Inventando. “¡Qué bonito es el amor! V”

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-Te quiero-.
-Y yo te quiero-.

-Yo más-.

-Nooo, yo más-.

-Yo… yo más-.

-Que te digo que yo más-.

-Yooo te quiero más-.

-Yo, más aún-.

-Pues yo, muchísimo más-.

-Que nooo, yo más-.

-Te quiero infinitamente más-.

-Más aún que eso, te quiero-.

-Yo, más-.

-Y yo te quiero más-.

-¿Sabes?-.

-Dime-.

-Echo de menos cuando nos queríamos sin más-.

Inventando. “¡Qué bonito es el amor! IV”

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-Recuerdo todo lo que te dije entonces-.

-…Yo, el olor de tu piel-.

-¿A qué olía?-.

-A piel, saliva, sudor, sexo… Y tú, ¿recuerdas qué me dijiste?-.

-“Te quiero… te quiero querer siempre”-.

-Han pasado ya quince años-.

-¿Te parecen muchos?-.

-¿Muchos?, ¿para olerte y quererte siempre?-.

-Quizás ahora sea ya ese siempre-.

-Y, ¿a qué huele?-.

-Diferente-.

Inventando. “Formas del amor: Amor sin deseo”

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-Te amaré siempre-.

-Te amaré siempre-.

Para despedirse durmieron juntos por última vez, dio igual estar desnudos o no, en la casa donde convivieron durante años, en un banco en la estación, o tumbados en la arena de la playa observando el atardecer.

-¿Seremos amigos?-.

-Somos amigos, siempre lo fuimos-.

-A veces pasa-.

Y es el amor del deseo,
el de los amantes,
el que desgarra en la separación.
El que te hace balancear,
entre el amor y el odio,
en constante temor de perder.

-¿Cuándo ocurre el amor sin deseo?-.

Es el que no da miedo jamás,
ni a la soledad o el abandono,
es el que sale solo de ti, generoso,
sin esperar nada.
Es el que une sin amarrar
el que te libera
el que te hace formar parte,
del todo tú,
del todo yo.
Es la paz por compromiso,
a tu consciencia,
a tu confianza,
a la mía.

-¿Y si no hay amor?-.

-Tampoco habrá deseo-.

-¿Y si no hay deseo?-.

-El deseo es una cualidad del amor pero no está en toda forma de amor-.

Deseos pides a estrella fugaz,
a la casualidad del universo
o al destino planetario.
Deseos pides al amanecer,
al entrar en los sueños
o a lo que no puedes ver.
Deseos pides a tu cuerpo,
a tu hambre por conocer
o a cuerpo por pertenecer.

Es el deseo la arritmia
el animal sin domar
lo que gustaba contemplar
es el placer y la alquimia
buscando más
más, aún más.

-Pertenecer-.

-Ni siquiera tú te perteneces-.

-Solos. Solo queda la soledad-.

-Todos estamos solos, y todos formamos parte-.

-¿De qué sirve el deseo?-.

-Es una forma de amor-.

-Y ¿cuánto dura ese amor?-.

-Como todos. Siempre-.

-¿Cuánto es siempre?-.

Es siempre el hoy que vives
sin mañana que lo deje atrás
sin deseos incumplidos
tan dulce y amargo
tan intrínseco al nunca
o al jamás.
¿Qué más da cuánto dure
si en la noche dormirás
si nuevos deseos desearás
si no hay confianza o lealtad?

-¿Es el deseo temporal?-.

-Como la belleza quizás-.

Hay tantas formas del amor como formas de vivir, de sentir. Todas a la vez en un solo día o durante toda la vida. Incluido el nunca en el siempre, como la muerte pertenece a la vida. Vivirlo tal y como ocurre, con consciencia o con la salvaje y más pura intuición, ilógico o matemática razón.

-¿Y si funciona?-.

-¿Puede ser?-.

-A veces pasa-.

