Inventando. “La vacante”

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-Queda una vacante cuando pierdes a un amigo, y no hay desfragmentación posible para el alma o el pensamiento. Se fue sin decir adiós. Ahí quedará el hueco, el del instante en el que desapareció. Restan los recuerdos, y éstos, son como los sueños, que se cargan de una alegoría difícil de comprender al despertar-.

Mi amigo siempre dice: “Todos estamos solos”

La soledad no es algo que me preocupe, no es el estado de mi alma. Casi siento todo lo que contiene la naturaleza en mi interior. Vida, al fin y al cabo, parte del todo y todo en esta parte de mi persona.

La curiosidad, creatividad, el dar placer a los sentidos, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida cotidiana o de las grandes, del silencio o de la multitud, incluso del sentir lo desconocida que soy entre la gente en una nueva ciudad, o lo igual que soy a todos ellos… no, nunca me siento sola en el sentido de no tener un afín cercano, un íntimo amigo, compañero laboral, camarada o hermanos. Siento la vida en mí, siempre hay algo que hacer o que disfrutar, incluso para aburrir si fuera necesario.

Hay un momento con cada ser que encontramos, a veces durante minutos, instantes, meses, años o días… cambiamos… fueron… son… fuimos… somos… y seremos otros, como ocurre con todo en la naturaleza.

Ya tengo algunas decenas de canas entre mis cabellos, me gustan mucho… se han quedado marcadas las arrugas en mi entrecejo, en mis ojos, de las risas, de los llantos, de dudar en la oscuridad y confiar ante la claridad.

Se van… quedan atrás, como si cogiéramos un tren y saludáramos a quien se quedó en el andén.

Nos vamos… quedamos detrás, quietos, mientras el espacio y el tiempo fueran los que se mueven.

A veces estamos tan rodeados de caricias, amor, cariños, mimos, intimidades, miradas cómplices, de regalos, cuidados, palabras que llenan o vacían platos con ricos manjares… y a veces estamos en el silencio de ser nosotros sin más, nómadas de ratos, receptores de dádivas de amores templados, cotidianos, ajenos, anónimos… en el sinsonido de la escafandra del pensamiento y el ego.

No me siento sola, aún habiendo conocido las mejores y más maravillosas de las compañías, en rutinas y extraordinarias vivencias… plenas… sutiles… nuevas… enamoradas… de multitudes… familiares…

Llegar a los cuarenta y tantos sin una misma compañía íntima con la que haber crecido, aprendido, desarrrollado y vivido mil y una historias… en realidad, es de lo más normal.

Mi hermano siempre dice: “Lo normal es la mayoría,  lo raro es lo poco común”

Siento esta vida de encuentros y desencuentros, como un baile en rueda, turnando posiciones, rotando quien queda al centro. Un baile,… si… a veces más experto, otras tan novato… Y ¿qué más da?.

Hay un momento para cada encuentro y las vivencias tienen su ocasión y oportunidad de ser vividas y disfrutadas, sufridas o aprendidas, pero llenan, colman nuestra vida, y nada es en vano.

La vacante es el espacio que queda cuando una mano se suelta, y tú restas… con tu mano… para hacerlo todo… para dejar o cogerlo todo… para amarrarla o soltarla… para asirse a otra… para dar o quitar la nada… para volverla a entrelazar y volver a correr juntos por un nuevo instante, que siempre habrá un vacío disponible, aquel que dejara, creando esta nueva irremplazable.

~

Hay un momento para cada encuentro

por un minuto, por un instante o un día,

un hola y un adiós insonoro que dijeron

buscaron el todo con un nada al comienzo,

por un mes, un año, por un siempre moriría

de palabras, miradas, de diarios que abrieron.

Son paisajes que se hacen pasajes con ellos

hoy están, florecen y mañana vuelven secos,

los que con abundancia y ruido el aire llenaron

alimentando el tiempo que pasara por aquellos,

hoy están, son verdes y mañana vienen yermos

son los que, con la nada, el todo colmaron.

Prometido tiempo, la ocasión y circunstancia

que vividos quedarán para memoria pasada,

no hay más que hoy para quien vive en ego

mil mañanas para vivir en mutua constancia,

que gozosos restemos a la vigente soleada,

no hay más que un tú y un yo para este fuego.

