Inventando. “Dueño de mis pensamientos”

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Busco al dueño de mis pensamientos,
que no soy yo,
pues, si nada hubiera en qué pensar,
por nadie y nada mi voz sonaría.

Busco el porqué para decir,
las unas,
palabras que son alegoría
y las otras,
las que escritas quedarían.

Busco al ser que hace eco
que, sin conocer rostro,
su nombre quisiera ver,
ya lo sé, que no soy yo,
si eres tú el resuello.

Busco cómo te hiciste dueño,
por saber si tiene un fin,
que siendo amo tú
y yo la poseída,
podría tener mi último día
de elegir mis pensamientos.

~

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Realidad que no entiendo porque vivo en otra realidad

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Hablando con mi padre, (cuando era adolescente e idealista), me dijo que en este mundo el dinero y el poder está detrás del porqué a casi todas mis preguntas, y me hizo un resumen que siempre recordaré:

-Hay tres grandes fuerzas que manejan el dinero: el petroleo, el sexo y el fútbol-, eso me dijo más o menos, así lo recuerdo.

-¿Y el arte?-, que andaba yo con la ilusión de vivir la aventura de estudiar las bellas artes. -¿La cultura?-, estarán más abajo en la lista de fuerzas que mueven y conmueven al hombre, supongo. (No sé si me contestó a estas otras preguntas).

Él ya no está para hablar de todo esto, ni para quejarme o darme alguna respuesta a la lista interminable de dudas que acumulo en mi vida. Era un hombre amante del arte, la literatura, escribía y dirigía teatro, le gustaba la música, silbaba muy bien, se metía en todos los jolgorios, incluso en política tuvo su tiempo de compromiso. Un idealista, si, con unos valores incorruptibles, en todos los sentidos. En fin, nació el mismo año que acabara la segunda guerra mundial, pasó hambre y creció motivado a no pasarla jamás. Cada mañana se santiguaba al salir a la calle, leía todos los periódicos a su alcance y conversaba de todo con todos. Buen orador y gran escuchador.

Él me dijo una vez que hiciera lo que hiciera en la vida debía hacerlo lo mejor que pudiera, dejando mejor de lo que encontrara el lugar por donde pasara. -Da igual que barras o pongas cafés, hazlo bien y sé consciente de lo que haces-.

-¿Qué es importante?-, me pregunto.

Nací en un mundo sin hambre, guerra, con ayudas para estudiar, con la idea de poder conseguir lo que quisiera con ilusión, ganas y sueños. Y era mi mundo, un mundo al alcance de mi mano, literalmente, tangible, cercano.

Nacemos ignorantes y con el único conocimiento del amor y la protección. Algunos, si, otros no son tan afortunados, pero lo vamos comprendiendo al crecer. Crecía y conceptos como el de igualdad empezaban a implantarse en nuestro vocabulario.

Dejé de tener la necesidad de una hipótesis o idea de dios en la adolescencia. Aunque es difícil erradicarla de la estructura del ser, la verdad, pero ya me acostumbré y ya casi no me doy cuenta de que no rezo a nada parecido. Si alguna vez clamo a algo, hablo en mis pensamientos con mi padre, mi amigo, alguien a quien quiero, o conmigo misma. A veces comulgo con el mar, el horizonte, las estrellas o la luna antes del amanecer, pido deseos a las estrellas fugaces y antes de soplar las velas de cumpleaños, pero porque es bueno tener esos deseos, te dan un plus de pensamientos positivos hacia el futuro, ¿no crees?. Alguna vez repito una oración aprendida, como un mantra, porque me gusta, no hay nada de religioso en ello, como el sonido de las hojas de los árboles al viento, o el constante rumor de las olas del mar.

El poder… el dinero… ¿Será cierto que el petroleo, el sexo y el fútbol muevan la mayor masa de dinero?. (No sé si alguna que otra obra de Van Gogh está ahí, ahí, en cantidades desorbitadas).

Me estalla la cabeza al pensar en cómo es el mundo. Es tan complejo todo, dentro y fuera de mí.

