Inventando. “Los peces de mi estómago”

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Crié sapos en el hígado, erizos en el riñón, no hubo hilo ni anzuelo que pescara tanta invasión.

De mis lacrimales caían dos cuerdas y con éstos pesqué los peces que en mi estómago anidaron.

Bajo la orilla de los ojos, a comer musgo y pena verdes donde amargas lágrimas habitaron.

Se rompió el cordón y el alma se rebosó, se inundaron las entrañas y el llanto se me secó.

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Inventando. “¿Y la luna?”

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¿Y la luna?

La luna se tornará azul si es necesario.

O roja.

Anaranjada.

Rosada.

Amarillo limón.

Blanca como la leche, si es necesario.

Pues, la luna se tornará del color que reflejan

las escamas de los peces que filtran nuestras pasiones.

Inventando. “El hombre con ojos de pez”

1 comentario

David

La primera vez que te vi, reconocí un estanque de peces rodeando tus ojos, con un tono verdoso del musgo del que éstos se alimentan.

Me caí bajo tus ojos, al estanque sombra del lacrimal.

Caí hipnotizada por las voces de los peces, que me contaban el poder del resurgir, del renacer, de regenerarse, realimentándose una y otra vez del mismo líquido, de las lágrimas que caen, del dolor del drama, de las tristezas y de la pasión, la alegría y vivencias del ser. Y se quedan ahí, bajo las pestañas, en el estanque donde viven peces que harán de él un agua oxigenada, que se renueva para poder volver a llorar lágrimas límpidas.

Eso fue lo que vi, lo que aprendí de ti, después puede reconocer ojos de pez en más personas, en los míos propios.

 

Nos cuentan, los ojos de pez, lo que nos aconteció, lo que una vez sentimos y nos hizo llorar. Nos van dejando huellas, surcos, musgo; también sabiduría, la de la memoria del pez, que se renueva y te da fuerzas para poder seguir; limpiando y aclarando el verdín del estanque, volviendo a empezar, resurgiendo, reviviendo, renaciendo.

La primera vez que te vi, me caí bajo tus ojos, después puede apreciar el cielo circular que te sirve para ver, de dónde surge la vida, el sentido por el cual un hombre tiene razones por las que haber llorado y llorar.

 

David

“El origen de un abrazo o el porqué de la espuma del mar”
 
(Detalle de la obra “Creadores del amor”)
Es el corazón y su fuerte latir,
que provoca un vaivén en mí,
agita mi respiración, a la orilla de tu pecho.
El vello rizado y alborotado, se enreda entre mis dedos…
…y no hay nada como dejar que se me hundan los pies en la arena
con el ir y venir de las olas en el mar…
…y no hay nada como dejarme llevar, entrelazando
piernas, brazos, manos y pies, al son de tu corazón…
Es siempre un soplo de vida, de placer,
como estar dormido al amanecer.