Inventando. “Cosas de la vida”

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-¿Qué es lo que más te gusta de la vida?-

-El placer-

-¿Qué placer?-

-El placer de amar sin esperar a que me correspondan, el de ser amada sin necesidad de corresponder, el de dejarte llevar por el sueño al acostar, el de leer y no terminar si no me gusta el libro, leer durante todo el día sin nada más que hacer hasta acabarlo, de pintar o no, de escribir o no, de dormir o no, de correr sin prisas, de salir, entrar, ir, venir o no, el placer de comer lo cocinado a fuego lento o combinar sabores como un alquimista, el de ir a sesión continua de una película preferida, el placer de estar tan cómoda que ya se acabara el mundo que no me iba a mover, el placer de estar flotando a la deriva en el agua del mar, el de la ducha caliente en invierno y de la fría en verano, el de hacer surcos y montañas en la arena para nada, el de quedarme en la inopia entre la multitud y el bullicio, el de rellenar un formulario de la administración tomando un café y dedicarle toda la mañana, con buena letra, para que se marque bien en cada copia, el de sentarme a la mesa al desayuno con toda mi familia y no levantarnos hasta después de cenar, el de mirar un horizonte y caminar hacia él sin pensar en después, el de decir todo lo que pienso o callarlo, el del estar en una fiesta y no bailar o no parar o no ir y quedarme a solas bebiendo un vino y viendo una vieja película, el placer de despertarme antes de que salga el sol y esperarlo mirando por la ventana, con un té entre las manos, el placer de dormir en el tren y que te avisen de que ya has llegado, el de dormir en el bosque, en la playa, en el suelo o incómoda en la sala de un aeropuerto, esperando un avión a saber dónde, el placer de jugar una eterna partida de ajedrez, el de hablar en otro idioma y que alguien te entienda, el de cantar ópera desafinando, el de escuchar música todo el día menos cuando canto o duermo o leo o quiero sentir el placer del silencio absoluto, el de oír lo que nunca oyes porque hay demasiado ruido, el de una amistad inesperada, el placer de sentirte querida y que sea mutuo-.

-Lo que a ti te gusta es la libertad y hacer lo que te da la gana-.

-Si, ¡qué placer!-.

Inventando. “¿Adónde van las tristezas?”

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-¿Adónde van las tristezas que ya no sientes?-

-Al limbo, supongo-

-Pero no se van del todo, sabes que estuvieron-

-Eso es el eco, como sonidos que no mueren, dando vueltas al mundo y pudiendo ser oídos una y otra vez, aunque no quieras-

-¿Como un déjá vu?-

-Algo así-

-Soy consciente de que no tengo ciertas tristezas con las que vivía, entonces me pregunto cuáles eran, no recuerdo el porqué, el cómo desaparecieron?-

-¿A caso quisieras volver a tenerlas?-

-No, simple curiosidad-

-Dejarlas allí donde hayan ido es lo mejor-

-Pero, ¿cómo y por qué se van, cuando ocupaban todo tu ser, eran de tal importancia e invadían cualquier otra emoción o estado?-

-Porque todas las cosas tienen su momento álgido, de esplendor, y su tiempo de morir o alejarse-

~

Semejantes son dolor y olvido
tristezas de lágrimas tragadas
ausencia de un querido amigo
silencio de ganas derramadas.

Desvanecida la desesperanza
vacante que nadie va a ocupar
el retal recuerdo que amenaza
soleados días y el duelo lunar.

Supervivientes el don y alegría
reto del que cae en esta inopia
resiste la soledad en compañía
las memorias de sonrisa idiota.

Habitar en el limbo es remedio
figurantes que andan al acecho
almas que sin vida y sin premio
donde tristezas hallan su lecho.

~

Inventando. “Sobre la montaña de Mahoma”

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Pertenecer a la montaña

”Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”-.

Así abrió la noche mi amigo, cuando nos disponíamos a tomar unos vinos y a jugar una partida de ajedrez. Paolo es un fanático de los cómics en versión original, encontró en foros de internet una tienda donde posiblemente tendrían los números que él quería, (de no sé qué autor e ilustrador, nunca puedo quedarme con sus nombres, eso si, él suele contármelos a veces, como si esas historias le hubieran ocurrido a él, y a mí me encanta, supongo que las adapta según el momento, además gesticula y pone voces de personajes), no pudiendo localizar el contacto, decidió escribirles una carta a la vieja usanza, pero después de dos meses no había obtenido respuesta alguna. Así que estaba decidido a ir en persona, el detalle de que estuviera en Londres no era un impedimento en su afán para conseguirlo.