Quedan vacantes de manos que te abrazaran,

hermanos nacieron y como amigos volvieron

a conocer quién habita la escafandra dorada,

espacios que llenamos, otros antes se vaciaran,

amores que murieron y como amigos tornaron

a ser dios de un templo, a ser imagen adorada.

~

Won Kar Wai una vez dijo: “Esos tiempos pasaron. Todo lo que había entonces desapareció”.

In the Mood for Love

Inventando. “Amor de otro”

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~

¡Ay amor cuánto has cambiado!
tanto que tu nombre ya es otro
tanto que no reconozco tu cara
tanto que es memoria pasada.

¡Oh amor cuánto has cambiado!
que en tu rostro no hallo rastro
que en el recuerdo hay una tara
que es oportunidad en tu mirada.

¡Ay amor cuánto has cambiado!
tanto que si te miro y ya no veo
tanto como oruga sea crisálida
tanto era todo que hoy es nada.

¡Oh amor cuánto has cambiado!
que por tu lado paso y no quedo
que es pretérito mi yo inválida
que eres amor a otro apegada.

~

Inventando. “Dádivas de amor”

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~

Dádivas de amor encuentro
suficientes son en el letargo
entre realidades yuxtapuestas
hay cabida en ellas si adentro,
regalos y chucherías en amago
por vida soñada todo apuestas.

Dádivas de encuentros de amor
dolientes del pasado y presente
son entre metáforas y alegorías
lo más grande y poema de rigor,
la caja llena y vacía del ausente
guardo el tesoro entre alegrías.

~

Inventando. “El amor de tu vida”

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-Ser amados nos hace ser y querer ser mejores personas, pero amar y querer lo que uno es, lo que hace y la vida tal y como ocurre, te hace ser mejor persona-.

…Sentados alrededor de la mesa camilla, con su calefactor caldeando el invierno, unas bebidas y algo que picar para acompañar la charla.
Nos ponemos al día de noticias, anécdotas, reímos con los chistes que nos contaron y variedad de tonterías que vienen a colación para pasar una buena tarde-noche.

Estamos muy lejos de “Sexo en Nueva York” y de idílicas reuniones de viejos amigos de “Friends”. A lo que más nos acercamos es a la realidad de un grupo de personas que, a partir del viernes tarde piensan en liberarse de rutinas de madrugar, impuestos, clientes, jefes, profesiones en vía de desarrollo y responsabilidades sociales o familiares.

A la segunda copa de vino la cosa se anima y nos relajamos, acomodándonos en el ambiente a media luz, unas velas y eligiendo música acorde al paso de las horas.

Luis, sentado frente a mí, inauguró la velada con sus historias de encuentros amorosos y propuestas deshonestas por parte de una compañera de un grupo en el que se ha metido para reconducir su vida laboral. Nunca le faltó trabajo, ha entrado en esa edad en la que las empresas ya no te quieren y su carta de presentación ha de ser decorada con nuevas técnicas de marketing. Nos hizo reír contando las terapias de abrazos que se generan entre desconocidos, en iguales circunstancias de desamparo económico, y los postureos ante una cámara de video que le harán ser más abierto y atractivo ante posibles entrevistas. Sus ojos comienzan a achisparse, me pide papel para liar un segundo cigarrillo de marihuana, ésta se la pasó una amiga a Rosana para infusiones relajantes, la metió en un tarro en el que escribió “Hierbabuena”.

Rosana, estaba sentada a la derecha de Luis, con el que compartía una manta, es adicta al tabaco y al café, es fácil tanto en la lágrima como en la risa y atiende que no falte nada para beber. Hasta la cuarta cerveza no notas nada en ella, ya a la quinta, coge “el puntillo”, y puede ocurrir cualquier catástrofe dramática rememorando sus momentos bajos, remontándose incluso a su infancia. Se le dan bien los números y ajustando las cuentas de otros, sobrevive y le hace levantarse a las 6:15 a.m. Se está recuperando de un desamor que traicionó sus expectativas, así que unos tiros al cigarrillo relajante le vienen muy bien para reír sin motivo, hasta de mi flequillo. Cosa que no podría hacer con Pura, que su pelo cae al perfecto estilo japonés.

