Diario no diario. “Nudos en la garganta”

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Mi amigo siempre dice que cuando me lee se le hace un nudo en la garganta.

Le digo que la alegría no hace falta expresarla escribiendo, que no necesitamos comprender,  ironizar o analizarla.

Él me pregunta si escribo sobre mí y lo que vivo.

Le digo que a veces lo hago para entender mis propias emociones, y también lo que veo y vivo de los demás, que invento situaciones, exagerándolas, dramatizando un hecho, que quizás no es para tanto, pero que me ayuda a comprender otras circunstancias, otras relaciones. De esto trata la vida, de relaciones. Y no es triste, es simplemente complicado…

Una amiga me contó una vez que quiso empezar una nueva vida sin rencores y malos sentimientos, perdonar y personarse, así que escribió en un papel todo aquello que quería dejar atrás y lo envolvió en un precioso papel de regalo, le puso un lazo y lo tiró a la basura.

A ella le sirvió seguramente, lo que me quedó de su historia fue lo de envolverlo en un bonito papel de regalo, comprendí que es parecido a la poesía, un cuadro o una canción, dando una forma hermosa a  emociones con las que, de otra forma, no podrías seguir viviendo, porque no se puede vivir con pesar, rencor, pena, sin perdón, con desamor o frustración.

No se puede vivir con nudos en la garganta.

Diario no diario. “Al despertar”

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A veces, (no siempre lo consigo), escribir evita que se separen y divaguen sin rumbo las partes que me componen, como la atracción que ejerce el sol hacia los planetas, dando sentido y procurando el equilibrio, o quizás sea la única forma que tienen de comunicarse unas con otras. Dando sentido común y cuerpo que me defina.

“Aquí el corazón, aquí los riñones, pulmones…”. No sería tan fácil hacer esto con el cuerpo, pero no es que sea fácil tampoco con lo que no es tangible de nosotros.

El alma, la consciencia, memoria, las vivencias, el conocimiento… Solo el tiempo las puede medir y comprender, ubicarlas donde deben estar en cada momento. Si una parte se mueve, fuga o muere, las otras se verán afectadas y se recompondrían buscando otra armonía.

Y así es, escribir, pintar, seguir caminando, hablar, escuchar, fabricar algo o las cosas sencillas del día a día, todo puede servir para que esa galaxia vaya del caos al orden, del orden al caos, tomando la nueva forma que se nos desvela al despertar.

La mañana o el despertar, es como un sabor que no quisieras que acabara y que se desgastara al saborearlo todo el día.

~

Escribo mis cien sueños al amanecer
con tinta de palabra indefinida
miro la forma de luna renacida
que a Venus ahora fuera a mecer.

Como criatura que viene a la vida
con la sana curiosidad de descubrir
cuento estrellas que se van a ir
y retengo otras que el sol abriga.

~

Diario no diario. “Cortocircuito del yo”

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Cuando intento ser otro, no es empatía, a veces creo que debo esconder mi luz e iluminar con el brillo de otros. Y se nota, lo sé, lo saben todos.

Hoy me pasó, creí que debía ser otro para seguir sus pasos, su camino. Para ello me disfracé de lo que no sé hacer, de lo que no manejo ser. Por supuesto me equivoqué.

En parte, que mi alrededor se diera cuenta de que algo no funcionaba, fue casi un halago más que una crítica, pues reclamaban el ser que soy y no otro.

No sé en qué momento decidimos comportarnos de una manera que no somos, pero sé por qué es, y esto es por ser aceptados, creer que acertamos en la forma de ser parte de un grupo social. No sé en qué momento, pero somos totalmente conscientes de ello. Sabemos que no debe ser así, sabemos que nos está costando más esfuerzo del que debería, y aún así lo hacemos.

Hoy me pasó. Si. Y enfermé. Me parece mentira no haber aprendido que, ser y actuar tal y como uno es, es la mejor opción, incluyendo las consecuencias, ya que si éstas son las producidas por ser otro, no sabríamos afrontarlas. Alguien me recordó que somos humanos, que a veces pasa. Es cierto, y a pesar de ello no acepto en mí ciertos comportamientos, ya que cuesta mucho desarrollarse en uno mismo como para faltarnos al respeto de esa manera.

