Expresándome. “Oda a Arquímedes”

Deja un comentario

Hay momentos en los que sale un yo que no sabías tener.

Mi amigo me dio sus manos, sus pies, su calma, silencio y generosidad.

Hambrienta de más, le pedí sus codos, rodillas y ojos para ver.

Buscaba, iracunda, que todo estuviera tal y como yo quería.

Me agarré a todo sin mirar qué o quién.

Grité como si habitara en una cueva solitaria.

~

Hay momentos en los que se te olvida cómo quieres ser.

Mi amigo siguió ahí, sus manos, sus pies, su calma, silencio y caballerosidad.

Saciada y sin más que vomitar, codos, rodillas y ojos rogué devolver.

En mi estado indefinido todo se ordenó tal y como imaginé que sería.

Quise recoger el qué y mirar al quién.

Silencié el grito que antes daría.

~

Hay momentos en los que eres lo que no sabías que podías ser.

Mi amigo Arquímedes resistió con serena tenacidad.

Ya calmada, levanté la mirada y restauré la razón de permanecer.

Desmembrada y hastiada de mí, su abrazo rogaría.

Observé las huellas que marcaron el punto de apoyo por un bien.

Sé lo que soy y cuando me caigo, me levanta su camaradería.

Anuncios

Expresándome. “Mensaje en una botella”

Deja un comentario

Un deseo.

El que un fin de año pedimos juntos bailando.

Un deseo.

El que pido cada vez que se fuga una estrella.

Un deseo.

El que se me concederá si apago todas las velas de cumpleaños.

Un deseo.

El que soplé con la pestaña de mi mejilla.

Un deseo.

El que voló en cientos de semillas de la flor del diablo.

Un deseo.

El que convoco en un beso de despedida.

Un deseo.

El que vivo en la realidad onírica.

Un deseo.

El que quemé la noche de San Juan.

Un deseo.

El que imagino cuando saboreo algo nuevo.

Un deseo.

El que no soy capaz de lograr por mí misma.

Un deseo.

El que encerraré en una botella que lanzaré al mar.

Expresando. “El abismo de un abrazo”

Deja un comentario

¡Abrazarte!, aunque caiga en el abismo,

donde la realidad pierde su sentido,

donde se desvanecen los pensamientos

donde todo se hace atemporal.

Expresándome. “Quiero ser Mata Hari”

Deja un comentario

De joven quisiera ser Mata Hari y de mayor también ella, Margaretha, la mujer del alma de fuego.

¡Reclamo a los dioses el poder generador de 1 hoy que dura 1 siempre.

Tú: ¿Te quedarás siempre?

Yo: Me quedaré hoy.

Los dioses: (Susurrando y riendo) Mañana no existe.

Expresándome. “Madre menguante”

Deja un comentario

Hay en este mundo una criatura que espera mi maternidad.

Mi maternidad.

He tenido la capacidad de ser madre, la tengo aún.

Aún.

Soy responsable directa de lo que soy, de lo que tengo y de mi naturaleza.

Mi naturaleza.

Mujer me tocó ser, lo soy aún.

Aún.

Maternidad que he dejado menguar, cuando sentí ser madre por naturaleza.

Mi naturaleza.

Me siento una madre menguante.

Hay en el mundo una criatura que espera.

Mi maternidad.

Expresándome. “Discutir”

Deja un comentario

Según la R.A.E.

Discutir: (Del lat. discutĕre, disipar, resolver).

1. tr. Dicho de dos o más personas: Examinar atenta y particularmente una materia.

2. tr. Contender y alegar razones contra el parecer de alguien. (Todos discutían sus decisiones. U. m. c. intr. Discutieron con el contratista sobre el precio de la obra).

Discutir es una acción muchas veces malinterpretada, con un “no me gusta discutir” se bloquea una conversación para no llegar al enfado, en cambio creo que tiene un valor enriquecedor en su origen del latín: “resolver, disipar”. El miedo a exponer una opinión por ser valorado o juzgado de una manera que no quieres, hace que la discusión vaya por el lado contrario a su fin, ya que en esta acción solo cabe el intercambio y un final con opiniones que pueden ser tan variadas como personas participen en ella.

Me despierta curiosidad las opiniones ajenas, alimentarme y desarrollar mis propios pensamientos. En una discusión todo vale en favor de compartir experiencias que aporten al tema que se discute, haciendo que finalmente se puedan disipar tus dudas o resolver cuestiones que no tenías tan claras, hacerlas más contundentes o incluso, nos podemos permitir cambiar de opinión.

“No discutáis”, de alguien que se cree conciliador o apaciguador, presumiendo de que un “jiji, jaja” es mucho más enriquecedor en las reuniones.