Pura está iluminada entre la luz de dos velas sobre la mesa, pega sorbos a un vaso de agua del tiempo y picotea palomitas recién hechas. Se muestra prudente y expectante ante lo que sucede sin aflicción. Escucha y se ríe, asiente y sigue la conversación. La cálida luz potencia su tez blanca tirando a textura porcelana, pequeña pero llenando un espacio considerable con su rotunda y equilibrada presencia. Es experta en alquimias y sus conocimientos serán remunerados por muchos años, sin preocuparse por renovar su técnica de pose en este incierto mundo laboral. Arraigada a su tierra, es fiel a tradiciones y a la amistad, siempre llega cinco minutos más tarde que María.

A María le encanta su tarea, tiene una verdadera vocación, encontrando un equilibrio perfecto entre sus sueños y la realidad. Siempre rodeada de amigos, familia, proyectos laborales que le incentivan y se apunta a todas las fiestas, pero sin descocarse demasiado. Se ríe de su sombra ironizando con lo que podría ser y lo que resulta ser después, intuitiva y fuerte como un roble. Eso le dije yo un día: “María, estás sana como un toro”, y ella añadió: “¡fuerte como un roble!”.

Yo, esta “mujer sin igual”, más o menos igual que todos, en el mismo intervalo de años vividos que mis contertulios, en búsqueda de alternativas para no posar por conseguir un contrato basura. Con un solo vino ya me estoy riendo de los ojos achinados de Luis. Comienzo a decir muchas tonterías a la segunda copa, y a la tercera, te puedo declarar mi amor, aunque te acabe de conocer. Me gusta la simbología y todo lo que tenga que ver con el contenido mágico de las cosas, como las metáforas o descubrir formas y significados a la espuma del café. Ellos lo saben, así que de vez en cuando cogemos mi baraja del Tarot para plantear adivinanzas, y con las figuras e iconos, desvelar los aconteceres que pudiéramos vivir. ¿Qué te depara el destino?…

-¡Tachán, tachán!, veo a un hombre moreno que vas a conocer muy pronto con el que tendrás una aventura apasionada…-.

O algo así como, -vas a recibir una oferta laboral en la que puede que cambies de ciudad-.

Les hago barajar y elegir, después, los Arcanos nos hablan con sus figuras y yo compongo la historia, creando expectativas estrambóticas o con cierta posibilidad.
Esta noche fue diferente, fue María la que quiso echarlas a los demás. A mi me gustó la idea, ya que nunca me predicen el futuro.

-¡Qué bien!, a ver, a ver…-.

Hizo dos rondas a cada uno, con preguntas sobre la vida en general y lo que más juego daba y tema principal que alargaba la lectura:

“El amor de tu vida”

~
¡Qué solos aún entre amigos!
el desértico corazón que anhela
más amor, si se puede desear
con desespero, el frío es testigo
de sábana que pasión no alberga,
de deseo de pecho que abrazar.

¡Qué solos aún entre colegas!
suspira la ausencia constante
buscando la sintonía perfecta
de poesías e idilio por entregas,
árido baile de lluvia incesante
del chamán, el amuleto acepta.

¡Qué solos aún entre amantes!
a uno solo de compañero tolera
en íntima y romántica confesión,
como él o ella, nadie hubo antes,
acostar y levantarse con bobera
que seas por quien late su corazón.
~

El amor, ahí está siempre, que un rato de charla nos dio, nos reímos un poco de todo, pero me queda la sensación de si realmente nos afecta tanto estar solteros. Es curioso eso del amor, anhelamos algo más, mucho mejor, que ni la amistad, el compañerismo o la familia nos puede dar, queremos que sea único y nuestro, que nos acompañe hasta el fin del mundo, superando junto a ti todos los problemas, sobretodo, con la fuerza de ese amor, que el destino hizo realidad, aquel que va contra todos y todo, porque… el desamor, nunca jamás, quisieras soportar, porque es cansado terminar y comenzar. Porque es el destino, y el destino es una fuerza superior a lo humano, es más fuerte que tu voluntad, incluso lo dicen las cartas del Tarot, o las estrellas, con signos y caminos que escoger para que seas finalmente feliz, tal y como estaba escrito para ti.