-¿Me acompañarás?-, me preguntó.

-¡Mira que eres “friki”!-, le dije riéndome, -¡claro que iré, a ver si después no los encuentras y caes en una depresión!, alguien debe estar contigo para consolarte, además no conozco Londres, es una buena oportunidad-.

-Vale. ¿Blanco o tinto?-.

-Blanco, gracias-.

No voy a ir a la montaña, así que la montaña tendrá que venir a mí”

Lo primero en lo que debo pensar es en cómo provocar un interés excepcional en la montaña para que venga a mí, ya que es algo muy arraigado, pesado, inamovible y tozudo.

-…porque las montañas son tozudas, ¡no me lo irás a discutir!-.

-Sigue, sigue, esperaré a ver de qué va, pero creo que no tienes muchos argumentos…-, me dijo mientras comenzaba la partida con caballo de rey a F3.

-(Yo juego siempre con negras)-.

Creo que cuando algo te pertenece o ha de estar en tu vida, tarde o temprano este algo, vendrá a ti. No puede quedarse por ahí perdido. Se trata de “paciencia”. Perseverancia.

-Con que…”paciencia”, ¿eh?-, me dijo al posicionar su alfil preparando un fianchetto, yo mientras movía mis peones tranquila y estratégicamente.

-Si, efectivamente-. Respondí sin inmutarme, pues siempre me hace esos “fianchettos”.

A veces, cuando la situación es ardua o dificultosa, y tus movimientos no sirven más que para empeorarla, lo propicio es esperar. Claro está que hablo de una montaña, que no tiene voluntad propia de movimiento, asunto complicado pero no imposible. Comenzaré mi plan de “crear interés” enamorándola.

-¡Vaya plan romántico!, ¿no?-, se reía, pero con interés de saber por dónde saldría con esta teoría.

-No es cuestión de cantarle odas o recitarle poemas de amor, ¡es una montaña!-, dije convencida.

Estrategias para “enamorar a una montaña”

Comenzaría un día yendo a su valle a bañarme en el riachuelo, que no sería muy profundo, así que sus aguas son cristalinas y podré ser visible con facilidad. Iré todos los días sin falta durante un mes, después, dejaré de ir.

Cuando pase el verano, volveré y cruzaré el río a pié, en la otra orilla plantaré cada día una semilla, y así, durante un mes. Dejaré de ir hasta pasado el otoño.

Durante el primer mes de invierno, me acercaré, cruzando el helado río, hasta la otra orilla, recogeré algunos frutos de las plantas que dejé allí entonces. Me sentaré a comerlos, cada día, sin falta, durante un mes. A mi regreso, dejaré caer a la tierra las semillas de los frutos que coma, por el camino de vuelta. Después, dejaré de ir.

No volvería hasta primavera.

-¡Jaque!-, interrumpió con serenidad.

-¡Casi tiro el vino del susto que me has dado!, ja ja ja, ¡vale, vale!, ummm-, me quedé unos minutos en silencio pensando cómo salir de aquello, -fácil-, pensé, y moví mi alfil desafiando a su reina. Apenas habíamos comenzado a desarrollar el juego e inició a atacar.

-No estás muy atenta al juego, pensando en enamorar a tu montaña, te voy a ganar y no va a ser un justo jaque-.

-Verdad, disculpa-, así estuvimos unos veinte minutos casi en silencio, haciendo comentarios solo de nuestros movimientos y jaques a dama (con la reina somos muy corteses y avisamos), o rey. Se creó una pausa en mi historia-teoría-”plan de crear interés”. Mientras nos comimos unos tapitas que, previamente Paolo, preparó para acompañar el vinillo, (paté y mermelada de pétalos de rosa, un bocado riquísimo, la verdad), así, riéndonos de cómo retrocedo en movimientos “alocados”, terminó ganando esta partida, comenzamos otra y, así, pasó el invierno.

