Inventando. “Nómada de mí  o de cómo llegar a playa Tabuca”

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Salgo del envoltorio de mi cuerpo, ya inútil, como muerto. Me dirijo hacia la etérea imagen que es solo un presentimiento, como las líneas que veo en el papel en blanco antes de empezar a dibujar. Me siento como nómada de mi misma, de una yo a otra yo que espera a que la habite, con otros sueños, nuevos horizontes, otra forma de mirar.

Quizás vaya a playa Tabuca, el país que se parece mucho a este, pero que es absolutamente diferente.

Si quieres verme, tendrás que viajar en el atunero que sale antes del amanecer, o también soñando, cantando desafinado o en avión de papel.

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Inventando. “Ego, luego yo”

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Ego, egolatría, egocentrismo o egoísmo. A veces no sé definir ciertos rasgos o actitudes del ser humano con exactitud pues, aunque sutilmente se diferencien, todas confluyen al mismo yo.

~

Ideal es la figura de mi cuerpo
consciencia excelsa de mi yo
estimo con paciencia y tiempo
mi reflejo en culto y adoración.

Simpatía hacia el propio amor
epicentro de lo mío y personal
viciado de virtudes su corazón
como es el amor incondicional.

Interesado es don en demasía
a lo ajeno atiende en descuido
es tacaño en halago y cortesía
patria de sí en carne esculpido.

~

Diario no diario. “Cortocircuito del yo”

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Cuando intento ser otro, no es empatía, a veces creo que debo esconder mi luz e iluminar con el brillo de otros. Y se nota, lo sé, lo saben todos.

Hoy me pasó, creí que debía ser otro para seguir sus pasos, su camino. Para ello me disfracé de lo que no sé hacer, de lo que no manejo ser. Por supuesto me equivoqué.

En parte, que mi alrededor se diera cuenta de que algo no funcionaba, fue casi un halago más que una crítica, pues reclamaban el ser que soy y no otro.

No sé en qué momento decidimos comportarnos de una manera que no somos, pero sé por qué es, y esto es por ser aceptados, creer que acertamos en la forma de ser parte de un grupo social. No sé en qué momento, pero somos totalmente conscientes de ello. Sabemos que no debe ser así, sabemos que nos está costando más esfuerzo del que debería, y aún así lo hacemos.

Hoy me pasó. Si. Y enfermé. Me parece mentira no haber aprendido que, ser y actuar tal y como uno es, es la mejor opción, incluyendo las consecuencias, ya que si éstas son las producidas por ser otro, no sabríamos afrontarlas. Alguien me recordó que somos humanos, que a veces pasa. Es cierto, y a pesar de ello no acepto en mí ciertos comportamientos, ya que cuesta mucho desarrollarse en uno mismo como para faltarnos al respeto de esa manera.

(Cuando intento ser otro, no es empatía, a veces creo que debo esconder mi luz e iluminar con el brillo de otros. Y se nota, lo sé, lo saben todos).

Brille o no, será mi propia luz y la conoceré como para saber de dónde sacar más, dónde atenuarla sin la dependencia de ser quien no soy.

Ser uno mismo y conocernos ya es bastante duro y largo de hacer, como para ser otro.

Que el mundo se enriquezca de muchos seres con sus particularidades, carácter, formas, luz y propio color, eso he recordado hoy. Hace todo mucho más sencillo.

“Cortocircuito del yo”, lo llamaré.

Diario no diario. “El espejo”

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Mi padre siempre decía: “Los hijos son como de barro y se pueden modelar”. (Algo así).

No es que sea algo que se destaque de una manera particular en estos momentos de mi vida, es evidente que desde que nacemos somos susceptibles en carácter y personalidad, al entorno. Pero, en los últimos tiempos, en los que ya soy bastante más que adulta y vivo esa edad en la que comienzo a plantearme qué, quién, cómo soy y a dónde me lleva esto que hago, (-Perdón, quiero cambiar de profesión, ¿se puede?-), he llegado a un punto en el que es inevitable observar a los demás con más atención y analizar el porqué soy más feliz o infeliz, más o menos adulta o madura que otras personas. También observo cómo gestionamos, las parejas, familias o conocidos, las relaciones, cómo se sienten y qué nivel de satisfacción personal tienen, tenemos, en referencia al entorno laboral, amistoso y familiar.