En fin, es divertido hacer lecturas, nos lo pasamos bien, creo y confío en que al día siguiente ninguno se acuerde ya, que olvide lo que le dijeran los arcanos les fuera a suceder, pues nada cambiaría, porque: “lo escrito, escrito está”…

-Y yo, esta mañana, me enamoré de la lluvia chispeante, por la tarde me dejó, pero vino el sol y me volví a enamorar, puede que esta noche le sea infiel con la luna, pero no será traición, él antes me abandonó, o quizás con las estrellas me eche a dormir, dejando que alguna de ellas repose sobre mi pecho, y al despertar saldré de entre las sábanas como alma que lleva el diablo, para sorber un riquísimo café y luego seguir -.

~¡¡Príncipes y princesas, caballeros, poetas, gigolós o mujeres fatales, románticos, señoritas, hombretones, muchachitas rescatables de prisiones perdidas, héroes enmascarados, a caballo o en bicicleta, heroínas, tonticos o villanos!!

¡Diviértanse y hagan el amor!~

Inventando. “Construyendo realidades de palabra”

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Era como hablar con ella misma, idea de un nuevo yo en el que creer. Dibujando en lo etéreo una oportunidad de ser en otro ser.

Con la palabra escrita, en un espejo sin reflejo de si, configuraba el entorno propio donde sueños e ilusiones pudieran resurgir.

Sus dedos conjugaban las letras al teclado, símbolos cargados de misterios, que su otro yo, desvelaría en el otro lado.

La correspondencia era mutua y fluida, en géneros de poesía y pasión. Una cita cada día, en paréntesis de rutinas y condición.

Estructuraron las redes de un nuevo lugar de dos. Unidad de silencios y pausas, entrecomillados, interrogaciones y puntos y seguidos.

-Cuelga tú…-
-No, tú primero-
-A la de tres, a la vez-
-…1…2…3…-
-…-
-¿Sigues ahí…?-
-Siempre estoy…-
-…-

Corría por las venas de su yo y su nuevo yo, la metáfora del amor, hecha de frases y renglones, de volúmenes hinchados de rubor.

Puentes descriptivos de un pasado, aceras narradas en fábulas. Juntos levantaron paredes, con puertas y ventanas.

Troquelados en alfabeto el tiempo y anhelo, esperaban acoger el momento de un encuentro con su gemelo.

Arriesgando en carne viva su piel vendería al texto imaginado. Frente a otro ser esculpido con voces, y entrelineas modelado.

Resta convivir sin paréntesis, vivir tocando, oliendo, mirando sus miradas. Gritando sin exclamaciones y riendo a carcajadas.

Contrataron su unión, y era como hablar con ella misma, un yo en el que ahora creía. Construida con la etérea palabra, ahora sería.

Mujer sin igual

Inventando. “Cuento del lobo pastor”

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Ocurrió una vez que un lobo y un cordero vivieron unidos y en paz, yo diría que incluso fueron felices.

El lobo rastreaba cada día huellas y señales en busca de sustento, unas veces quedaba más satisfecho y comía para varios días o semanas, pues otras no era lo suficientemente sustancioso o nada que llevarse a la boca. El más rico de los olores era el del cordero, se acercaba siempre a la manada, conocía ya el rastro y campo donde pastaba, observaba su movimiento, estudiaba cómo podría hacerse con todos, pensó que si lograba tenerlos para él, no le faltaría alimento por mucho tiempo.

El lobo descubrió que todos los corderos se movían como si fuera uno solo, que era fácil cazar a alguno rezagado, pero no era su intención, así que trazó un plan, atraparía a uno y con su piel se haría pasar por uno de ellos para ganarse su confianza y llevarlos cerca de su guarida para adiestrarlos como rebaño y despensa inagotable.

Así ocurrió, encandiló a uno de los corderos extraviados, haciéndolo volver al grupo. Cada día volvía a separarse y le hacía alejarse cada vez más, dirigiéndolo hacia su cueva, volviendo después al redil. Se hizo pasar por cordero, llegó incluso a pastar, alguna noche se escabullía para cazar pequeñas presas que saciara su instinto carnal. Pasado un tiempo y ganada su credulidad, logró que el rebaño se dirigiera hacia su propósito.

