más muebles que una puerta. Construyo edificios de palabras y observo la mágica naturaleza, donde las hormigas vuelan, en perfecta fila, a través del desierto y lagos, transportando su alimento para el invierno. Donde las alas de mariposa no sirven más que para volar. Un lugar donde nos podemos tocar y reunir a comer sin los limites del espacio y el tiempo.

Estoy lejos de reposar sobre el pecho de la espuma de mar, de perderme en la mirada del íntimo o esquejar crasas para el jardín.

Tan lejos de poner sexo a mis manos, pies o a mi mente sin igual. Me he quitado el rímel, coloretes y el carmín, camino descalza y el pelo no se me enreda al viento.

Es vivir el sobrevivir, lo más cercano a ser un individuo.

Es sobrevivir el vivir, lo más lejano al individuo.

Quizás este desarraigo de mi propia anatomía es pura feminidad, y si así fuera, mejor, pues no habría de preocuparme si me soy fiel o no. De ser parte de un grupo o una comunidad que se define por la “a”.

Me paro a analizar cuando no pensaba sobre ello, y ahora que llevo días mirándome, -brindo por ti, señora Woolf- me di cuenta de que me olvidé que soy mujer.

Y sigo con lo que hacia: pintar, escribir, pasear, comer, lavar, dormir, correr, cocinar, remendar mis ropas, charlar y otras mil tareas que ocupan cada minuto de mis días. Y no me planteo no hacerlas si no fuera mujer. Y aún comprendiendo los diversos estados que nos hacen “no iguales”, sigo sin sentirme más o menos femenina.

Si soy mujer, pero no me lo planteo.

Eso debe ser algo arraigado en mis genes, en mi infancia y juventud, que heredé de la evolución social y trabajo, lucha y reivindicación que supuso a mis antepasados ser mujer y no poder sentirlo de una forma natural y en todo su esplendor, tanto como lo hace cualquier forma de vida.

Soy una mujer.
Un ser humano.
Un ser libre de ser.

– Enchanté y gracias por estos días en los que te leí, señora Woolf-

Mujer sin igual

Inventando. “Endogamia del yo”

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He vuelto a ver esta imagen, ya tiene unos años, recuerdo lo que quería expresar y me he dado cuenta de una cosa. Cuando has interiorizado un concepto y lo has llegado a trasladar con la claridad que pretendías, se queda dentro de ti, y aunque en el papel no se mueva o transforme, en tu mente sigue vivo.

La sensación es como si quisieras comprender el mundo a través del dibujo, igual que hacemos cuando escribimos, y cuando lo has analizado y desarrollado, se planta delante de tus narices algo parecido al resultado de la típica pizarra emborronada de ecuaciones de un físico o matemático.

Siento que, a medida que pasa el tiempo y sigo buscando ese conocer el porqué de las cosas, es como si agrandara mis ojos a una zona más extensa de mi piel.

Pero aún sigo sin comprender tanto, aunque no siempre es así, a veces lo veo todo tan claro que me asusta que sea más sencillo de lo que ayer me planteaba, incluso dejando de cuestionarlas.

¿De qué sirve la empatía?

¿Puedo tenerla conmigo?

Empática de mí, puedo ser,

hipocentro de proporciones

lujuriosa de emociones

contenedor de mi parecer.

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Tú, conmigo,

ella, conmigo,

ellos, también conmigo,

y si puede ser, todos conmigo.

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Y por el ombligo me colé,

que no sabía, fuera un sentido

un umbral desconocido

al corazón donde asolé.

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Retumban los pensamientos

en la soledad de la cueva de mi,

reverberan los sonidos

en caricias y en miedo vil.

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No puedo ser empática con ego

ni mirando al revés,

tendría que huir del cuerpo

para ver el embalaje del envés.

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Es desvínculo quien hace el yo

y busca el germen del existir,

que cortado quedó en dos

cuando, uno, se dio a luz en el parir.

Y más escribo y más grande se hace mi yo, hipogeo del ego, epicentro de todo mi ser, punto de referencia de cada instante de vida. Y es que, aquí estoy, yo, yo sola, y si cierro los ojos, aquí sigo, sola, yo sola. Incluso cuando me encuentro contigo, o con ella, o con todos ellos, estoy sola aquí dentro. En el pensamiento.

Creo que todos sentimos algo parecido… aunque durmamos acurrucaditos con otro ser, por el ombligo nos colamos, entrando en la ensoñación irracional de nuestra poesía del vivir.