Siempre pienso en los grandes hombres y mujeres que han sido relevantes en nuestra forma de vivir y pensar actual, en lo bueno, en conceptos de paz, igualdad, convivencia, solidaridad, consciencia humanitaria, social, individual, política, económica o ecologista.
También pienso en otros seres humanos que han pasado por el mundo arrasando, invadiendo por la fuerza, matando, horrorizando, que nos han enseñado a valorar la vida y el amor más aún, saber lo grande que puede ser la palabra muerte, injusticia, genocidio, un No y la unión, saber que podemos ser vulnerables, débiles y a la vez fuertes y levantarnos para decir ¡BASTA!. Impresiona saber que pasaron por aquí seres como Hitler y Gandhi, ambos ejercieron una gran impresión en la historia del ser humano… y muchos otros, antes y después.

“La lucha de siempre”

Así tituló una obra de teatro que escribió mi padre cuando yo tenía unos nueve años. El ángel y el diablo, el bien y el mal. Acepté la idea de una forma natural, al fin y al cabo estaba por recibir mi segundo sacramento. Pero hasta hoy, unas décadas más tarde, no me había acordado de ella. Trata de esto, de una discusión entre el ángel y el diablo, decidiendo sobre el destino del hombre y poniendo en la balanza sus actos desde el primer hombre, comenzando con Adán y Eva. Escenificando pasajes de la historia, de guerras, interpretadas con la mímica y pantomima de personajes vestidos de blanco y negro, ante decorados de retratos de militares y políticos protagonistas de la tragedia humana. Al final, parece ser que el ángel convence al diablo a una tregua y recuperan la fe en la bondad del hombre, la obra termina con un mensaje esperanzador, bailando y cantando juntos el Himno de la alegría. Esto nos parecía grandioso. Fue interpretada por niñas de nueve años.

La lucha de siempre

Hoy sabemos mejor lo que es justo o no, lo que está bien o no, lo que es mejor y peor. Somos más sofisticados, tenemos más conocimientos, y la información al alcance de todos. Al menos no somos tan manejables, indudablemente gracias a la educación.

Y me estalla la cabeza al pensar que no puedo evitar mirar, leer y medir el mundo bajo mi prisma, las leyes y bases que me han formado como ser social. Me estalla cuando cada día nace alguien que se verá rodeado de desigualdad, pobreza, hambre, sin libertad, con miedo, solos, abandonados, violados, o bombardeado… Y estas cosas las sabemos, las vivimos. Convivimos con personas que vinieron a ciudades de países que lograron vivir en paz, con derechos, comodidades, con seguridad y bienestar. Nos hablan de lo que dejaron atrás, de lo que aún viven sus amigos y hermanos. Gracias a ellos también somos mejores,más solidarios, más compasivos…

Este mundo es mi mundo, el que veo, el que no veo y el que no quiero ver, o el que no puedo ver bien porque me lo disfrazan de mentiras, aunque ahí está, aunque no logre diferenciar lo que es real de lo que no.

Puedo leer todos los periódicos del día, oír la radio y escuchar declaraciones de políticos o las opiniones de diferentes periodistas, sociólogos, escritores y personas relevantes. Y aún así, no sé de qué va todo esto. ¿Del petróleo?,¿dinero y poder?. ¿Va de religión?, no creo, en cualquier caso toda religión se basa en fe, amor, miedo al pecar, ser buenos por consecuencia y procurar el bien… No, no va de religión, ¿no?. Supongo que solo queda el poder, debe ser esto. Poder de hacer daño, para conseguir más poder. Está claro, ¿no?, pues no lo entiendo aún.

Y vivo una guerra dentro de mí, porque no entiendo nada. Sigue siendo igual, no aprendemos. Siempre fue así, manipular con la religión y con el miedo a quienes pisan un terreno de valor para explotar. No hay mejores razones ahora, no de las que movió a la iglesia católica a cristianizar por la fuerza o a los que masacraron templos tibetanos o los que quemaban mujeres por brujas o gaseaban masas de seres humanos por no ser como ellos, o quien censura la libertad de expresión o los que mutilan mujeres o los que secuestran y torturan niños, no hay razón religiosa o ideológica que excuse nada de esto. Solo tener poder.