El cordero rezagado iba pegado siempre a él, también aprendió a rastrear, incluso alguna noche le siguió y hacía colación con los restos que desechaba su raptor, algo orgulloso, el lobo dejaba un poco más para su compañero. Y si, así fue, llegaron a ser compañeros, corrían, jugaban, se divertían en las escapadas, acompañaban a la manada a pastar, dormían juntos incluso, al lobo le complacía el calor que éste le aportaba y el cordero se sentía igualmente en manada.

Y ocurrió algo inesperado.

Este encuentro se convirtió en una relación de camaradería, el lobo llegó a quitarse la piel de cordero y no creó ninguna expectación ni terror a su compañero confiado, el redil fue alejándose, pues la vida de dos fue ocupando lugar en el cotidiano de esta pareja peculiar, dejándose llevar por las noches y los días de convivencia extraordinaria. Llegaron a comunicarse en una lengua endémica, fueron inseparables lobo y cordero, cómplices, íntimos y amigos, incluso hermanos, diría yo.

No solo el cordero aprendió a cazar y comer más que hierbas, el lobo compartió y su vida en solitario cambió radicalmente, iban juntos a buscar prados donde pastar el cordero, mientras el lobo lo protegía de otros cazadores, al lobo le encantaba acurrucarse en su blando y acogedor cuerpo en la oscuridad de su cueva. Amaestrados estaban ambos al aullido y al balar, correteaban y saltaban jugando, y así por mucho tiempo vivieron en equilibrio.

Llegaron tiempos de frío y escaso de alimento feroz, el lobo comenzó a palidecer y demacrarse, su instinto enloquecía su amor por el cordero obsesionado por la idea de devorarlo. Para poder controlarse, escapaba a cazar en solitario y dejaba al cordero indefenso. Preocupado por éste, volvió a trazar un plan, haciendo que el cordero volviera a su manada. Se puso la piel de cordero e hizo lo mismo que entonces, hacía que su amigo le acompañase y durante el día pastaba con sus congéneres, pero, por la noche, amaestrado, volvía buscando la seguridad de la cueva, encontrándose solo y el suelo ensangrentado, con restos de la misma sangre que le hizo nacer, pues al redil acudía el lobo a cazar en la oscuridad, hincando sus colmillos en las pieles mullidas y rizadas. El cordero, atemorizado por el olor de su propia muerte, escapó, pero la costumbre del amaestramiento le hizo volver a pesar del miedo, confiando en que saldría bien parado.

Sintiendo el lobo que traicionaba la confianza de su cordero hermano, quiso echarlo definitivamente, le mordió y le aulló fieramente para asustarlo y que huyera al refugio del rebaño.  Así fue. Pero el lobo no quería abandonarlo totalmente a su suerte, sabía que todo había cambiado para ambos, que al cordero le rugirían las tripas echando de menos algo de sangre en su pasto y ahora más que nunca tendería a rezagarse de la manada poniendo su vida en peligro; y él, ya no podría estar más solo, aunque satisficiera su famélico instinto con la sangre de otras presas, pues sentía un cierto dolor al herirlas de muerte, empático en los recuerdos de unión y compañía. Eso le hizo jugar con ellas y apresarlas durante un tiempo en su cueva, que medio inconscientes, servían de almohada al lobo, antes de su trágico final.

Quiso el lobo pastor mantener al cordero en su supervivencia, protegiéndolo y aportándole su dosis de compañía colateral, y quiso el cordero seguir dando compañía y calor al lobo en su cueva. Se escondían entre las rocas y árboles a jugar y saltar como entonces. Con el tiempo, esos ratos se fueron alargando, su amistad sobrevivió al manso y al feroz, al sol y a la oscuridad, a la manada y a la soledad, al miedo y al cazador, al frío y a la escasez. Aprendió a convivir en equilibrio esta amistad de extraordinaria camaradería; el cordero, sin vuelta atrás a sus orígenes y el lobo, con sus instintos adiestrados, jugaron, cazaron, pastaron, aullaron, balaron y reposaron juntos hasta el fin de sus días.

En la cueva yacieron, quedando sus pieles acurrucadas, donde no se pudo distinguir jamás quién fue lobo y quién cordero.