(Cuando intento ser otro, no es empatía, a veces creo que debo esconder mi luz e iluminar con el brillo de otros. Y se nota, lo sé, lo saben todos).

Brille o no, será mi propia luz y la conoceré como para saber de dónde sacar más, dónde atenuarla sin la dependencia de ser quien no soy.

Ser uno mismo y conocernos ya es bastante duro y largo de hacer, como para ser otro.

Que el mundo se enriquezca de muchos seres con sus particularidades, carácter, formas, luz y propio color, eso he recordado hoy. Hace todo mucho más sencillo.

“Cortocircuito del yo”, lo llamaré.

Diario no diario. “La belleza no es necia”

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Cuando alguien me muestra el lado agrio, necio o feo, me voy de inmediato ante el paisaje más bonito que tenga cerca. A veces es el pasaje de un libro, la fotografía de alguien a quien quiero.

Sombra entre castaños

Un ser humano puede ser todo, desde la maravilla de las maravillas, a lo terrible, oscuro, feo, destructible y abominable. También la naturaleza lo es, pero ésta no se discute, pues es consciente de sí aunque sin necesidad, porque su consciencia es innata en su esencia vital y no en el pensamiento, no tiene razón aunque argumentemos lógicas de comportamiento.

Si me das lo peor de ti seré intolerante. Pero escribo para comprender, al menos a mí, en el mejor de los casos, ya que soy el objeto de una agresión verbal, de malos modos, falta de respeto, del vómito y reflejo de una reacción. No lo tolero y no lo entiendo, solo puedo callar y analizar estos juegos de las relaciones humanas, donde la discusión no tiene cabida, pues no se llega a ninguna buena conclusión con quien no es consciente de sí mismo, menos aún si no lo es de su entorno.

Finalmente, sigo sin entender y sin aceptar, comprendo, observo, sin analizar demasiado, ya que es tan evidente,… que, quien hiere, a veces, es ignorante de su ser, de la naturaleza de sus emociones. Si no te conoces, no sabes el porqué de tus reacciones, al menos de la causa primordial. Y es el miedo, (siempre él) y la ignorancia, los detonantes de casi toda complejidad emocional.

Podemos demostrar odio cuando en realidad la causa es el miedo al juicio. Podemos despreciar con faltas de respeto, cuando nos impulsa la envidia. Envidia, celos o rencores, son sobrenombres del miedo que desequilibran la armonía del ser.

-Comprender no hace menos necio al necio ni mejora los hechos-.

-Llegar a conocerse bien es complicado, pero las relaciones y circunstancias ponen a prueba quiénes somos y cuán conscientes nos hacemos de todo-.

-¿Para qué sirve conocerse?-, me pregunta mientras paseamos.

-Para saber por qué haces ciertas cosas, de las que después aceptas las consecuencias y terminas viviendo con una gran joroba de hechos que olvidar, perdones que nunca pedirás o concederás y en el peor de los casos, olvidando u obviando aunque pierdas a las personas que estaban a tu lado-.

-Un mal momento lo tiene cualquiera, la imperfección y el error es intrínseco al ser humano-.

-Una reacción desmedida es subjetiva-.

-¿Y una comedida?-, preguntó sonriendo y levantando una ceja.

-Acorde a la situación, sería lo propio-.

-O sea que si me cuentan un chiste que ya conocía y que me hizo cierta gracia en su día, pero que hoy me hace reír a carcajada limpia, ¿es una reacción desmedida?-.

-No lo es, si no contiene malicia, sarcasmo, ironía u otro propósito con intención de ofender a alguien-.

-¿Debo contenerme para no ofender si me dan unas ganas tremendas de hacerlo si alguien me cae como una patada en el culo?-.

-Pues si. Nadie te obliga a estar con esa persona, y si has de estar en el mismo lugar o reunión por causa mayor, pues has de ser lo suficiente humilde como para evitarla o procurar no caer en trampas dialécticas, necias o sin buen fin. A nadie aporta nada esto. Vete de su lado, o también puedes optar por decirle que no estás de acuerdo o no compartes la misma opinión, callar mejor que ofender-.

-¡Con lo bien que sienta poner a alguien en su sitio si le tienes ganas!-, se rió.