-No conozco muchas personas felices, casi todos se sienten solos, aún cuando no lo están, porque no quieren estar ahí-.

-¿Yo?-.

-No, tú me tienes a mí, y sé que te gusta estar aquí-.

-A veces si y otras no tanto, pero hay tiempo en el día para todo-.

Relacionándome con las mismas personas y conociendo nuevas, cambiando de residencia, países y ciudades, observo que, lo realmente importante, es el entorno, a lo que defino como “el espejo”.

Aquello de lo que nos rodeamos y llena nuestros días, tanto las cosas en casa, las personas que elegimos para convivir, los amigos con los que compartimos penas o alegrías, los lugares a donde vamos a comprar o comer, el paisaje tanto urbano como natural al que nos acercamos o visitamos y hasta el clima o lo que nos alimenta diariamente.

-Si la persona que me vende los tomates me cae bien, yo seguiré comprando allí-.

-Pues el otro día entramos en otra frutería-.

-Es que también me gusta esa otra-.

Lo que vemos y a quien miramos, es un reflejo de nuestra existencia. La imagen que nos devuelve este espejo es la referencia de nuestro aspecto físico, es la que ven los otros. (Me horroriza saber o pensar esto).
Somos muy críticos con los demás, es fácil, y es más, podemos ver con claridad soluciones desde fuera, cuando después sea muy difícil aplicarnos el cuento. Si de algo nos sirve, lo que vemos y cómo lo hacen otros, es para poder cambiar la propia actitud y darnos cuenta de lo que no nos gusta de lo que hacemos y pensamos, sean valores, comportamientos o incluso, el aspecto y el lenguaje que empleamos.

Si me encuentro delante de ti, inmediatamente aceptaré que tus gestos u opiniones son un reflejo de mí. Por esto, intentamos por todos los medios debatir y discutir hasta confirmar las diferencias entre ambos, a las malas, hasta buscaremos documentos que lo verifiquen. Otras veces ocurre esa simpatía que reafirma el qué y el cómo pensamos, que somos parecidos, ahí, nos sentimos cómodos y provocamos nuevos momentos de estar con esta persona, en ese lugar. Otras veces, nos atrae lo desconocido, aquello que nada tiene que ver, pero que en realidad si, pues es tu curiosa esencia de probar y ser un yo diferente.

-No sé-.

-Deja que siga pensando-.

Buscamos lo que hable de nosotros, símbolos que se acerquen al bestiario mental, del concepto que más se acerca a definirnos, o al menos, a lo que pretendemos llegar a ser.
Es muy importante el hogar, trabajo, amistades y gente que conforme nuestra vida, tanto emocional como activa.
Como semillas en un terreno apropiado, con los elementos y nutrientes que colaborarán, en su justa medida, a hacernos crecer en condiciones favorables. Sacando lo mejor de nosotros. Pues ese es el fin, ser mejores seres humanos.

En ocasiones la lucha por ser y hacer, se convierte en una guerra que puede llegar a los limites de las fuerzas, de lo impensable o sobrehumano, ese nomadismo que nos impulsa a ir allá donde podemos ser, estar y vivir, pudiendo experimentar, en su plenitud, lo que creemos tener escrito en nuestro destino que debemos hacer… ser.

En un documental que vi hace unos años, sobre cómo se desarrolla el cerebro de un niño, “The baby human”, decía algo así: “…los niños se comportan como científicos en un laboratorio, experimentan, prueban…”

Creo que somos siempre así, no solo en la infancia, seguimos siendo científicos, probando, mezclando, creando complejas fórmulas y alquimias en las relaciones, poniéndonos al límite.