LoboPiel-CorderoPiel-Lobo

~

Esta historia se la dedico a mi amigo, que siempre dice que es un hombre fatal

y se veía identificado con la imagen del lobo con piel de cordero, lo que no sabe él es

que, si yo vistiera piel de lobo, no me haría ser cordero y tampoco lobo.

Somos compleja y simplemente hombre o mujer, con piel e instintos humanos.

Diario no diario. “Por un instante te vi”

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Hay cientos de miles de personas en el mundo y hay una gran probabilidad de que muchas me parezcan interesantes, atractivas, emocionantes… aunque sea por un día, un mes, diez minutos o la eternidad, o quizás nunca o un instante en un cruce de miradas, leyendo algo que escribió o admirando lo que construyó… aunque sea por un día, puede que os encuentre, conozca, compartamos, intercambiemos un trocito de nuestra vida, y por esto valdrá la pena el sobrevivir.

Puede que vuelva a la montaña nevada, que aprenda a esquiar, conozca los tipos de nieve, las tonalidades de blancos y grises del cielo; es posible que intuya los buenos días para deslizarme por las colinas y los que son mejor quedarse refugiado delante del fuego de la chimenea… pero quizás acabe mi vida y solo la haya visto por un día, sentido el gélido de hacer una bola de nieve y las risas de arrojárselas a mis hermanos, el caminar por el hielo resbaladizo, abrigarme hasta las orejas e incluso olvidar el frío cuando se impone la belleza del todo blanco.

Por cientos de miles de personas que haya en el mundo, cuando las encuentro, las vivo como si fueran únicas y nunca se fueran a ir de mí, y así es y será, ya que conformarán mis minutos, horas, días, meses o años, construirán mi persona y memoria, cambiarán pasos y formas de hacer, aprenderé palabras y gestos nuevos que me acompañarán toda la vida. Puede que llegue a conocerlas y aprender a vivirlas en su extensión, conozca los tipos de formas, color y grises de su carácter; es posible que intuya los buenos días para aventurarnos juntos y los que son mejor quedarse en silencio… pero quizás acabe mi vida y solo la haya visto por un día, sentido su mirada o risas en un trozo del camino, chocado en discusión absurda sin aportes o a protegerme de quien no quiero volver a ver o saber porque se impone el interés y la belleza de un planeta lleno de personas.

Puede que llegara a ser una gran esquiadora y conocer la montaña me llevara toda la vida.

Inventando. “Cuando te vas”

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Cuando te vas, necesito crear y conmover mis entrañas .

Cuando estás, quiero caminar y reposar contigo.

Cuando no estás, siento ganas de correr y subir montañas.

Cuando no te vas, quiero reír, bailar y caer en el abismo.

  ~

¡Quédate! y matemos la rutina que el sol y la luna nos exige.

¡Vete! y volaré con las luces en el cielo de sueños.

¡No te vayas! y la memoria creará con los dos una efigie.

¡No te quedes! y la ciudad será un campo de reflejos ajenos.

 ~

Cuando te vas, mi ego me acompaña y dirijo hazañas.

Cuando estás, todo parece más fácil y nada, imposible.

Cuando no estás, mi piel cambia de olor y analizo mis caras.

Cuando no te vas, las horas parecen pocas y lo hacemos creíble.

 

(Qué difícil es decirte adiós)

Diario no diario. “Encuentros”

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Siempre pensé que tenía mucha suerte, encuentro personas excepcionales y aunque sea por unos instantes se me quedan pegadas, impregnándome de ellas. También he encontrado locos, gente dañina, y también tuve mucha suerte, estas veces por saber cómo alejarlas y que no dejaran huella en mí, pero inevitable el aprendizaje.

¿Aprendo más de esos encuentros de locos y dañinos?, me pregunto…

No, absolutamente aprendo y crezco con todos ellos.

Como artista, intento canalizar mis experiencias hacia lo plástico o la intangible palabra, torpe si, muchas veces, hago lo que puedo para que quede reflejado aquello que creo y siento necesario expresar.