-Está mal, es feo esa actitud, inmadura también. Aunque desahoga por un rato, eso si. Pero hay que comprender que la persona tonta o necia, lo es y ya está, no hay posible discusión con quién no quiere oír y no desea que nadie le exponga su necedad y fealdad ante las narices-.

-¿Cortesía?-.

-¡Respeto!-.

-¿Me trago mi orgullo?-.

-Conservarlo para cuando realmente te sirva, tu amor propio no será dañado si eres humilde-.

-¿No me puedo defender?-.

-Si que puedes, mientras no entres en juegos ni comportamientos que lleven a más violencia, sin acritud. Hasta para defender tu dignidad has de ser humilde y pacifico, pues aquel que usa la agresión verbal o física no tiene más argumento ni arma y ante esto, es mejor marchar, dar media vuelta y alejarte-.

-¿Y todo esto para qué?, ¿no se puede ser instintivo, impulsivo, he de tener conocimiento y conciencia de mí constantemente como para saber ser comedido en cada situación?-, dijo con cierto drama pero siempre con una sonrisa en los labios.

-El conocerte simplemente te ahorrará problemas de comunicación y llevarte a terrenos a los que no quieres llegar. Pero esa consciencia de ti mismo y de los demás llegará a ser tan natural como respirar, una vez que fundamentes las bases, todo va solo, como en la naturaleza, casi sin ser consciente-.

-¿Nos quedamos aquí un rato?-, propuso.

-Todos se han sentado mirando hacia el monumento, si, ¡es precioso!-.

Entre maravillas

Huiré de lo banal, aunque sea por un instante, un hola, un guiño, un gracias, adiós, buenos días cordial o la mirada de un gato, será para esa persona precisa y para nadie más, aunque no sepa su nombre o sus vivencias, alegrías o tristezas. Pues siento que nada ha de pasar desapercibido, en cada instante de los días. No será cuestión del deber vivir con intensidad la vida, como si fuera el último día de tu vida. Es solo saber que has de ser y dar lo mejor de ti. Por muy fugaz o breve que sea un contacto, ha de ser veraz.

Y me fui a sentar al lugar más hermoso que hay en esta ciudad, alejándome de la necedad.

Los hay sencillos como la orilla del río, el sonido de los vencejos o el buenos días con la mano de un madrugador corredor.

Pero quise estar rodeada de la más compleja belleza y maravilla, para que me colmase todos los sentidos.

En la ciudad los ruidos casi no me dejan oír la musica del auricular, demasiado caos, como el de los viandantes y sus prisas. (Quizás yo sea una más).

Hoy no hubo canciones, ni yo tarareé, solo el rumor del correr del agua, las fuentes, los pasos y sin alientos del que iba en mi misma dirección, los colores y la luz entre los castaños, la tierra y empedrados que sentí en las plantas de los pies.

Quise descalzarme y unirme a tanta armonía, pero solo estuve, como parte de ese todo, sin prisas y sin lugar a discusión.

La belleza no discute.

-La belleza no es necia-.

-¿Qué me miras?, siempre sonriente mi tranquilo amigo.

-Has puesto la misma mirada que el gato de antes-. También sonreí, volviendo a mirar la maravilla.

-Estoy de acuerdo contigo sobre lo de la belleza, que no es necia, pero no en lo de conocerme, ¿qué importa si parezco un gato?-.

El gato

Diario no diario. “Entre la espada y la pared y la teoría de los trenes”

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Me he dado cuenta de que, cuando escribo, uso con frecuencia la expresión “a veces” o “hay momentos”. Quizás porque dos de mis pasiones sean la jardinería y la cocina. En estos terrenos, parece que se deban componer las medidas exactas para obtener, en la receta o planta, el resultado deseado. Pero hay muchas variables, dicen que también depende del estado de ánimo y por supuesto, de la calidad de la materia prima. A veces pasa, si, que sale diferente a como pretendías. En la jardinería más aún, pues no puedes controlar el tiempo, las plagas de la flora del lugar, de lo sana que estuviera la planta de dónde salió la semilla o el esqueje y la conjugación de otros elementos, como la tierra o el agua con la que riegas y demás.

-¡Todo tiene vida, independencia, libre albedrío!-, digo con entusiasmo.

-¿Hasta una tarta?-, mofándose.