Si, soy adulta y lo que más deseo es ser madura, un adulto que cada día sea más sabio, más compenetrado con la naturaleza y mi propia existencia. Sigo sintiéndome lejos de ser una mujer al uso, me refiero a los estereotipos, no a lo más intrínseco, tengo fisionomía y sexo femenino, (aún mis ciclos me lo recuerdan), pero con respecto a mi comportamiento sexual ante un varón nunca ha sido muy normal. No me he matado por buscar una pareja, ni un novio, (éste no lo he tenido jamás tal y como se entiende). No he sido madre, aunque lo intenté con un par de compañeros más o menos estables, pero el sentido de la paternidad no estaba muy desarrollado en ellos, por lo que, aunque estuviera entre mis prioridades, el hecho es, que si hoy en día no soy madre, es porque no era tan primordial. En fin, ya no lo seré nunca (aunque el “siempre” se enamore del “nunca”, en la teoría circular).

Hay muchas cosas que ya no seré y puedo apostar por muchos lugares a los que no iré, así como personas a las que no volveré a encontrar jamás.

Soy una persona y es suficiente, y me la pela que nadie quiera (o haya querido) procrear conmigo, esto solo me hace sentir algo de soledad (superado el tema de mi instinto más animal), sobretodo mirando hacia el futuro (que ya es presente, es curioso cómo se acercan estos presente-futuro, a cierta edad). Es como si a pesar de la cantidad de seres humanos que coexistimos, me fuera a quedar más sola que la una, por no tener descendencia o compañero vital.

¿Cómo es posible (pienso mucho en ello), que de tantos cientos de millones de personas que hay en el mundo, una persona deba estar sola y sentir soledad?

…espejos…

-¿Sabes?, me compré un espejo, alto como yo, lo he colocado frente a la entrada, para ver mi reflejo, para saberme acompañada. Puedo tener una mascota, aunque esquejar y hacer mini jardines es muy buena compañía también-.

-¿No te da miedo ver tu reflejo completo al entrar en la casa?-.

-Es al fin y al cabo el reflejo de un ser humano. ¿Sabes?, otra de las certezas que tengo es que no podré ser nunca feliz-.

-Todos tienen derecho a ser felices-.

-Si, lo sé, hasta el ser más cabrón de los cabrones-.

Y es a causa de este “espejo” exterior, el de la realidad del presente, lo que ocurre, hacen otros, lo que veo y oigo cada día. Estas personas con las que interactúo directa o indirectamente, son el referente de mi, como la imagen que refleja el espejo. Eso me horroriza.

-Por esto me he comprado uno, para poder seguir identificando esa cierta esencia que es solo “de mi a mi”, lo que hago, digo, hice y pienso, es lo que hay, busco comprenderlo en mi propia existencia-.

-¿No puedes ser feliz?-.

-¿A caso tú si?-.

-A veces, a ratos-.

– Lo mismo yo-.

-No puedo desvincularme de lo que soy ante el reflejo del mundo, tan difícil, tan doloroso, cruel, iracundo, envidioso, deshonesto, torturador,… pero después me presento ante el espejo, me miro y solo estoy yo, depende solo de mí, mi ser, pero el mundo no depende de mí. Pasa lo mismo cuando miro las nubes pasar o me ensimismo en el vaivén de las olas del mar, esto no depende de mí, está y es, a pesar se mi existencia-.

– Resta hacer lo mejor que se pueda con lo que tenemos al alcance-.

-El cincuenta por ciento de cómo vivimos, padecemos o disfrutamos la vida depende de cómo nos tomamos las cosas que nos ocurren (lo leí una vez por ahí). Aquí el carácter, juega un papel crucial, y depende de muchos factores durante el desarrollo, pero la columna vertebral de muestra personalidad se puede cambiar, la actitud será el motor-.

-Si, estoy de acuerdo-.

-Sonrío a pesar del sufrimiento del mundo, también lo lloro, pero no puedo hacerlo eternamente, ya que ante mi espejo, solo estoy yo-.

-Te refieres a que estamos hechos todos de lo mismo y que estamos vinculados de alguna manera, que por esto lloras o ríes a veces sin saber por qué, como si una parte del mundo existiera a la vez en ti-.

-No sé, puede que no todos tengamos los mismos ingredientes, unas lentejas no se hacen con lo mismo que una paella-.

-¿Me comparas con una legumbre?-.