¿A quién y qué sirve que lo exprese?, me pregunto…

A mi, primero, después supongo que habrá otros seres que lean o interpreten lo que hago como reflejo de lo que una vez sintieron. El arte no es tan útil como unas paredes donde habitar, una mesa donde apoyar el plato o la ropa que nos abriga, pero intentar definir su función en el mundo es como adentrarse en lo desconocido de la mente, la fe, la abstracta existencia de nuestro yo interno.

Desde los primeros pasos del ser humano sobre la tierra, en los momentos de descanso, de sentarse alrededor del fuego o reunirse a contar lo vivido, hemos interpretado con metáfora, canciones, decorado nuestros utensilios, hemos dado forma particular a nuestras vestimentas y rodeado de objetos contenedores de magia y simbología que nos hacía sentir mejor, dando placer a los sentidos sin pedirles más. Hemos logrado crear composiciones que llegan a los sentidos a través del abstracto sonido, mezclar colores y líneas que contaran lo que no se ve más que con el pensamiento, hemos creado palabras para formar frases que hablaran de lo que aconteció o porque si, por el placer de imaginar y hacer sentir.

¿El porqué del arte?, me pregunto…

Porque si, sin más pedir.

Mis encuentros, me los llevo conmigo, en los movimientos de las manos, en gestos al sonreír, llorar, mirar, peinarme, caminar de forma particular, palabras y expresiones que adquiero y completan mi vocabulario. Todo tan enriquecedor que va conmigo de equipaje de mano.

Hay personas tan maravillosas, especiales y raras que te tocan el alma, así como la música… separarse de ellas es doloroso y conlleva hacer un esfuerzo de amor para comprender que seguirán en nosotros, impregnadas en nuestro ser.

A mi hermana Macu o Inma, como la llamaba él, Antonio, al que beso con el pensamiento, ese beso de despedida que no le di al salir de casa.

¿Qué me enseñó su encuentro?, me pregunto…

Que se puede ser honesto, sincero hasta el límite de ser extraño y extraordinario, y lo que más me impregnó de él fue lo que sembró en esta familia, carácter, individualidad, humor, ligereza ante la adversidad, que ser tú mismo a pesar de todo es posible y la gente te querrá u odiará de igual modo; y  todo su saber y curiosidad por el conocimiento de la historia del ser humano. Creó ese entorno de “hoguera”, en el que visionaban pelis, hablaban de anécdotas de historia, pues con él podías quedarte a charlar durante horas o un rato; siempre era interesante. Se rodeó de objetos y piezas de arte, libros, cine… y creo que no tiraba nada que fuera particular, amante del arte, le gustaba lo antiguo con historia familiar, y yo me lo he pasado genial curioseando la biblioteca, los álbumes de películas y seleccionando con él las que me pudieran gustar. Generoso de cederte un libro, a mí, me regaló “Yerma” de Lorca esta primavera pasada.

Tomar un café a su lado, sentada mirando yo mis cosas y él las suyas, cada vez que le hablaba, me prestaba toda su atención, porque él era un buen escuchador.

Una suerte encontrarte, ha sido un placer saber conocerte, ¡un honor!, Antonio.

Diario no diario. “Un mundo lleno de personas”

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El mundo está lleno de personas, cientos, cientos de miles, cientos de miles de millones.

Quizás sean tantas como estrellas, imposibles de contar y verlas todas, pero ahí están.

Cada ser es un mundo de posibilidades, somos todos más o menos parecidos, tenemos un paquete de grandes y pequeñas posibilidades.

La genética, el clima donde nacemos y crecemos, la sociedad que nos toca, la época, la familia y combinaciones al azar que forman nuestro entorno de personas que entrarán o saldrán de nuestras vidas, nos tocarán, harán sufrir, sentir y aprender; una cajita de herramientas con la que iremos caminando y haciendo la vida.

Hay cientos de miles de personas para hacer cientos de miles de millones de combinaciones, permutaciones y variantes, sumando los lugares, el clima, las situaciones, los momentos, la década, cultura, política y sociedad que nos toque vivir, que hace que cada vez sea diferente y tenga otras cientos de miles de millones de posibilidades de ser diferente.

¿Cual es el motivo de todos estos encuentros?, ¿por qué unos funcionan y otros no?, ¿qué hace que nos vayamos en busca de otros lugar, otros encuentros, otras sociedades donde vivir?.

