Inventando. “Tonto enamoramiento”

Deja un comentario

Tú que has cruzado el río, háblame de él.
Tú que sabes entonar al piano, hazme conocer la melodía.
Tú que leíste hoy bajo el sol, cuéntame esa historia.
Tú que conociste a Isabel, háblame de ella.

¡Cuéntame!, y después amaré el sol, el río, los personajes del libro, la melodía sonará en mis sueños, háblame de Isabel, así la amaré.

¡Háblame de ti!

Anuncios

Inventando. “Oda a Oxímoron”

Deja un comentario

Ayer lo conocí, fue como si ya lo hubiera visto antes, es familiar y amistoso.

Me enamoré.

Es encantador, de ojos vivaces y alegres, su pose y carisma encandilaron a todos.

Me enamoré.

No puedes evitar mirarlo, preguntarle y contarle más, reírte y bailar con él.

Me enamoré.

Te coge de la mano y se deja llevar a cualquier circunstancia, fiesta o emoción.

Me enamoré.

Sientes que lo sabes todo de él y te responde curioso de saber más de ti.

Me enamoré.

Entonces fuimos al mar a ver el horizonte y durante el atardecer se fue.

Me enamoré.

De una ilusión veraz, fantasma carnal, de miradas ciegas, silencios sonoros, de estar quietos bailando ante un atardecer lunar.

Me enamoré.

De soñadores de la vigilia, de los perdidos en la claridad, de la sonrisa escondida.

Me enamoré.

De Oxímoron, tan conocido, encantador… vino yéndose y se quedó dejándome enamorada del desamor.

Inventando. “El jardinero enamorado”

Deja un comentario

El enamoramiento era la semilla que le hacía remover la tierra y crear un nuevo jardín. Lo cuidaba con pasión, se quedaba tumbado entre los brotes esperando ver cómo florecían. Famélico de su olor, textura y forma, arrancaba los pétalos y los engullía como si fuera la última vez, caía entonces en letargo continuado de un estado de locura, en el que arrancaba cada bulbo y cada tallo, terminando por vomitar de empacho de flores infértiles.

Exhausto e iracundo volvía a mezclar la tierra, humedeciéndola con las lágrimas y sudor que le hacían olvidar y recobrar la cordura. Con la desmemoria volvía a recoger las semillas de su corazón, volviendo a cultivar un jardín, que germinaría, cuidaría y en el que, hambriento y esperanzador, esperaría paciente su nueva flor.

Desmembraba lo floreciente antes de que el don de la fertilidad anidara en ellas.

Yerma flor y amor, que nutre al enamorado jardinero.

Un jardín por cada amor.

Una flor por pasión.

Una pasión por olvidar.

Una semilla de olvido en cada flor.