¿Culpables?, todos quizás. El consumismo y la avaricia, la comodidad de un sistema económico que tiene personalidad bipolar, que tiene un doble filo, el del que, mientras existan lugares en el mundo donde haya pobreza, hambre y falta de derechos humanos, no será posible la paz, jamás, no es humano que mientras en unos países estemos derrochando y haciendo balance de lo que nos gastaremos en las fiestas navideñas (600€ / familia de media), otros, no tengan ni para lavarse las manos con agua potable, otros que esperan a volver a sus hogares en un campo de refugiados, esperando, con miedo, haciendo lo que pueden para vivir un día a día e intentar olvidar el horror. (Somos cínicos)

Esta mañana oía en la radio estas palabras: GUERRA – BOMBARDEO – REFUGIADOS – TERRORISTAS – INMOLADOS – BOMBA – AMENAZAS – ALERTA – VIOLENCIA DE GÉNERO…,ya es tan normal escuchar estas palabras… ¿no os parece irreal?.

LA LUCHA DE SIEMPRE

…el amor y el odio, el bien y el mal, la paz y la guerra…

¿Elegimos nosotros?, no, son los grandes poderosos los que ordenan y mandan, por mucho que yo no quiera bombardear a nadie, lo harán, se aliarán países para ser más fuertes aún. ¿Dinero y poder?, jugando con el miedo, vendiendo terror para comprar poder, manipulando las ideas y los dioses para la conveniencia, un ejército de hijos del hombre contra el hombre.

Desde mi realidad que no sé si es real porque no sé cómo es la realidad, la única cosa que puedo hacer es estar informada, hacer lo mejor con mi tiempo y con las personas que tenga a mi mano, ser incorruptible en mis valores, consciente de mi existencia y de lo que hago, el cómo lo hago y cómo vivo, saber de la injusticia, oír, escuchar y, como dijo Teresa de Calcuta, claro que se puede hacer algo, que ya es mucho: el mar se compone de muchas gotas de agua.

Gane quien gane, unas veces estaremos en paz y otras estaremos en guerra, pero nadie ganará.

Ángel y diablo en "La lucha de siempre"

Expresándome. “El sonido del dolor”

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Desayuno entre lágrimas, yo, tú, todos.

A través del sonido de la radio, a primera hora, escucho el llanto del dolor, estruendos del horror, declaraciones de testigos de una guerra que no entienden. Que no entiendo. Que no nos entra en la lógica.

No lo veo, no estoy allí. Pienso en este momento que, si el dolor se pudiera escuchar en todas partes, sería paralizante, horrible, terrible, espantoso. Miedo, vulnerabilidad. También yo gritaría, ¡no!, ¡¿por qué?!, algo que hago hoy solo en pensamiento, en silencio, en lágrimas. También me lo produce cuando enviamos desde Europa o Estados Unidos militares a bombardear y matar la raíz del mal, supuestamente a ayudar a otros a vivir mejor. “En defensa propia”, dijeron al abatir al terrorista. Atraparlo y juzgarlo es complicado, supongo, es lógico quitarlo del mapa de un sablazo, ¿no?, eso parece.

Paz. Cínica paz cuando se usa la violencia.

Tú me matas, yo te mato. Me matas porque te mato y te mato porque me has matado. ¿Cómo interrumpir esta cadena de violencia?.

Después sigo escuchando a quien no quiere ser español y se me revuelve el estómago. Y me importa un carajo, me parecen unos cínicos igual. No comparo, sin duda la diplomacia en la política sustituye a la fuerza. Escucho el ruido de los coches en la autovía, pero en mi cabeza aún oigo el dolor, aún oigo los pasos del que huye, el silencio del que muere por huir.

Después sigo escuchando sobre la contaminación, y me importa un carajo, me parecen unos cínicos igual. Nos importa poco a todos, ¿o no?. ¿A caso no somos conscientes de cómo vivimos, de que debemos hacer un consumo responsable, de que queremos fomentar la paz, solidaridad, igualdad y la compasión?.

¡Consciencia! ¡Justicia!