-¡Incluso una tarta o unas lentejas! Eso creo. Tú pones los ingredientes, tu trabajo, amor, ilusión o cuidado, y elijes los elementos. Lo pones a cocinar al fuego y, a partir de ese momento, toma vida propia. Tú solo esperas el resultado, puedes estar atento al horno y al “chup chup”, solo eso-.

No sé si podemos hacernos una idea de cómo se aplican estas variables en la vida de una persona, donde existen tantos elementos, materia prima, momentos, circunstancias, estados de ánimo, edad, sociedades, culturas, vivencias, recuerdos, encuentros, información, medios… Quizás sea por esto, mis tantos “a veces”.

-Puede ser porque no estés segura-.

-Precisamente, pues es tanta la incertidumbre, sobretodo cuando eliges, o mejor dicho, debes elegir-.

-También depende mucho del momento de la vida, las circunstancias. Una relación entre dos personas, en otro momento, lugar o tomando otras decisiones, pueden tener resultados totalmente diferentes-.

-Si, a veces es así-.

-”¡A veces!”-, se sonríe.

Estar entre la espada y la pared”

A veces pasa que nos encontramos entre la espada y la pared. Debemos decidir. En ese preciso momento no tienes más que una opción. Decidir. No, y te vas. Si, y te quedas.

-Entre la espada y la pared no existen muchas opciones, estás algo limitado a “decide o muere”-.

-Cierto, hay momentos en los que es así, no te puedes quedar a mitad de camino, vivir en los medios, o vives o mueres-.

-O siempre, o jamás, como si no existiera una forma de vida “a medias”-.

-¿Por qué?, no creo que deba ser así. O en algunos casos, ¿puedes ser madre a medias?, ¿pintor a medias?, ¿jugar al tenis a medias?-.

Creo que, a veces, no podemos ser o hacer algo “a medias”, hay que tomar una seria actitud, un bando, postura, decisión. Después habrá oportunidad de cambiar, pero será momento de elegir otra vez.

-Puedo jugar al tenis pero no ser tenista profesional, es una opción, pero no soy tenista a medias-.

-Cierto, pero para ti, jugar al tenis no es algo profesional, forma parte de ti, sigues las normas, le dedicas un tiempo, y no implica o condiciona a otros seres. Por ejemplo, imagina que estás trabajando y tiendes a dirigir la labor de tus compañeros, cuando no es ese tu cometido, pero los dueños de la empresa, viendo que puedes tener cualidades para ello y buscan a alguien como tú, te ofrecen dirigir tu sección. Pues vas tú y dices que no, que prefieres seguir así. Cosa que a ellos no les viene bien, ya que otra persona dirigirá al personal y tú tendrías que seguir sus directrices. Peor aún, te plantean que si sigues con esa actitud, tendrán que despedirte-.

-Me pones entre la espada y la pared-.

-Podría ser otra situación. Imagina que una mujer te ofreciera ser padre y te dice que puedes tomar parte en su crianza y educación, o que por lo contrario, puedes colaborar en la inseminación, desentendiéndote después. No podrías jugar a ser “papá” tres veces por semana, durante dos horas, como si sudaras la camiseta con un colega en la cancha, ¿comprendes?-.

-¿Y si decido ser director o padre, y después no valgo para dirigir o como padre soy un desastre?-.

-Eso ya es otro tema. Es parte de la vida, ir gestionando y solucionando lo que nos venga. Lo crucial es la decisión, no quedarte en esas mitades que no implican ningún compromiso-.

-¿Se trata de compromiso?-.

-Eso es, decidir conlleva un compromiso, además no implica que no vayas a fallar o a equivocarte, simplemente que darás de ti lo mejor para con la elección tomada-.

-Me encanta jugar al tenis-, cierra los ojos como recordando la última partida.

-No lo haces mal del todo, si hubieras practicado desde pequeño y entrenado cada día, ¿quién sabe?, ahora serías un tenista profesional-.

-¡Ese tren se me pasó!-, riéndose y tocándose el pelo desde las entradas que comienzan ya a aclarar.

La teoría de los trenes”

-Últimamente ya no la escucho tanto, pero si la he oído mil y una veces. “este tren solo pasa una vez”. (Ahora me dicen eso de “se ta pasao el arroz”)-.