Inventando. “Espejos”

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Nos podemos ver en cualquier momento y lugar,

me gustaría reconocer tu inocencia a pesar de los años,

dejar pasar las horas como lo hacíamos al jugar,

y si nos apeteciera, ir a encontrar tesoros de antaño.

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Cada hoy es como el primer día y el reloj siempre gira,

conciencia de existir en el mismo cuerpo y sentidos,

con la ambición de reflejar la forma en cada orilla,

y dejar la huella de nuestro paso por los caminos.

Inventando. “En el umbral”

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En el umbral, a mitad, camino de, el durante, en lo no durable.

Permaneciendo, aguantando la respiración o inhalando todo el aséptico desconocido.

Transito en el espacio sin nombre, sin gobierno, donde no hay color y todo es posible.

A la velocidad de mis pies, el umbral es mi cuerpo, con un cartel de “He salido”.

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En el umbral todos los caminos son viables, pero ni entradas y salidas verás.

Es el reposo de un trayecto en el que encuentras rostros familiares en interjección.

No importa lo que cargues en las maletas, pues allí nada te servirás.

Mudo, sordo, sin máscaras neutras que cubran la incertidumbre en promoción.

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En el umbral, en el entre, la estación de espera, el mientras, en el no lugar.

Estando, encontrando lo que no se busca y haciendo que tienes un destino.

Recorro todos los rincones con el equipaje, donde no hay asientos donde reposar.

Al abrirse la puerta de “Salida”, el umbral será olvidado con la suavidad de un silbido.

Inventando. “La niña”

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MUJER, eso soy.

Cuando siente miedo, niña eterna.

Si se enferma, niña torna.

O cayendo, niña esquiva.

MUJER, eso soy.

Cuando no la acarician, niña eterna.

Si llora, niña torna.

O gritando, niña esquiva.

MUJER, eso soy.

Cuando come, niña eterna.

Si duerme, niña torna.

O hablando, niña esquiva.

MUJER, eso soy.

Cuando es vulnerable, niña eterna.

Si huye, niña torna.

O volviendo, niña esquiva.

MUJER, eso soy.

Cuando no la ven, niña eterna.

Si muere, niña torna.

O callando, niña esquiva.

Expresándome. “Madre menguante”

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Hay en este mundo una criatura que espera mi maternidad.

Mi maternidad.

He tenido la capacidad de ser madre, la tengo aún.

Aún.

Soy responsable directa de lo que soy, de lo que tengo y de mi naturaleza.

Mi naturaleza.

Mujer me tocó ser, lo soy aún.

Aún.

Maternidad que he dejado menguar, cuando sentí ser madre por naturaleza.

Mi naturaleza.

Me siento una madre menguante.

Hay en el mundo una criatura que espera.

Mi maternidad.

Diario no diario. “¡Domestícame!, dijo el zorro”

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Principito: “Qué significa “domesticar”?”
Zorro: “Es algo demasiado olvidado. Significa “crear lazos…”
Principito: “¿Crear lazos?”
Zorro: “Claro. Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…”
Principito: “Comienzo a entender. Hay una flor… creo que me ha domesticado…”
Zorro: “Es posible. En la Tierra se ven todo tipo de cosas…”

Yo: “¿Es estar domesticado ser menos libre?”
Zorro: “Si no hubiera nada en el mundo, ni flores, ni cielo, ni alimentos, otros seres con quien compartir y comunicarnos, ¿serías libre?”
Yo: “Si no hubiera nada, yo tampoco existiría”
Zorro: “Yo existiré para ti”
Yo: “¿Entonces, existiría yo para ti?”
Zorro: “¡Bienvenido a mi vida!”
Yo: “Gracias, bienvenida la tuya también”
Zorro: “¿Corremos?”
Yo: “¡Correeeeee!”

Inventando. Poema a lo inesperado.

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Tú: No esperaba que fuera así.
Yo: Yo tampoco.

Yo: ¿Esperabas que fuera diferente?
Tú: ¿Y tú?
Yo: No tenía expectativas.
Tú: Yo tampoco.

Tú: Me gusta.
Yo: Cambiará y nos gustará más.
Tú: Será sorprendente.
Yo: Como ahora.

Yo: No espero.
Tú: Yo tampoco.
Yo: Me gusta.

(Realidad inesperada en mis desvaríos, en “Realidades yuxtapuestas”)

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