No sé qué haría yo si me tocara de cerca, tan cercano como un familiar, amigo o vecino conocido, siendo víctima de un atentado, de una guerra o de un desastre social. (Me debería sentir afortunada). No sé si cogería la justicia por mi cuenta. ¿A caso no somos todos iguales, no sentimos de la misma manera ante la pérdida, el dolor, la injusticia?. Pues no. No somos iguales en la respuesta. “En defensa propia”, justificación razonable cuerpo a cuerpo, nación contra nación. ¿Y ahora qué?, ¿vamos todos a tomar represalias, vengar el asesinato, el atentado a nuestro sistema, a nuestra comunidad?.

Tomamos café en una terraza, discutimos la independencia, de comer carne o pescado o hacerse vegetariano, que si te comprarás una bici para colaborar a no contaminar, que si es culpa de la Volkswagen que el aire esté lleno de mierda, nos entristecemos por las vidas que anoche fueron arrebatadas a tiros de venganza. Y pasarán semanas, meses, volveremos a hablar de nuestras vidas y rutinas diarias. Porque pensamos no tener la fuerza suficiente para erradicar la maldad, injusticia, la desigualdad o el cambio climático.

Da igual que sea más o menos cercano, sean sirios, franceses o españoles, cuando lo escucho o lo veo a través de los medios. Unos padres que matan a sus hijos, duele. Dolería más si tuviera un vínculo personal con ellos. Pero, tan universal como el sentimiento humano de la maternidad, está la del no a cualquier tipo de violencia, sea la del terrorismo o sea del que grita como un energúmeno a su exesposa, porque ya no la aguanta, o porque ella también le grita, y juegan a quién grita más fuerte para hacerle entender su verdad. ¿Quién sabe?.

¿Quién sabe?

¿Tengo dentro de mí esa violencia?, ¿tengo tanto amor dentro de mí para compensarlo? ¿tengo el poder de cambiar algo, de contrarrestar de alguna manera esa mierda, esa violencia, tanto horror?… que ocurre todos los días… Hoy fue Francia, pero cada día se podrían oír los llantos y el grito de dolor de todo el que escapa de una guerra, de la injusticia, de países en los que no se puede vivir, ni luchar, estudiar, ser mujer, o ser sencillamente un niño.

Un niño. Si, que quizás nacieran entre violencia, o fueron criados entre amor y comprensión, pero que las circunstancias le hicieron creer que la violencia es el mejor modo de conseguir algo. Éstos fueron niños también, ellos, que se han inmolado, que han matado a sangre fría en nombre de su dios. Sin razón. Sin lógica. Porque no la hay. Qué tristeza.

¿Cuándo vamos a creernos que es posible la paz?, cuando no lo es.

Quizás la paz sea como la felicidad, que son momentos a lo largo de la vida, porque todo lo demás es fatal, triste, horrible, espantoso, feo, violento, incomprensible.

La única cosa que puedo hacer es procurar hacer y ser como quiero en mi pequeño mundo, entre las personas que tengo a mano, porque el resto de lo que se puede hacer a gran escala está en manos de las conveniencias políticas y relaciones internacionales.

Confío en que lo que cada uno hace a nivel personal, se expanda de manera exponencial, aunque siempre convivirá con la misma fuerza contraria, en una guerra imposible de ganar o perder, pues está en el ser humano ser así, la fuerza del bien y del mal en constante pulso. Ya ves, conceptos tan relativos, subjetivos en términos filosóficos, aunque en término humano lo tenemos más o menos claro, y no sé qué pasa…

…tantos sonidos de dolor me hace sentir que debo procurar hacer mejor las cosas, ser más comprensiva, solidaria, amorosa, cariñosa, procurar la felicidad y bienestar de lo que tengo cerca y, como si fuera sufrir un duelo, seguir viviendo.

…tantos sonidos de dolor me acompañarán toda la vida, y no solo los de anoche, los de París, los de las torres, los del avión y aquel otro del suicida malnacido, los del aquel tren, los de los ahogados huyendo de la miseria, de los que corren horrorizados por una guerra que no comprenden, sigo acumulando los ya vividos, los míos propios, los que quedaron remanentes en el aire de la historia que escribieron otros.

…sonidos de dolor que conviven con los de las risas, como siempre, la lucha de siempre.

Demasiadas palabras, aunque escritas, porque si hablara solo podría decir: ¡Basta!, ¿por qué?