-¡Vaya!, como si viviéramos en una estación esperando a que pase aquel que nos lleva al destino deseado, o como si fuéramos a hacer una paella con nuestra vida, ¿qué le importa a la gente?-.

-Nunca me gustó. Te hace sentir que has desaprovechado la vida. Como si los demás fueran mucho más inteligentes y clarividentes para ver lo que podrías haber hecho-.

Si hubiera, o si pudiera, no me gustan tampoco estas expresiones, aunque a veces son inevitables, y las piensas, no siempre que van mal las cosas, son simples juegos de la mente, pensando por ti o por otros, cuando divagas en los recuerdos.

Es un dicho bastante desagradable, pero es cierto que da rabia cuando pierdes un tren, has de hacer cambios, improvisar otras alternativas, pensar qué hacer con el tiempo hasta que llegue otro… ¿y si no llega?… Por supuesto es una metáfora de los momentos cruciales, los que son o fueron más idóneos para hacer algo o elegir un camino. Pero al fin y al cabo somos nosotros a decidir cuándo, con quién, cómo, el qué y el dónde o el porqué.

-No olvides las variables-, me recuerda.

-Cierto, el libre albedrío de todo y la nueva forma de !vida independiente!-, me río.

Lo más complicado de la vida es mirar solo al frente, darte cuenta de que el hoy y el presente es lo que existe, pues más allá de tus mil y una posibles opciones o trenes que pasaran por tu vida, tú cogiste uno u otro, y es el que te llevó a ser cómo y quién eres. Si no te gusta, ¡cambia ahora mismo!, no te pierdas este tren, que solo tú decides vivir,… o morir entre la espada y la pared, cuando ya no quede otra opción, pues se te acabó el tiempo, agotadas las ilusiones, las fuerzas, la paciencia, las personas que te apoyen y te quieran.

-¿Dónde queda ahora este tuyo “a veces”?-.

-¡Vaya!, pues debe ser que a veces ocurre… si, eso debe ser, que hay momentos en los que nada de estas teorías ni dichos funcionan, pero eso si, no te puedes quedar a medias, o te comprometes o…-.

-¿…o qué?-, me interrumpe y amenaza con cosquillas.

-¡Pues que pierdes el tren!-, salgo corriendo y gritando socorro, porque no puedo soportar las cosquillas.

A veces pasa, y no es un tren, ni una espada amenazando, estás solo tú y la actitud con la que vives las consecuencias de tus decisiones.

Diario no diario. “Amor y odio entre libertad y confianza”

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¿Confías en quien te quita o da libertad?

¿Confías en quien se siente libre?

¿Da libertad tener confianza?

¿Da confianza sentir libertad?

¿Se puede ser libre sin confianza?

La libertad es un estado expresado en acción. Otorgarse y dar a otros el derecho a hacer y ejercer según su pensamiento y voluntad, sin ser coaccionados.

La confianza es un estado de fe, que da energía motora a lo que se hace. Es un sentimiento de seguridad y propósito firme sobre lo que somos, pensamos, nuestras creencias y deseos.

¿Podemos hacer libremente algo pero no tener confianza en que el resultado sea el deseado?

¿Podemos tener una confianza absoluta en algo que sabemos no poder llevar a cabo por ser o estar coaccionados?

Existe una relación de amor y odio entre estos dos estados, pues a veces la confianza plena en nuestras capacidades nos aporta la libertad de ejecución y poder realizar lo deseado, sea cual sea el resultado. Pero sin confianza en lo que hacemos, ni en nosotros o en los demás, estamos provocando una oposición a la libertad de acción.

Como casi todo, la perfecta conjugación de ambas es la clave para que surja la mejor comunicación en las relaciones con los demás y el entorno, ya que tanto una como otra, están rozando el mutuo respeto, dependen de ingredientes adicionales y trabajar la conciencia de uno mismo, la comprensión, humildad, generosidad, compasión, tolerancia, amor propio, … Y caminando en sutiles diferencias, llevan al mismo lugar: ser tú y ser consciente de la existencia de todo lo demás.

La libertad no otorga poder de invadir la de otros, sino tener conciencia de ti mismo, como la confianza no da el poder de abuso, sino fe en ti y en los demás.

La libertad necesita de la confianza en nosotros y en el entorno. No se puede tener libertad sin confianza y no se puede confiar sin sentir libertad.

