Una semilla comenzó a germinar,

la rama rompió la cáscara,

dos hojas vio brotar.

La luz que más alumbrara

al infante y tierno verde,

lo chamuscó tanto calor.

A rauda sombra que preserve

la súbita ruina de su candor,

siendo un fracaso, el cuidado,

que en un gesto ordinario,

lo vivo, tornó en aguado.

Escrito queda en su obituario,

que, a lápiz dibujé dos hojas,

de verde las he coloreado,

para así, hacerlo extraordinario.

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