Realidad que no entiendo porque vivo en otra realidad

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Hablando con mi padre, (cuando era adolescente e idealista), me dijo que en este mundo el dinero y el poder está detrás del porqué a casi todas mis preguntas, y me hizo un resumen que siempre recordaré:

-Hay tres grandes fuerzas que manejan el dinero: el petroleo, el sexo y el fútbol-, eso me dijo más o menos, así lo recuerdo.

-¿Y el arte?-, que andaba yo con la ilusión de vivir la aventura de estudiar las bellas artes. -¿La cultura?-, estarán más abajo en la lista de fuerzas que mueven y conmueven al hombre, supongo. (No sé si me contestó a estas otras preguntas).

Él ya no está para hablar de todo esto, ni para quejarme o darme alguna respuesta a la lista interminable de dudas que acumulo en mi vida. Era un hombre amante del arte, la literatura, escribía y dirigía teatro, le gustaba la música, silbaba muy bien, se metía en todos los jolgorios, incluso en política tuvo su tiempo de compromiso. Un idealista, si, con unos valores incorruptibles, en todos los sentidos. En fin, nació el mismo año que acabara la segunda guerra mundial, pasó hambre y creció motivado a no pasarla jamás. Cada mañana se santiguaba al salir a la calle, leía todos los periódicos a su alcance y conversaba de todo con todos. Buen orador y gran escuchador.

Él me dijo una vez que hiciera lo que hiciera en la vida debía hacerlo lo mejor que pudiera, dejando mejor de lo que encontrara el lugar por donde pasara. -Da igual que barras o pongas cafés, hazlo bien y sé consciente de lo que haces-.

-¿Qué es importante?-, me pregunto.

Nací en un mundo sin hambre, guerra, con ayudas para estudiar, con la idea de poder conseguir lo que quisiera con ilusión, ganas y sueños. Y era mi mundo, un mundo al alcance de mi mano, literalmente, tangible, cercano.

Nacemos ignorantes y con el único conocimiento del amor y la protección. Algunos, si, otros no son tan afortunados, pero lo vamos comprendiendo al crecer. Crecía y conceptos como el de igualdad empezaban a implantarse en nuestro vocabulario.

Dejé de tener la necesidad de una hipótesis o idea de dios en la adolescencia. Aunque es difícil erradicarla de la estructura del ser, la verdad, pero ya me acostumbré y ya casi no me doy cuenta de que no rezo a nada parecido. Si alguna vez clamo a algo, hablo en mis pensamientos con mi padre, mi amigo, alguien a quien quiero, o conmigo misma. A veces comulgo con el mar, el horizonte, las estrellas o la luna antes del amanecer, pido deseos a las estrellas fugaces y antes de soplar las velas de cumpleaños, pero porque es bueno tener esos deseos, te dan un plus de pensamientos positivos hacia el futuro, ¿no crees?. Alguna vez repito una oración aprendida, como un mantra, porque me gusta, no hay nada de religioso en ello, como el sonido de las hojas de los árboles al viento, o el constante rumor de las olas del mar.

El poder… el dinero… ¿Será cierto que el petroleo, el sexo y el fútbol muevan la mayor masa de dinero?. (No sé si alguna que otra obra de Van Gogh está ahí, ahí, en cantidades desorbitadas).

Me estalla la cabeza al pensar en cómo es el mundo. Es tan complejo todo, dentro y fuera de mí.

Siempre pienso en los grandes hombres y mujeres que han sido relevantes en nuestra forma de vivir y pensar actual, en lo bueno, en conceptos de paz, igualdad, convivencia, solidaridad, consciencia humanitaria, social, individual, política, económica o ecologista.
También pienso en otros seres humanos que han pasado por el mundo arrasando, invadiendo por la fuerza, matando, horrorizando, que nos han enseñado a valorar la vida y el amor más aún, saber lo grande que puede ser la palabra muerte, injusticia, genocidio, un No y la unión, saber que podemos ser vulnerables, débiles y a la vez fuertes y levantarnos para decir ¡BASTA!. Impresiona saber que pasaron por aquí seres como Hitler y Gandhi, ambos ejercieron una gran impresión en la historia del ser humano… y muchos otros, antes y después.

“La lucha de siempre”

Así tituló una obra de teatro que escribió mi padre cuando yo tenía unos nueve años. El ángel y el diablo, el bien y el mal. Acepté la idea de una forma natural, al fin y al cabo estaba por recibir mi segundo sacramento. Pero hasta hoy, unas décadas más tarde, no me había acordado de ella. Trata de esto, de una discusión entre el ángel y el diablo, decidiendo sobre el destino del hombre y poniendo en la balanza sus actos desde el primer hombre, comenzando con Adán y Eva. Escenificando pasajes de la historia, de guerras, interpretadas con la mímica y pantomima de personajes vestidos de blanco y negro, ante decorados de retratos de militares y políticos protagonistas de la tragedia humana. Al final, parece ser que el ángel convence al diablo a una tregua y recuperan la fe en la bondad del hombre, la obra termina con un mensaje esperanzador, bailando y cantando juntos el Himno de la alegría. Esto nos parecía grandioso. Fue interpretada por niñas de nueve años.

La lucha de siempre

Hoy sabemos mejor lo que es justo o no, lo que está bien o no, lo que es mejor y peor. Somos más sofisticados, tenemos más conocimientos, y la información al alcance de todos. Al menos no somos tan manejables, indudablemente gracias a la educación.