Se acerca la primavera, yo habría estado aislada por las tormentas, los caminos ya no serían fáciles de hacer, y no me habría acercado a la montaña. En realidad nunca estuve en ella, me mantuve a sus faldas. Desde la última vez, no la habría vuelto a ver, ni siquiera por la ventana ya que, la niebla y los días tan grises no dejarían verla. Los días comenzarían a ser más largos, soleados, de cielo azul, el deshielo, el despertar de las golondrinas, los brotes verdes asomarían brillantes, dando color al paisaje antes blanco. Hasta el correr de las aguas del deshielo del riachuelo se dejaría escuchar a kilómetros.

-No iría más, no me acercaría más a ella, esperaría a que viniera ella a mí-.

-¿Cómo podrías estar tan segura?-, preguntó Paolo sin dejar de mirar el tablero.

-Porque sabría que la montaña me pertenece y todo lo que es para uno, tarde o temprano le llega-.

-Si, ya me lo has dicho, pero aún no sé cómo conservarías tanta seguridad, sin perder la esperanza-.

-En realidad nunca habría pensado que la montaña viniera a mí, solo, que yo no querría ir a ella para pertenecer a esa montaña, pero en mi más profunda consciencia sabría que aquel era mi lugar y ambos nos perteneceríamos en cualquier momento-. -¡Jaque a dama!-.

-Entonces, en realidad el plan “crear interés”, era algo más inconsciente, no una estrategia para hacerla venir a ti, como decías-, me reclamó.

-Tienes razón, pero aunque lo que hiciera para “enamorarla” no fuera algo planeado, sería más bien algo intuitivo, inconsciente. No subiría a la montaña, pero esperaba pertenecer a ella en lo profundo de mi ser-.

Ya casi se me habría olvidado todo ese asunto del interesar a una montaña por mí. Durante el invierno habría estado demasiado preocupada por mis asuntos y quehaceres, viajando a la ciudad a por provisiones y algún que otro viaje a Londres.

El tiempo favorecería a volver a salir a pasear por el campo y disfrutar del calor del sol. Sería entonces cuando me di cuenta, sí, la montaña habría llegado a mí.

-¿Qué?, ¿la montaña fue a ti?, ¡no me lo puedo creer!, ¿qué me he perdido?, ¿cuándo?, ¿cómo?-, me interrumpió alzando la voz, contento y sorprendido.

-No te lo vas a creer, lo que ocurriría sería algo realmente extraordinario y jamás imaginado-, le dije con gran entusiasmo.

Y tú, Paolo, también estarías conmigo, porque llegada la primavera te gustaba quedar a jugar más en mi casa que en la tuya, además te habrías aficionado a bañarte en el riachuelo también. Pues ocurriría que, una de las tardes de partida, vinos y tapas, terminamos tarde y te quedarías a dormir en casa para ir temprano a bañarte al río, aunque yo no habría querido acercarme más a la montaña, prometería acompañarte, al menos, hasta la mitad del camino.

Por la mañana, prepararíamos un desayuno bien temprano y nos dispondríamos a salir a dar ese paseo. Cuando me iría dando cuenta de que el paisaje del camino había cambiado totalmente, a penas hubiéramos salido de casa, se habría extendido una vereda con árboles frutales a los lados y el riachuelo se habría hecho camino por él hasta crear un pequeño estanque donde finalmente, el reflejo de mi magnífica montaña se pintaría en la superficie del agua.

-Yo me quedaría pasmado, seguro-. Sonrió Paolo.

-Y yo, ¡vaya!, ¿quién lo habría imaginado?, la montaña vino a mí-. Sonreí súper orgullosa.

-Aunque haya sido en forma de reflejo, la montaña fue a ti, tenías razón. No sé si la enamoraste o que tu propio amor, el que hubiera ya en ti, fuera la que la llevó a ti, que sería más o menos lo mismo. Por querer disfrutar del agua fresca del río, por cuidar la tierra y las semillas en la otra orilla, a las faldas de tu montaña, o por también recoger su fruto, alimentarte y además, devolviendo a la tierra la semilla que después germinaría creando esta vereda… Si, la enamoraste, el plan de “crear interés”, es de lo más sencillo, la vida es amor y el amor procura y da vida-.

-Será-, sonreí ladeando la cabeza y subiendo el hombro, así como, moviendo mi última ficha, -¡jaque mate!-, afirmé con inocente frialdad.