Intentamos hacer las cosas lo mejor que podemos, repetimos rolles, fallos, resultados, a veces aprendemos y otras tantas volvemos una y otra vez a encontrarnos con los mismos problemas y resultados, sin darnos cuenta de que llevamos años haciendo y viéndonos en los mismos momentos, haciéndolo de igual manera y obteniendo un producto parecido.

¿Por qué?

Últimamente leo mucho eso de que “si quieres resultados diferentes no hagas siempre lo mismo”, y me hace pensar en los rolles que voy optando por adoptar en lugares, momentos y personas totalmente diferentes en las que me veo viviendo y con los cuales me da un igual a otros tiempos, lugares y personas.

¿Por qué?

¿He de aprender la lección?

¿He de cambiar mi actitud?

¿Hay una fuerza mayor que me inclina a elegir o encontrar estas situaciones y vivencias?

¿Las provocamos nosotros mismos?

¿Somos cómplices o adictos a generarlos?

En absoluto hablo solo de malas experiencias, también de lo maravilloso y de las personas que te dejan y forman parte en tus mejores momentos y vivencias.

¿Por qué pensamos que hemos de aprender cuando lo que encontramos es sufrido, doloroso y nos cuesta más?, ¿aprender qué?, ¿a poder ser feliz a pesar de…?, ¿aprender a evitarlos para buscar estar mejor?, ¿lograr sacar lo mejor de nosotros, madurando con los golpes y el sufrir para ser mejores personas?

¿Por qué no pensamos que cuando volvemos a hacer lo que mejor nos hace sentir, lo que nos eleva a tener los más maravillosos sentimientos y momentos, es lo normal?

Quizás deberíamos pensar que lo que vivimos es cuestión de momentos que hemos de vivir, sentir, que pase por nosotros no desapercibido, que fluya tanto lo agradable, esplendoroso, impresionante, doloroso, trágico, dramático, fácil, complicado, vital o mortal.

Eso es… somos tantos cientos de miles de millones de posibilidades, en personas, momentos, días y noches, lugares, magnitudes y situaciones, que nuestro único deber es aprovecharlo, hacer que fluya y vivirlo.

No importa quién o dónde te encuentres, simplemente “ES”.

No es una obligación sacar lo mejor de todo, hacemos lo que podemos, a veces tenemos unas expectativas y otras no esperamos nada.

Podemos elegir, siempre, si consumir o no, si gritar o no, si amar o no, si quedarnos o irnos, si reír o no, si construir o destruir, si hacer el bien o el mal, si salir o entrar, si mover o callar.

Es cuestión de elección.

Para mí, la única cosa que debe ser porque debe ser es: VIVIR Y SENTIR LA VIDA A TU ALREDEDOR.

No me olvido del dolor, de la muerte injusta, del sufrimiento de quien no puede, no tiene o padece los desastres del mundo, cuando digo: VIVIR, comprende todo.

ABSOLUTAMENTE TODO:

NACER-LUCHAR-APRENDER-CONSTRUIR-TIRAR-GRITAR-TRABAJAR-AMAR-CORRER-ZAMPAR-EMBRIAGARNOS-DISCUTIR-RESPETAR-APLAUDIR-BAILAR-CRECER-ENVEJECER-COMPRENDER-OBSERVAR-BUSCAR-ATRAPAR-CONSEGUIR-PERDER-APRECIAR-RESPETAR-EVOLUCIONAR-DESCANSAR-MORIR.

Sigue buscando, sigue caminando, sigue viviendo, sonríe, saluda y despídete, llora y deja fluir tu ser por ti y por lo que tocas y encuentras, párate, quédate, túmbate, cáete y levántate, regodea la vida en ti y en todos o apágala un rato, sueña y despierta… pero sigue buscando lo que quieres SER.

Quién sabe si podemos hacer constelaciones de seres y galaxias con los lugares… como hacemos con las estrellas… quizás ya lo hacemos… los llamamos por nuestros propios nombres de personas, países, ciudades… es nuestro mundo… quizás las estrellas se tumben a mirarnos e imaginar formas caprichosas parecidas a sus sueños, dioses y pasiones.

Hay cientos de miles de millones de seres humanos ahí fuera para combinar, permutar y variar, imposibles de contar y verlas todas, pero ahí están.

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