-Bueno, a veces se me hace difícil pensar que estoy ante una persona hecha de lo mismo que yo y sea tan diferente a la vez… A la lenteja creo que le da un poco igual lo que le ocurra a un tomate.  Solo que para comprender mejor el porqué hacemos lo que hacemos, me pongo en situaciones diversas, ¿comprendes?-.

-Más o menos,. Puede que no te comprenda del todo. ¿Sabes?, tú no estás sola, estoy yo-.

-Si, lo sé-.

(Apago la luz, ya no hay reflejo ninguno en el espejo.
Silencio. Ya callas.
Me guío con las manos hasta tocar el pomo del dormitorio, me desnudo a oscuras y me meto en la cama. Ahí también estoy solo yo. Me quedan los sueños. No siento soledad, ¿cómo podría?, todo está en mi esencia, yo soy y contengo, lo mismo que tú, lo único que nos diferencia es el qué y como hacemos, más aún cuando estoy frente a ti).

-A veces me asusto de mi propio reflejo, sobretodo cuando pienso que, éste, depende de mí-.

Diario no diario. “Statu quo y el leitmotiv”

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Me gustan las plantas.

Esquejar, pinzar, podar, sembrar, esperar que germinen, observar cómo crecen, abonarlas, limpiarles las hojas, quitarles las que estén secas, no me agrada tanto, pero quito los bichitos a mano, los que se puedan.

Leitmotiv

Me gusta leer, escribir.

Bajo la sobra de un árbol, durante los viajes, en la biblioteca. Ensayos, diccionarios, filosofía, pedagogía, historias reales imaginadas, cuentos, poesía, enciclopedias, biografias, critica, novelas de misterio, ciencia ficción, a Julio Verne, (todo), y las historias sencillas de personas extraordinariamente normales. A veces me salto las paginas demasiado descriptivas. No soy poeta, hago rimas sin más.

Leitmotiv…

Adoro resolver puzzles.

Rompecabezas de todo tipo, cubos, piezas retorcidas de metal que se enganchan de una manera especial, descubrir las adivinanzas, comprender la naturaleza de las cosas para conocer su función, encontrar la manera en la que encajan trozos con formas geométricas, encontrar estrategias de juego en el ajedrez…

Pasatiempos que relajan mente y me desconecta de las complejidades emocionales. Me divierte.

Leitmotiv…

Disfruto dibujando.

En cuadernos blancos o rayados, en hojas sueltas o en preciosos encuadernados. Es como un diario personal, lo más intimo y vinculante con mi forma de pensar, con lo que tenga a mano emborrono y dejo libre cualquier idea fija o fugaz. A color o a lápiz, figuración o abstrayendo de toda forma, sin proporción ni perspectiva. Intentando la fidelidad y pureza del sabio infante.

Leitmotiv…

Me encanta idear y fabricar.

Aboceto y pienso al detalle cómo va a ser, cómo voy a construir, fabricar un cuadro, una obra. Proceso creativo maquinado con regla y compás. Ordenando a manos y brazos, moverse en función de lo planeado. Fatigoso esfuerzo de hacer realidad lo intangible de un pensamiento ya resuelto.

Pienso con el corazón y siento con el cerebro.

Leitmotiv…

A rabiar, me gusta buscar caminos nuevos.

Ir por rutas no señaladas, buscar tesoros en la playa, formas de hacer inexpertas, puntos de vista poco visibles, combinar sabores en la cocina y experimentar con lo tradicional. La nueva musica que escuchar, artistas y culturas por explorar, periplos inexplorados, vías de razón ilógicas, lógicas sinrazón, indagar en la oscuridad y encontrar los mil posibles en el umbral.

Me pierdo y a veces no encuentro más que el camino de vuelta.

Statu quo es la armonía del leitmotiv

tras el caos y la revolución de ser,

uno mismo con el todo y un mismo fin.

Acompasados en un baile sin saber

los posibles y variables de su melodía,

buscamos comprender la manera.

Emborronas un papel sin sintonía,

acumulando o descubriendo tesoros,

y guardas tus sueños bajo la arena.

Es la calma de la tormenta del cosmos,

escribiendo nuevas enmiendas a seguir,

para volver al periplo de tu leitmotiv.

-Preparada para la siguiente revolución, …hoy me dejo caer en los brazos de Statu quo-

Inventando. “¿Quién eres tú?”