(¿Cómo se combate la guerra desde la comodidad?, ¿es solo tema de políticos?, ¿está en manos de los que se encargan de la seguridad del estado?, ¿de las fuerzas armadas?, ¿está en las manos de la educación?, ¿nos vamos de este planeta y huimos a Marte?, o a Plutón, que parece ser que los americanos están gastando una pasta, para encontrar volcanes y que le vuelvan a subir a categoría de planeta, y desde allí observar la Tierra, el planeta “blue”)

Inventando. “Formas del amor: Amor sin deseo”

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-Te amaré siempre-.

-Te amaré siempre-.

Para despedirse durmieron juntos por última vez, dio igual estar desnudos o no, en la casa donde convivieron durante años, en un banco en la estación, o tumbados en la arena de la playa observando el atardecer.

-¿Seremos amigos?-.

-Somos amigos, siempre lo fuimos-.

-A veces pasa-.

Y es el amor del deseo,
el de los amantes,
el que desgarra en la separación.
El que te hace balancear,
entre el amor y el odio,
en constante temor de perder.

-¿Cuándo ocurre el amor sin deseo?-.

Es el que no da miedo jamás,
ni a la soledad o el abandono,
es el que sale solo de ti, generoso,
sin esperar nada.
Es el que une sin amarrar
el que te libera
el que te hace formar parte,
del todo tú,
del todo yo.
Es la paz por compromiso,
a tu consciencia,
a tu confianza,
a la mía.

-¿Y si no hay amor?-.

-Tampoco habrá deseo-.

-¿Y si no hay deseo?-.

-El deseo es una cualidad del amor pero no está en toda forma de amor-.

Deseos pides a estrella fugaz,
a la casualidad del universo
o al destino planetario.
Deseos pides al amanecer,
al entrar en los sueños
o a lo que no puedes ver.
Deseos pides a tu cuerpo,
a tu hambre por conocer
o a cuerpo por pertenecer.

Es el deseo la arritmia
el animal sin domar
lo que gustaba contemplar
es el placer y la alquimia
buscando más
más, aún más.

-Pertenecer-.

-Ni siquiera tú te perteneces-.

-Solos. Solo queda la soledad-.

-Todos estamos solos, y todos formamos parte-.

-¿De qué sirve el deseo?-.

-Es una forma de amor-.

-Y ¿cuánto dura ese amor?-.

-Como todos. Siempre-.

-¿Cuánto es siempre?-.

Es siempre el hoy que vives
sin mañana que lo deje atrás
sin deseos incumplidos
tan dulce y amargo
tan intrínseco al nunca
o al jamás.
¿Qué más da cuánto dure
si en la noche dormirás
si nuevos deseos desearás
si no hay confianza o lealtad?

-¿Es el deseo temporal?-.

-Como la belleza quizás-.

Hay tantas formas del amor como formas de vivir, de sentir. Todas a la vez en un solo día o durante toda la vida. Incluido el nunca en el siempre, como la muerte pertenece a la vida. Vivirlo tal y como ocurre, con consciencia o con la salvaje y más pura intuición, ilógico o matemática razón.

-¿Y si funciona?-.

-¿Puede ser?-.

-A veces pasa-.

Diario no diario. “Al despertar”

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A veces, (no siempre lo consigo), escribir evita que se separen y divaguen sin rumbo las partes que me componen, como la atracción que ejerce el sol hacia los planetas, dando sentido y procurando el equilibrio, o quizás sea la única forma que tienen de comunicarse unas con otras. Dando sentido común y cuerpo que me defina.

“Aquí el corazón, aquí los riñones, pulmones…”. No sería tan fácil hacer esto con el cuerpo, pero no es que sea fácil tampoco con lo que no es tangible de nosotros.

El alma, la consciencia, memoria, las vivencias, el conocimiento… Solo el tiempo las puede medir y comprender, ubicarlas donde deben estar en cada momento. Si una parte se mueve, fuga o muere, las otras se verán afectadas y se recompondrían buscando otra armonía.

Y así es, escribir, pintar, seguir caminando, hablar, escuchar, fabricar algo o las cosas sencillas del día a día, todo puede servir para que esa galaxia vaya del caos al orden, del orden al caos, tomando la nueva forma que se nos desvela al despertar.