Diario no diario. “Sin padres”

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En mi familia todos hemos quedado sin padres,
quedan ellas, las esposas, nuestras madres.
Aliadas de corazones que expiraron,
de tanto que vivieron, de tanto que dejaron.
Hijos fueron de la hambruna,
trabajando premio sin fortuna,
hijos alimentaron con sudor
por encima de orgullo y honor
así el padre, en paz descanse,
a su nombre el hermano se une.

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Diario no diario. “Dibujo de puntos numerados”

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-Dejo a la niña uniendo puntos del dibujo a descubrir. Después lo coloreará-.

Mientras, camino por calles asfaltadas, un pié detrás del otro, al compás de la música del auricular, escribo con tinta virtual, pinto con los ojos del pensamiento, doy la mano a mi otra mano, entrecruzan los dedos al calor, arrimo el hombro izquierdo al derecho, plegándome en el tiempo y el espacio, hacia el agujero de gusano que ya no existe, porque es supuesto. Pues ahí estoy, en la hipótesis de mí. Resuenan los ecos de ego en la cueva del tórax, latiendo al mínimo sustancial. Espirando el aire viciado del dolor y perdones concedidos, inspirando nuevos amores que abrillantan la oxidada piel.

-Añado más puntos numerados al dibujo por completar, así la niña se mantendrá ocupada. Después lo coloreará-.

Diario no diario. “Viajar es de color sepia”

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Ruedo en recuerdos, a los sueños.
El lugar sin tiempo, sin gentío.
Umbral de pasados, de futuros.
Poco hay, y poco ansío.

Transito paisajes, sin olerlos.
Vástagos de ideas, maduran.
Dejando sombras, o reflejos.
Al sol alcanzo, si apuran.

Viaje de retorno, a lugar nunca ido.
Vuelo a la nada, y todo llevo.
Pintado en sepia, en silencio oído.
Hoy iré, mañana, voy y vuelvo.

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Diario no diario. “Lo justo es justo porque es justo”

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-El muchacho fue a enterrar su padre-.

Pues lo que es para uno, para uno debe ser. En su lugar se encontrará lo que no se hallaba. A su tiempo lo que fue a destiempo.

-Ese hombre que ves ahí se dice tu padre, al que todos llamaban “cabrón”, y así es, es lo mínimo que podía ser llamado, él se forjó su nombre con empeño. No dio pena, ni por viejo ni por enfermo, ni por saberlo muerto. Solo lamentamos el oxígeno y alimento que consumió, que tanta falta le hizo a otro-.

(Pensamientos crueles: hasta las alimañas, bacterias y sanguijuelas, comen y tienen derecho a vivir…)

-¿Dónde está la compasión, la humanidad, el perdón?-.

A veces, seamos honestos, quisiéramos ver representada nuestra venganza, palpar cómo el dolor se revierte en él, tanto daño como hicieron sentir. La cuestión es que la única cosa que te queda es la justicia natural, que cada cosa se ponga en su sitio, con el tiempo, que el mal que haya hecho alguien, finalmente se compense en su propia infelicidad o amargura. Esperando eso del karma, y que la vida se compense de alguna manera.

-¡Que se muera solo!-.

(Más pensamientos crueles: muere con dolor y sin amor, ¡cabrón!…)

Y si se muere solo, se morirá y todo pasó, ni sabrá, ni padecerá, ni frío ni calor, ya no verá más la luz y tampoco habrá castigo, ni juicio final, ni que le lean “la cartilla”.

Y un hombre va a morir, uno cruel, inconsciente, maltratador, una mala persona sin momentos buenos, uno que duerme y se despierta, se lava y viste, el que trabajó y procreó, se casó, separó y fue infiel, engañó, mintió, sufrió e hizo sufrir, construyó y destruyó, como tú, como todos hacemos en mayor o menor medida. Pero él es de lo peor, y me dan ganas de vomitar, …saber que es un ser humano, igual…

-¡Cuánta ironía!. ¿Dónde está mi compasión, mi humanidad, mi perdón?-.

(Mil pensamientos crueles: …ese gran hijo de puta, ¡que se muera ya!…)

Lo justo ha de ser justo porque es justo.

-¡Un pobre hombre!… lamentaremos su vida, no su muerte-.