-¡Ja ja ja!, enhorabuena señorita!-, dándome la mano como buen perdedor. -¡Revancha!-, me propuso colocando diligentemente las fichas a sus casillas.

-¡Estupendo!, y ya te quedas esta noche, que se ha hecho tarde… y ya sabes,… mañana temprano podríamos ir a bañarnos al riachuelo-.

-¿Al de tu montaña?-.

-¡Claro!, estoy convencida de que se enamoraría también de ti-.

-¡Pues como haga llegar el río para crear una charca en la ciudad, íbamos a poder visitarnos en barca!, ¡no estaría mal!-.

-Pues no, no estaría mal. ¿Más vino?, lo siento, solo queda blanco-.

-(Sonrió acercando su copa)-. Después me contó la historia de Mahoma y de la frase: “Si la montaña no viene a mí, yo iré a la montaña”. La última partida la ganó él, pero apostamos por quién se bebía más rápido la última copa de vino y gané yo. Y la revancha de después fue quién llegaría primero al río a bañarse.

Diario no diario. “Los puñales de terciopelo de Cornelia”

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Cornelia, se llama.

Me gusta cuando me sacan de mi mundo de alegorías, de cuentos y libros para colorear. Cuando me abofetean con la simple realidad, la veraz, sin vericuetos o formas divinas que pintan la vida de “bonito”, sin fractales y áureas descripciones, esos que te quieren bien y te dicen lo que ven en ti y tú no eres capaz de ver. Cuando así me ocurre, suelo tener una reacción de dolor y negativa, como si fuera una agresión a mi persona directamente, a mi forma de ser y vivir. Después lo interiorizo, lo visto de símbolos y lo coloco en mi repisa, lo acepto de la forma amable en la que puedo comprender la vida.

…metáforas…
…alegorías…

Nelia, se hace llamar.

Fue ella quien me miró a los ojos y me habló en el idioma que mejor entiendo, “la metáfora”.

Esta vez fue una bofetada de las buenas. Me hizo despertar desde mi poesía a la realidad más tangible.

-¿Quién eres?-, me preguntó.
-Soy el caos-, le respondí.
-Eres creativa-, me dijo.
-¡Soy creativa!-, confirmé.

Me hizo saltar, bailar, cerrar los ojos y confiar, me hizo tocar y ser tocada, gritar y silenciar. Respirar con atención y estar ante ella sin intención. Me regaló una naranja y algún otro se la comió.

Abrí mi boca y salió una verdad sin símbolo, un dolor, una grieta por la que me cuelo y me dirige a la caverna de mis pulmones, donde a veces no hay suficiente oxígeno, y el poco que hay está viciado por mi misma. Y me ahogo.

…metáforas…
…alegorías…

Nelia se sentó y colocó un banquito frente a ella para que yo me sentara. Después de un rato en silencio, lo rompí de realidad, desnuda de rimas, y expresé mi incomprensión.

-¿Qué sería de mí si no existiera la poesía?-, le pregunté.

-Habría silencio. ¿Dónde comienza tu metáfora?-, me preguntó.

-Cuando interacciono con el mundo-, le dije.

-En las relaciones, entre tú y el mundo, tú y otro ser-, afirmó.

-Así es, y cuando me encuentro ante una circunstancia más compleja, la redecoro y transformo para aceptarla mejor-

-Y a lo placentero, a lo simple, la maravilla, ¿le pones más color, lo vistes más bonito aún, lo cargas de simbología?-

-A veces lo hago más precioso si cabe, más divino, alegorizando su forma creando un templo a su contenido-, dije orgullosa.

-Pero tú no hablas siempre así-

-Hay momentos en los que callo, no tengo palabras, y comienza a generarse un mundo dentro de mí, recomponiendo lo percibido, lo sentido, para ajustarlo a mi comprensión-, confesé.

-¿Y si te pisan y te duele, gritas?-

-¡Claro!-, respondí.

-Yo, a veces me aguanto, por no molestar y no hacerle sentir mal, ¿crees que es justo, sirve para algo, se daría cuenta de que me pisó aún haciéndolo por accidente, crees que mi grito no sería un simple aviso de atención a que me están pisando?-, me decía Nelia con su serena sonrisa.