La mañana o el despertar, es como un sabor que no quisieras que acabara y que se desgastara al saborearlo todo el día.

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Escribo mis cien sueños al amanecer
con tinta de palabra indefinida
miro la forma de luna renacida
que a Venus ahora fuera a mecer.

Como criatura que viene a la vida
con la sana curiosidad de descubrir
cuento estrellas que se van a ir
y retengo otras que el sol abriga.

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Inventando. “Lo cierto que no sé”

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Cierto que hay un mañana
que la noche trae un sueño
y si del recuerdo es dueño
adiós diera a la amada.

Cierto que estuvimos ayer
que en la memoria consumo
el amor que inoportuno
beso hiciera envejecer.

Cierto es aquello que no sé
que presiento en la entraña
si de motivos es  extraña
la palabra muda fuera fe.

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Inventando. “De lo que versa el olvido”

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Hay quien es una impronta
en el recuerdo del viento
en piel con mano y tiento
hay sien que hace sombra.

Mueran sabios por instinto
madre que hijo abandona
sangre que tira y te ahoga
duelan labios en beso extinto.

Hay quien esconde duelo
diario mudo del romántico
magia de un rezo tántrico
hay rehén en todo ello.

Vean estos quien nadie vio
hijo que madre diera a luz
hilo que sastre tejiera azul
versen vacíos si nadie oyó.

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Inventando. “El éxtasis del nómada”

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-Nómada, ¿qué hace falta para elevar tu alma al éxtasis?-, preguntó amor.

-La templanza, creo, es solo posible en el asentamiento pero la debería abandonar para buscar el éxtasis, provocar a la vida o a la muerte para conmover el alma.

-Dime, nómada del tiempo que eres, pues, ¿quién si no podría dejar el ayer, dejando choza y valija, para acampar en el hoy aún desconocido?-.

-Tú, amor, tú-.

-Y rondo los caminos que coinciden, rondo al nómada, que me enseña a través de palabras que susurra con su estar, y yo, esclava de la metáfora, la alegoría y la abstracción, me pierdo en la pasión por resolver los misterios de la vida.

-Sigue amor, sigue. Para mí eres como un río salvaje en el tramo de su nacimiento, y yo,… yo me asiento hoy en la templanza, me quedo a admirar tu cuerpo y alma, en éxtasis.

Inventando. “Diario nómada VIII”

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Aquel día el nómada se empeñó en morir. Eso parecía. Yo misma lo vi a la caída del sol, apoyado en el tronco de un árbol. Aún respiraba. No podría decir cuánto llevaba en ese estado, tenía los labios agrietados y las manos ennegrecidas de sangre seca. Las uñas rotas. Arañada la piel de la cara y de los brazos.

Le di agua, curé las heridas, lo lavé un poco, a medida que espabiló, le fui incorporando y dando algo de comer. Pasó la noche.

-Dos años-, dijo al amanecer.

-¿El qué?, dime, ¿quién eres?-

-Llevo aquí mucho tiempo. No recuerdo quién soy-, respondió mirando al suelo y con poco aliento.

-¿Qué ha pasado, por qué dos años, a qué te refieres?-.

-Dejé de caminar y paré a la sombra de este árbol a descansar. Me dormí y estuve soñando varios días sin interrupción, sin comer o beber, sin moverme de aquí. Cuando desperté sentí unas ganas tremendas de subir a la copa del árbol, es un tronco difícil. Me fue imposible. Dedicaba todo el tiempo y mis fuerzas a ello, caía rendido a su pié, volviendo cada día a intentarlo-.

-¿Me estás diciendo que llevas dos años aquí instalado para poder escalar este tronco?-.

-Si, así es. Sin nada más que mi cuerpo y cada día con menos fuerzas. Comí lo que caía cerca y bebí de la lluvia. Hasta ahora no había hablado con otra persona, eres la primera en todo este tiempo-.

-Podrías haber muerto de hambre o sed o de cualquier estupidez ¿Por qué no te fuiste y lo dejaste pasar?-

-No lo sé. Un día pasaba después del otro y no pude dejar de pensar en otra cosa que no fuera subir. Me empeñé en subir a la copa, me quedé sin fuerzas para cualquier otra cosa, ni para irme o pensar o ni siquiera mirar hacia otro lado-.