Si perdonas no ignoras, tampoco vendría del rencor, la venganza seria este perdón, ya que lo justo seria injusto para los dos, si en ti se representara su reflejo vil. Serías un mal dañino igual que él, y eso, eso es lo que espera, pues no hay ser humano en “sus cabales”, que no espere una reacción, un castigo por sus actos, él así lo quiere, y te espera en su juicio final.
Si con el perdón se encontrara, ahí acabaría su vida, y su existencia no tendría más sentido.
Correría desbocado como loco, detrás de ti, suplicando un porqué de este perdón en la forma más retorcida: suplicando amor, mirándote de frente y pidiendo: “¡dime que soy una mala persona!”. Viendo cómo, todo lo que hizo, no ha cumplido su objetivo, tener su correspondencia, sufriendo su culpa, su sentencia.

-¿Perdón?, ¡pobre hombre viejo que no le quedan fuerzas ni inteligencia para dañar más!-.

¿Es justo?, ¿no es más lógico que cada cual cargue con su culpa, con la visión impresa en los muros de su hogar?, ¿es morir en soledad el mayor castigo?.

-No hay justicia. No es justo lo que es justo porque sea justo-.

(Mil millones de pensamientos crueles: ¡Ven a mí vengador enmascarado!, haz la marca de la “Z” en su frente, y que todos sepan que es un canalla…)

No soy un bondadoso dios que perdona, pero soy un ser humano que te olvida, que perdona al ser que fuiste porque no supiste ser mejor, perdono al yo que fui, por no irme antes de tu lado, por dejar que hicieras daño.

-¡Qué rápido se desvanecen las ganas de venganza y rencor!, si es a ti mismo a quien perdonas y al otro ignoras en su presente moribundo…-.

(Miles de cientos de millones de pensamientos crueles no fueron ya para mí. Ocuparon demasiado espacio y no me dejaban ver más, solo a ese pobre hombre que morirá y que no significa nada hoy, no consume alimento ni oxigeno…)

El muchacho perdonó a su padre, y éste murió en vida agonizante, solo. También se perdonó por consentir, por soportar, por no devolver en justicia lo que debía ser justo en cada momento.

El muchacho acompañó a que enterraran a su padre. Fue a la casa que habitó y observó la nada y el todo, de una vida que latió como la suya propia, sintió estar hecho de esa misma sangre, esa misma carne. De lo que jamás podría deshacerse.

Ese perdón, perdonó su esencia vital también.

Lo justo es ver cómo tus actos tienen una consecuencia, si son de amor, esperas amor, si son dañinos, esperas daño.

¿Y si lo esperado no fuera así?, ¿y si con daño correspondieran tu amor y con bondad tu daño?. ¿Quedarían deudas, penas por cumplir?, ¿y si no hay denuncia, ni hay delito, ni culpables o víctimas, ni juez?

Lo justo es justo porque es justo para ti. Haz lo que debas hacer, por ti, para ti. ¡Grita, denuncia, vete!

Los pensamientos crueles se desvanecen por supervivencia… Entierra ese ser que fuiste, y mira de frente el mundo que creaste a tu alrededor, aunque hayas cambiado, lo que hiciste será parte de tu mundo… y buscarás, incansablemente, que la vida ejerza su justicia hacia ti. No pudiendo soportar el perdón. Y no llegará tu pena o castigo, incluso tú lo olvidarás, y no habrá justicia, ni será justo lo justo porque debía ser justo.

Y no hay juicio final, se morirán también los dañados, y con ellos la crueldad.

Habrá una sombra, que será la tuya, que en una nueva oportunidad que te dieras, quizás puedas hacerlo mejor. Tu eliges, elige mejor.

(Cientos de miles de millones de pensamientos crueles, para todo aquel ser humano que ejerce su fuerza e impone su voluntad a otro ser. Para aquellos que violan o maltratan, bloquean la vida e impiden la libertad de otro ser humano, para éstos, no me queda más que pensamientos crueles, y no hacen daño más que a mí, ¿quién ejercerá justicia en lo justo, que justo ha de ser por ser justo?).

-El muchacho vio cómo enterraban a su padre y nadie más habló de él-.

Y así, lo que es para uno, para uno debe ser. En su lugar se encontrará lo que no se hallaba. A su tiempo lo que fue a destiempo.

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