Mi amigo siempre dice que cuando me lee se le hace un nudo en la garganta.

Le digo que la alegría no hace falta expresarla escribiendo, que no necesitamos comprender,  ironizar o analizarla.

Él me pregunta si escribo sobre mí y lo que vivo.

Le digo que a veces lo hago para entender mis propias emociones, y también lo que veo y vivo de los demás, que invento situaciones, exagerándolas, dramatizando un hecho, que quizás no es para tanto, pero que me ayuda a comprender otras circunstancias, otras relaciones. De esto trata la vida, de relaciones. Y no es triste, es simplemente complicado…

Una amiga me contó una vez que quiso empezar una nueva vida sin rencores y malos sentimientos, perdonar y personarse, así que escribió en un papel todo aquello que quería dejar atrás y lo envolvió en un precioso papel de regalo, le puso un lazo y lo tiró a la basura.

A ella le sirvió seguramente, lo que me quedó de su historia fue lo de envolverlo en un bonito papel de regalo, comprendí que es parecido a la poesía, un cuadro o una canción, dando una forma hermosa a  emociones con las que, de otra forma, no podrías seguir viviendo, porque no se puede vivir con pesar, rencor, pena, sin perdón, con desamor o frustración.

No se puede vivir con nudos en la garganta.

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