-¿Por qué querías subir?-.

-Perdí el rumbo, no sabía dónde ir. Pensé que desde ahí arriba vería mejor las cosas-.

-Te puedo ayudar si quieres volver a intentarlo hoy-.

-Esperaré un día para recuperar fuerzas, ¿te importaría quedarte?-.

Y así fue, me quedé con él. Seguí cuidándolo, buscando mejor alimento y agua. Recuperó vida en el rostro.

-El nómada me llaman-.

-¿Hacia dónde irá después de subir al árbol, señor Nómada?-

-Lo sabré allí arriba, por eso es tan importante para mí. Perdí el sentido de este nomadismo-.

-A veces debemos seguir caminando aunque no sepamos muy bien adónde vamos-.

-Cierto. También hay que pararse, ¿no crees?-.

-Claro, como yo ahora contigo-.

-Y tú, ¿no sabías hacia dónde ir?-, me preguntó.

-Descubriendo nuevos caminos, ya sabes, ¡seguir caminando!. Te encontré y paré. No hay más-.

-Descansemos-.

Al día siguiente, ayudé al nómada a subir a la copa del árbol. No fue sencillo pero no imposible, un empujón y con alguna ayuda, suelo llevar casi de todo en la mochila y nos apañamos para conseguirlo.

Lloraba en silencio, lo sentí por como respiraba. Él sentado en lo mas alto, yo, esperé a la sombra, luego fui a por algo para comer.
Pasó el día y allí seguía. Lo llamé buscándolo con la mirada, pero no conseguí verlo. La frondosidad de aquel árbol era tal, que apenas podía distinguir el cielo del verde. De repente escuché un grito y me lanzaba la cuerda que le ayudó a trepar. Yo la agarré con fuerza y el nómada se deslizó poco a poco hasta el suelo.

-He dejado atada la cuerda para poder subir cuando quiera, ¿te parece bien?, la cuerda es tuya-.

-Claro. Pero, ¿volverás a subir?-.

-No lo sé-.

-¿Qué has visto?, ¿es tal y como imaginabas?-.

-Mejor aún. ¡Perspectiva!. He visto todo lo que dejé atrás, todos los caminos posibles, y un impredecible horizonte-.

-¿Te vas ya?-.

-Si. ¿Vienes?-.

Y marchamos juntos. No era muy hablador, al menos al principio, me escuchó durante dos días contarle mis historias y anécdotas, después fui yo la que le escuchó, tenía una de esas voces con las que te irías al mundo de los sueños, no de aburrimiento, más bien por la tranquilidad, paz y armonía que transmite. Una imagen muy alejada de la primera vez que lo encontré. Habló sobre lugares y personas, recordaba los nombres y describía con detalle los rostros y paisajes. Una memoria que dijo no haber puesto en palabras jamás, hasta encontrarnos. Se alegró de haberme contado su historia, dijo que era como tener la certeza de permanecer en mí y yo en él, en nuestros recuerdos.

Cuando nos separamos me dijo que a nuestro encuentro le había dado un nombre, pues si yo no hubiera llegado ese día, quién sabe si hubiera restado allí, perdiendo la vida bajo el tronco, observando la copa de un árbol como meta final de su existir.

-Siempre-, dijo.

-¿Siempre?-.

-“Nunca, nunca subiré a este árbol”, eso pensaba justo cuando llegaste a mí-.

-Me gusta, nómada-, y sonreí.

-Hasta Siempre-. Me saludó con la mano en alto y siguió hasta perder mi silueta en el sendero, estoy segura.

El nómada seguiría caminando.

Inventando. “Diario nómada VII”

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Dicen que el nómada es cruel
que nunca más te volverá a ver
que ni lágrima vertida sobre él
movería su paso a retroceder.

Dicen que no tiene recuerdos
que al marchar tu rostro olvida
que ni del amante el requiebro
haría cambiar su errante vida.

Dicen que no vuelve la mirada
que dejaría perro con hambre
que ni pena ni dicha en posada
escribiría en tinta o en sangre.

Dicen que el nómada es infiel
que va y viene sin expectativa
que no hay sombra bajo su pié
sin la huella del pasado se iba.

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