Y me estalla la cabeza al pensar que no puedo evitar mirar, leer y medir el mundo bajo mi prisma, las leyes y bases que me han formado como ser social. Me estalla cuando cada día nace alguien que se verá rodeado de desigualdad, pobreza, hambre, sin libertad, con miedo, solos, abandonados, violados, o bombardeado… Y estas cosas las sabemos, las vivimos. Convivimos con personas que vinieron a ciudades de países que lograron vivir en paz, con derechos, comodidades, con seguridad y bienestar. Nos hablan de lo que dejaron atrás, de lo que aún viven sus amigos y hermanos. Gracias a ellos también somos mejores,más solidarios, más compasivos…

Este mundo es mi mundo, el que veo, el que no veo y el que no quiero ver, o el que no puedo ver bien porque me lo disfrazan de mentiras, aunque ahí está, aunque no logre diferenciar lo que es real de lo que no.

Puedo leer todos los periódicos del día, oír la radio y escuchar declaraciones de políticos o las opiniones de diferentes periodistas, sociólogos, escritores y personas relevantes. Y aún así, no sé de qué va todo esto. ¿Del petróleo?,¿dinero y poder?. ¿Va de religión?, no creo, en cualquier caso toda religión se basa en fe, amor, miedo al pecar, ser buenos por consecuencia y procurar el bien… No, no va de religión, ¿no?. Supongo que solo queda el poder, debe ser esto. Poder de hacer daño, para conseguir más poder. Está claro, ¿no?, pues no lo entiendo aún.

Y vivo una guerra dentro de mí, porque no entiendo nada. Sigue siendo igual, no aprendemos. Siempre fue así, manipular con la religión y con el miedo a quienes pisan un terreno de valor para explotar. No hay mejores razones ahora, no de las que movió a la iglesia católica a cristianizar por la fuerza o a los que masacraron templos tibetanos o los que quemaban mujeres por brujas o gaseaban masas de seres humanos por no ser como ellos, o quien censura la libertad de expresión o los que mutilan mujeres o los que secuestran y torturan niños, no hay razón religiosa o ideológica que excuse nada de esto. Solo tener poder.

¿Culpables?, todos quizás. El consumismo y la avaricia, la comodidad de un sistema económico que tiene personalidad bipolar, que tiene un doble filo, el del que, mientras existan lugares en el mundo donde haya pobreza, hambre y falta de derechos humanos, no será posible la paz, jamás, no es humano que mientras en unos países estemos derrochando y haciendo balance de lo que nos gastaremos en las fiestas navideñas (600€ / familia de media), otros, no tengan ni para lavarse las manos con agua potable, otros que esperan a volver a sus hogares en un campo de refugiados, esperando, con miedo, haciendo lo que pueden para vivir un día a día e intentar olvidar el horror. (Somos cínicos)

Esta mañana oía en la radio estas palabras: GUERRA – BOMBARDEO – REFUGIADOS – TERRORISTAS – INMOLADOS – BOMBA – AMENAZAS – ALERTA – VIOLENCIA DE GÉNERO…,ya es tan normal escuchar estas palabras… ¿no os parece irreal?.

LA LUCHA DE SIEMPRE

…el amor y el odio, el bien y el mal, la paz y la guerra…

¿Elegimos nosotros?, no, son los grandes poderosos los que ordenan y mandan, por mucho que yo no quiera bombardear a nadie, lo harán, se aliarán países para ser más fuertes aún. ¿Dinero y poder?, jugando con el miedo, vendiendo terror para comprar poder, manipulando las ideas y los dioses para la conveniencia, un ejército de hijos del hombre contra el hombre.

Desde mi realidad que no sé si es real porque no sé cómo es la realidad, la única cosa que puedo hacer es estar informada, hacer lo mejor con mi tiempo y con las personas que tenga a mi mano, ser incorruptible en mis valores, consciente de mi existencia y de lo que hago, el cómo lo hago y cómo vivo, saber de la injusticia, oír, escuchar y, como dijo Teresa de Calcuta, claro que se puede hacer algo, que ya es mucho: el mar se compone de muchas gotas de agua.

Gane quien gane, unas veces estaremos en paz y otras estaremos en guerra, pero nadie ganará.

Ángel y diablo en "La lucha de siempre"

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Inventando. “Construyendo realidades de palabra”

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Era como hablar con ella misma, idea de un nuevo yo en el que creer. Dibujando en lo etéreo una oportunidad de ser en otro ser.

Con la palabra escrita, en un espejo sin reflejo de si, configuraba el entorno propio donde sueños e ilusiones pudieran resurgir.

Sus dedos conjugaban las letras al teclado, símbolos cargados de misterios, que su otro yo, desvelaría en el otro lado.

La correspondencia era mutua y fluida, en géneros de poesía y pasión. Una cita cada día, en paréntesis de rutinas y condición.

Estructuraron las redes de un nuevo lugar de dos. Unidad de silencios y pausas, entrecomillados, interrogaciones y puntos y seguidos.

-Cuelga tú…-
-No, tú primero-
-A la de tres, a la vez-
-…1…2…3…-
-…-
-¿Sigues ahí…?-
-Siempre estoy…-
-…-

Corría por las venas de su yo y su nuevo yo, la metáfora del amor, hecha de frases y renglones, de volúmenes hinchados de rubor.

Puentes descriptivos de un pasado, aceras narradas en fábulas. Juntos levantaron paredes, con puertas y ventanas.

Troquelados en alfabeto el tiempo y anhelo, esperaban acoger el momento de un encuentro con su gemelo.

Arriesgando en carne viva su piel vendería al texto imaginado. Frente a otro ser esculpido con voces, y entrelineas modelado.

Resta convivir sin paréntesis, vivir tocando, oliendo, mirando sus miradas. Gritando sin exclamaciones y riendo a carcajadas.

Contrataron su unión, y era como hablar con ella misma, un yo en el que ahora creía. Construida con la etérea palabra, ahora sería.

Mujer sin igual