“No me gusta discutir”, de alguien que no quiere cambiar de opinión y no le interesa lo que pienses.

“Le encanta discutir”, comentario que suele dirigirse a alguien que altera las reuniones.

“Me gusta discutir contigo”, de las personas con las que resuelves y compartes experiencias, propias o ajenas, dudas, razonas y con las que terminas satisfecho.

“Se levantan y se acuestan discutiendo”, de las parejas que no se llevan bien o que viven en constante pelea.

“Odio discutir”, quien no tuvo nunca una discusión como debe ser.

“Contigo no se puede discutir”, dirigida a personas que se ofuscan y ofenden cuando se plantea un tema a debate, personalizando todo lo que se dice y cerrándose a posibles cambios de opinión. Juzgará y será juzgado; suele remitirse a refranes, dichos, amigos o familiares que saben mucho más del tema y ésto les sirve para cerrarlo de forma tajante. Miedo dan al día siguiente que vuelven con “documentación”.

“Es muy bueno discutiendo” o “Es absolutamente imposible discutir”, a quién insiste en hacerte cambiar de opinión a toda costa, debilitando tu postura apoyándose en puntualizaciones y creando constantemente puntos de inflexión en la discusión que conllevan a centrarse en otros temas y crean demagogia, resultando finalmente un caos sin resolución posible y con necesidad de un apuntador o mediador, pues es imposible recuperar el objetivo. Muchas veces malinterpretamos a quien hace esto con una persona con gran habilidad para discutir.

Yo a veces no discuto, porque no tengo ganas de pelearme, terminar enfadados o mal juzgado, es entonces cuando en mi postura soy juzgada y finalmente me enfado. Es mejor siempre discutir pues es mejor resolver.

En una discusión no cabe más que ganar.

Hoy lo haré mejor, ayer no supe discutir, ¡con lo que me gusta una discusión! :/

Expresándome. “Agujero negro”

Deja un comentario

Perdida en la apnea de la consciencia de mí; observo, impasible, ensimismada y masoquista, el agujero negro de la desvalida sustancia de mi ser.

Expresándome. “Reinicio”

Deja un comentario

Me desnudo a menudo.
Mudo la piel, a menudo.
Despejo el cielo, a menudo.
Rompo mi pensamientos, a menudo.

Reiniciar mis pensamientos, formatear las imágenes que me transmite el mundo a través de los sentidos.
Reiniciar las palabras para transformar su significado, contenerlos de una nueva imagen que no se paralice en el recuerdo.

¡No quiero perder la memoria!

Reorganizar, reiniciar y formatear mi cerebro. ¿Cuántas veces podré hacerlo?, ¿impedirá mi evolución, el desarrollo de mi ser?.
No tengo miedo de mí, tengo miedo por ti, porque no me pierdas de vista, porque me reconozcas aún cuando he cambiado muchas veces.

¡No quiero que pierdas la memoria!

Memoria de ser un tú reiniciado, que me gusta tanto, que me hace tener un sentido común inconsciente de toda transformación. Porque estás aunque no te recuerde, pues mi inconsciencia será necesaria para ser sin más, en ti.

Recuerdos en imágenes impresas, recuerdan lo que fuimos y corremos el peligro de quedarnos atrapados por la memoria.

¡Quiero perder la memoria!
¡No quiero perder la memoria!

Aún dudo, es evidente, a pesar de seguir caminando, perdida, sin más, con los ojos bien abiertos al horizonte de la inconsciencia, deseando poder tirar lastre y que quede solo lo que hay en mí, incluso lo que agarro con las manos; que quede lo que cojo ahora, brotes de maleza primaveral, que apenas acaricio con los dedos, que me hace sentir ahora, ahora, ahora.

La memoria de ahora que me hace sentir confusa de seguir sin más, pues nada me queda al levantarme, a veces.

A menudo me desnudo para volver a vestirme de algo que no fui, pero a veces quisiera volver a vestirme como ayer.
A menudo lloro por mí, estúpidamente feliz de no ser ya como ayer, para volver a sentir el bienestar de reiniciar lo que soy.
A menudo tengo miedo y quiero buscar el sentido de lo que vivo, pero ni lo tiene, solo seguir.

Sigo aguantando la respiración, intentando confiar en que las ruinas que quedaron no van a ser restauradas, ni destruidas totalmente para reedificar. Confiar en que, la misma tierra en la que fueron levantadas, también cambió, también se reinició.

¿Es consciente la tierra de la lluvia, acaso?
¿Me hace falta ser consciente de mi ser para ser?
¿Es necesario sentirme para reiniciar lo que soy?

¡No quiero memoria!
¡No quiero perder la memoria!