-Lo normal es gritar y así hacer ver que está pisando, tu dolor es el mismo, pero otra reacción tampoco cambiaría nada-

-Si que cambia, lo cambia todo-, firme y convencida Nelia.

-¿Cómo, para quién, a quién sirve?-, pensaba yo, mientras la escuchaba.

-Si yo no expreso en ese momento una cosa tan natural e instintiva como un “¡ay!”, callándome y pensando en que debo ser educada o no hacerle sentir mal, cuando en realidad pienso: “¡putos taconazos que me acabas de clavar en el pié, joé cómo duele!”, puede que otro día al verla pasar me aleje y la salude con un gesto ligero acordándome del pisotón-

-Nunca sabría por qué ya no te acercas-, fui comprendiendo.

-Imagina que es alguien a quien aprecias y que te molestó, en un intento de ser educada, empática o complaciente, no le expresas lo que sientes, o simplemente ya no te cae bien o no te interesa más, o se repite la circunstancia y no dices nada. Es entonces, cuando ocurre, que cada vez que la despistes, le des una excusa o esperes en la esquina para no encontrártela y tenerla que saludar, cuando le das “puñaladas de terciopelo”. Éstas son las peores, las que dañan no solo al otro sino a ti, perdiendo el tiempo y haciéndote comportar de una manera no sencilla, falsa al fin y al cabo-, respiró profundamente Nelia.

-Puñales de terciopelo, dañando lentamente, con suave falsedad, con silencios y sonrisa y excusas que a nadie da, para nada sirven-, murmuré.

-Con un simple “¡ay!”, y un “excusa”, quizás habría sido suficiente-, repetía Nelia.

-“Puñales de terciopelo”, esto es una metáfora-

-Si, tú eliges, una simple respuesta o hacer una creación simbólica de un pisotón o de algo que no te guste. ¿Qué es más real para todos?, ¿esa falsa educación, injusta y retorcida empatía, pensar por los demás?-

-“Puñaladas de terciopelo”, que te alejan y haces alejar, que traicionan y amenazan tu integridad, tu dignidad-

…metáforas…
…alegorías…

Qué real y simbólico es un ¡AY!, un NO, contenedor de un significado, de un pensamiento, de tu forma de ver, querer y sentir una negativa, lo que rechazas, lo que no te entra, no convence, en lo que ya no crees… NO, es tan simple y fuerte a la vez, tan difícil de decir a veces… como el SI, un HOLA o un ADIÓS.

-¿Bailamos y te recito al oído algo que escribí?-, sonreí.

-Bailaremos sin más y en silencio, hoy no me importa tu poesía-, dijo Nelia mirándome y sonriendo.

-¿Y si te piso?-, reía mientras ya bailábamos.

-¡Baila y calla!-, girando más rápido cada vez.

Inventando. “Manifiesto de libertad II”

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Hay varias cosas que me preocupan, son temas en los que suelo trabajar, tanto en mi obra plástica como en mi relación con el mundo.

-Trabajo como medio de vida.
-Mi relación con otras personas.
-Mi creatividad.
-Relación con la tierra.
-Los medios y la sociedad.
-Pensamiento y creencias.
-Mi ser como mujer.

¿Es así para todos?, no lo sé, ni siquiera sé si todos nos planteamos la libertad, o quizás alguna vez en la vida, puede que haya quien nunca lo haga, pues no les haga falta.

…¿Es mi preocupación parte del sentirme no libre?

…¿Será que quiero más de lo que el mundo ofrece?

…¿Puede que el sentido de libertad es algo relativo según los momentos que vivimos, si sufrimos o somos felices?

No quisiera y sin querer, quiero.
-¡Cuánto me gusta el olor a cemento y a hierro forjado!-

Yo: ¿Quién es libre?
Tú: Quien sabe lo que siente.
Yo: ¿Quién te hace libre?
Tú: Quien no te teme.

La libertad me hace sonreír
y a veces callar, otras correr.
-Tengo un espejo que aumenta por tres-

Yo: ¿Quién puede ser libre?
Tú: Quien confía.
Yo: ¿Cómo reconozco la libertad?
Tú: No sentirás la falta de nada.