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“La Oruga y Alicia se estuvieron mirando un rato en silencio: por fin la Oruga se sacó la pipa de la boca, y se dirigió a la niña en voz lánguida y adormilada.

-¿Quién eres tú? -dijo la Oruga.

No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:

-Apenas sé, señora, lo que soy en este momento. Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces…” (Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll)

Desde que esta frase llegó a mi vida, la uso cada vez que tengo la oportunidad, me gusta mucho.

“¿Quién eres tú?”

Realmente no es una forma alentadora de comenzar una relación. Puedes contar de dónde vienes, qué y cómo has hecho las cosas hasta ahora, pero lo que eres hoy frente a quien te cuestiona, es lo qué y cómo hagas hoy, qué, dónde, cómo y con quién te encuentres.

Tengo una amiga que está hecha de lo mismo que yo, nacimos de padres diferentes pero somos exactamente iguales y completamente distintas físicamente, (todos me dicen: “conozco a alguien exacta a ti), y sin saber el por qué a veces se siente como yo. Le da miedo y no me extraña, teniendo en cuenta que no me conoce, que vivimos separadas por el tiempo y la distancia.

¿Y si somos muchos tú o yo que se reparten en múltiples individuos ejerciendo al libre albedrío como partículas en el espacio, que a veces se unen en uno en momentos de enajenación onírica, en simbiosis de experiencias y ósmosis sensorial?

Ocurre que estamos rodeados de la experiencia, experimentos y curiosidades de otros. Usamos maquinas sin comprender como funcionan y ponemos en práctica lo que vemos por imitación. Compartimos una conciencia común que no llegamos a entender y por esto, a veces sentimos que no somos. Queremos tener nuestras propias vivencias sin referentes, imitamos al que parece que le funciona mejor y otras veces improvisamos y parece que nos gusta más.

Hoy es porque ayer. Yo soy porque tú. Eso creo.

Me desperté y no encontraba el retrato que dibujaba ayer, comencé uno nuevo y se parece bastante a lo que quiero hoy. Ya no importa el de ayer.

Si quieres conocer a alguien míralo hoy, porque este es su ayer. Si quieres saber de ti, haz hoy y sabrás quién eres hoy.

Si alguien me preguntase ahora mismo “¿quién eres tú?”, le diría: soy yo y ahora tú también.

Como coser seda con hilos de esparto es el vivir.
Y con cuerdas de seda se unen los retales del recuerdo.
Ambos abrigan el pasado y presente durante tu sueño, y solo eso.

Inventando. ” Autorretrato”

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¿De qué me sirven las gafas si no puedo ver mejor?
Esas cosas que quisieras se presentaran claras ante tus narices.

Pero no.

Metáfora de mi ceguera, que no cambian la verdad unos cristales graduados.
Pero si la superficie de la realidad.

-¿Quien es esa chica con gafas?
-Soy yo.

Se me hizo un agujero en los anteojos de lo superfluo.
Sandman se apoderó de la situación y huyó.
Aquí me ha dejado, con los ojos como platos mirando la oscuridad.

-¿Quién soy?

El retrato que muestra Morfeo al cerrar los ojos.
Cuando no existe luz o color.
Tan solo el pensamiento caótico de retales de percepción y realidad.

-Disculpa si no te reconozco mañana, mis ojos aprenden a mirar.

Diario no diario. “Inexorable ser”

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Ser tú la constante en ti es el control de la paz interior, el poder conseguir el equilibrio ante las vicisitudes, el seguir siendo a pesar de quién, qué, cómo o dónde te encuentres; pues somos nómadas o huéspedes y no se ha de olvidar jamás la condición de visitante en tierras extrañas.

Cada paso, acto, camino recorrido, persona vivida, trabajo hecho, pensamiento convertido en palabra o idea construida nos dará más valor a esa constante, identificándola en la realidad, reflejándonos inexorablemente. No importa quién seas, de qué estás hecho, cómo te has criado, quiénes son tus padres o en qué lugar naciste; pero si es primordial lo que haces y el cómo lo haces, encontrándote ante un espejo donde se refleja tu forma de ser, a pesar de lo que encuentres y a favor de lo que acontezca.