Me gusta sentir vacío en mis manos,
cuando camino, corro o nado.
-Miro el cielo debajo de la superficie del mar-

Yo: ¿Cuánto cuesta ser libre?
Tú: Tanto como cuesta aprender a volar sin alas.
Yo: ¿Sentir libertad es despojarte de todo y de los apegos?
Tú: Es poseer como si no poseyeras.

Estoy tan insegura, que me alivia,
cuento los días del mes y me aseguro.
-Me gusta decir: Olímpica, Aurora y Olivia-

Yo: ¿Debemos ser libres?
Tú: Obligatoriamente, si. Es un derecho y un deber.
Yo: ¿Y si tu libertad condiciona la mía?
Tú: Ser libre no quita de ser compasivo, empático, justo. Haciendo un buen uso de esa libertad, sin crear temor ni temer.

Mas no volveré a rimar jamás,
solo hasta que me digan: “debes parar”, sin más.
-Cantaré la misma canción, hasta olvidarme de ella-

Yo: Cuándo sabes que eres libre?
Tú: En el instante de no necesitar serlo.
Yo: ¿Puedes ser libre con consciencia?
Tú: Si, tan consciente como te sientas triste, asustado o feliz, lo eres, lo estás, y no te lo cuestionas.

Soy libre de sentir sin decir, ni nombrar.
Sonrío a mi agenda y diario personal, y a veces me ve silenciar.
-Dejo la ventana abierta haga frío o calor, pero si tú estás la dejamos a la mitad-

Yo: ¿No es cansado ser libre?
Tú: Tanto como no serlo.
Yo: ¿Cuándo  sabes que no lo eres?
Tú: Cuando deseas lo que no tienes, temes perder, no confías y te esfuerzas por ser quien no puedes ser.

Cojo la maleta y me voy al portal,
bajo las estrellas, dormiré hoy, en el umbral.
-Ssssshhhh… no se lo digas a nadie, que te estoy viendo soñar-

Yo: ¿Qué haces?
Tú: Reescribo tu nombre.
Yo: ¿Cómo me llamarás?
Tú: Sin miedos, con libertad.

Grité al viento el mío, y se desvaneció… ¡grita el tuyo!

-No me gusta gritar-

Mujer sin igual

Diario no diario. “¿Y la pasión?”

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Yo: ¿Dónde está la pasión?

Tú:  ¿En el fuego?

       ¿En el corazón?

      ¿En la ilusión?

      ¿En la fantasía?

      ¿En el interés?

      ¿En las ganas?

      ¿En el enamoramiento?

      ¿En los objetivos?

      ¿En el amor?

      ¿En los deseos?

      ¿En el ocio?

      ¿En el pensamiento?

Yo: ¿Dónde está la pasión?

Tú: En el fuego.

       En el corazón.

      En la ilusión.

      En la fantasía.

      En el interés.

      En las ganas.

      En el enamoramiento.

      En los objetivos.

      En el amor.

      En los deseos.

      En el ocio.

     En el pensamiento.

Yo: Sin pasión ¿dónde está la pasión?

Tú: En la pasión.

 

Inventando. “Juzgando la verdad”

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Yo: Quiero que mi vida sea honesta y auténtica.
Tú: Será verdad aquello que elijas.
Yo: ¿Hace una realidad una verdad?
Tú: Y una mentira…
Yo: ¿Es auténtica la mentira?
Tú: Tan auténtica como una verdad
Yo: ¿Es real la verdad?
Tú: Tanto como creas en ella.
Yo: ¿He hecho yo relativa la realidad?
Tú: Tanto como mentiras habita en ella.
Yo: Relativizando la mentira, ¿puedo hacer más real la verdad?
Tú: Relativizarías también la verdad.
Yo: ¿Y si quiero solo la verdad?
Tú: Tendrías que poner límites a la mentira.
Yo: Puedo no hablar a la verdad de la mentira.
Tú: Solo estarías silenciando algo que es real.
Yo: ¿Y si dejo que la mentira sea verdad?
Tú: Solo así lograrás ser honesta y auténtica, como te pides.

~

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”  Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

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