Nos sorprenderá el qué y el dónde, el quién y el cómo encontraremos. Nos sorprenderá cómo, qué y quién seremos, pero no nos sorprenderá la esencia que corre por nuestro ser, incluso en la oscuridad deberemos ser inconmovibles perseverantes, confiando, reconoceremos cuando ya no veamos y veremos cuando no conozcamos.

Cada paso me lleva a ese próximo lugar, si.

Cada persona me conduce a conocer a esa otra, si.

Cada pensamiento pronunciado libera una nueva forma de expresar, si.

Mientras, envejecemos y tendemos a algo incontrolable, un estado y lugar que es nuestro cuerpo, que nos empuja de forma brutal y vital a condicionar el ser. Aceptamos, nos preparamos, apostamos, arriesgamos, erramos, acabamos, recomenzamos, revivimos o rememoramos, pero a cada paso tendremos la sensación de que ya nos queda poco que descubrir y escavaremos más, nos destrozaremos las uñas y agotaremos las pocas energías que la edad va dejando, para poder seguir viviendo un algo nuevo, encontrando una chispa al mundo que nos haga sentir que estar vivo es maravilloso,

No hay un libro de instrucciones que consultar, solo cientos de años de experiencia en el paso del ser humano por la tierra, …instrucciones que nunca aceptamos pues quisiéramos escribir nuestra propia versión de vida. Siguiendo la intuición, conservando lo básico, a veces buscándonos desmembrando cuerpo y alma, con tal de una sola cosa: SER FELIZ, siendo como somos.

(No puedes amar y que te haga y hacer feliz a alguien que te hace ser lo peor de ti).

¿Y qué más da?, ser no es la cuestión, lo es, ser donde, con qué o quién te encuentres y encontrarte donde, en qué o con quién estés. Tu constante será y no es cuestionable, no varía en esencia, solo cambia en la acción y ésta depende de tus decisiones, fallidas o acertadas.

Parece tan sencillo, pero es inexorablemente complicado.

Diario no diario. “Siempre somos”

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Siempre somos, desde que ponemos la mano sobre la piel de quien nos parió, o cuando comenzamos a tener consciencia del suelo bajo los pies, siempre somos.

Cambiamos, mudamos la piel, modificamos nuestra actitud, construimos y destruimos para volver a comenzar, callamos o gritamos, nos vean o nos dejen de mirar, parezcamos nosotros o no, si enfermamos, triunfamos o tropezamos, cuando nos perdemos, nos paramos, escapamos, vamos o volvemos… y esperando a ser, siempre somos.

A los probables veinticinco metros de altura del Baobab, le precedió un pequeño brote. Su crecimiento, evolución y ciclos con el cambio estacional, hacen que el tiempo transcurra por varias generaciones.

Su condición de ser es incuestionable.

El Baobab

Como del revés tornará su aspecto,

árida mano que sostiene el cielo.

A frondoso y verde se reforma,

en tropical paisaje desértico.

Y sigue siendo.

Inamovible figura, su tronco de blanda carne,

erecto y varonil, acogen sus ramas a la monoica flor.

Tiende su vieja mano al pesado fruto,

que contiene cientos de años para existir.

Y sigue siendo.

Ojos generacionales serán necesarios,

cuestionable existencia ante el infiel.

Fueron el dudoso y el escéptico,

al árbol caduco buscando su sombra.

Y sigue siendo.

Es el Baobab la metáfora de su forma,

firme ante el impropero.

Latente y perseverante al porvenir,

araucaria será su excelsa vida,

Y sigue siendo.

Inventando. “Oda al ego”

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Leitmotiv del yo

epicentro fractal del ser,

hacia el frente sin estanco,

es mi causa permanecer.

~

Sin objetivos ni metas

no hay porqué ni razón,

me muevo para no pensarlas,

y desaparecen por tradición.

~

Quiero todo lo nuevo

renaciendo en cada amor,

olvido el existir ajeno,

para sustentar la ambición.

~

Ego me es afín

es simpático en el coloquio,

centrando la mirada en él,

no hay lugar al abandono.

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