Memoria móvil, volátil, la que se lee una y otra vez, con nuevas perspectivas. Memoria a la que me hago miope y la que a veces me hago ciega, para entender y dar sentido a lo que se presenta delante de mis narices, una memoria que existe en el tiempo del pensamiento, asesina de mi reinicio, con consciencia bipolar.

Quisiera leer lo escrito sobre mí, sobre ti, para aprender y desaprender que estarás y estaré, para sin miedo morir y renacer. Saber que no te veré más en la memoria de un invento futuro, paralizando los recuerdos del pasado, sacrificando el presente, que no quiero.

¡No quiero!
¡No quiero memoria!

Reiniciada hoy, formateados los recuerdos para no pensar que hoy depende de mañana.

Es como mejor me siento, transformándome, reiniciando, formateándome, como el sol inconsciente de ser sol. De él aprendo a ser yo, sin saber, sin memoria de ser sol, es hasta que deje de serlo, por ti, por mí, por sí mismo, que sin saber que es, es, yo también quiero ser sol.

Inventando. “A través del universo”

Deja un comentario

Me gusta, cuando dibujo, imaginar que me puedo ver desde el universo. Me alejo sin perder dónde me encuentro, hacia arriba, lejos, hasta quedar observándome desde lo más alto, en el espacio, en el universo. Me río, sonrío, pues las líneas que estoy dibujando, quedan tan mínimas, tan ridículas que me parece impresionante la capacidad de grandeza y mínimo que podemos concebir.

Intento cambiar la perspectiva de lo que siento, veo, de mí y de los demás; de lo que construimos, de las bases en las que me sostengo, incluso.

Los elementos básicos de mi, aquellos que son también cambiables pero con la coherencia de la naturaleza que me hace vivir como ser humano de forma inconsciente. Confío en esta esencia natural, no aprendida, con la que nací. Con la que crecí, también, pero de forma movible, tanto como cambiaba mi cuerpo y el entorno.

Roto. ¿Se me cayó o yo lo rompí?

A medida que fui creciendo, como todos, preguntaba o me planteaba el por qué de todas las cosas. Me paraba a pensar sobre por qué los niños éramos más bajitos que los adultos; por qué crecíamos hacia lo alto y no hacia lo ancho.

¿Por qué se repiten las estaciones?
¿Por qué celebramos cada año las mismas fiestas?
¿Por qué debemos hacer cuatro comidas al día?
¿Por qué hay periodos de vacaciones?
¿Por qué la semana ha de durar siete días?
¿Por qué mandan los mayores?
¿Por qué es tan importante pasar al año nuevo?
¿Qué se siente siendo infinito?
¿Cómo se siente, uno, siendo tú?

Preguntas que hacía obteniendo respuestas, que a veces cambiaban al día siguiente. Pero yo debía comprender por mí misma. En tanto pensaba y meditaba sobre mis dudas y demás, pasaban las estaciones, las fiestas cíclicas, crecía, vivía en mis propias carnes esos cambios que me pronosticaban ocurrirían. Fin de año, ahora se acaba, ahora comienza otro, con otras oportunidades, otras expectativas, como si 365 días se pudieran resumir en un solo día de 24 horas.

Roto. Si, roto.

Poco a poco, año tras año, fui rompiendo con los conceptos que conllevaran tener ciclos, grupos predefinidos. Teorizaba sobre la posibilidad del cambio constante, renovación de conceptos, posibilidades infinitas de ser y sentir.

Roto. Si, roto.

Rompía con todo valor conservador, familiar, amistad, pareja, trabajo, sociedad al fin y al cabo, incluso sobre mí misma como ser humano.

Rota. Si, rota. Sigo rompiendo.

Me sentía lena de vida, de horizontes posibles, mil caminos que coger, mil formas que tomar y grandes esperanzas de no encontrar lo sabido y renovar todo aquello conocido hasta cualquier momento en el que me encontrase.

Nada. Nada me contendría, todo podría contenerme. Nada podría poseerme y todo podría ser poseído.

Rota me encontré en muchas ocasiones, perdida ante mil posibilidades; sonriendo a veces, llorando ante la pérdida, recuperando en nuevas perspectivas.

Rotas las bases en las que construir desde el pasado, intentando confiar en que lo que yo era en esencia sabría, por arte natural, poder ser un yo en resumen, humano; por lo que social, por lo que parte de un todo que era, por consecuencia fácil de ser.

Rota. Si, rota.

¿Qué me encontraría se lo había roto todo?
¿Qué me quedaba sino reestructurar, reconstruir?
¿Era posible hacerlo constantemente?
¿Sería capaz de reconstruirme cada vez?
¿Es posible tomar un nuevo camino en cada momento necesario, una vez roto?

Sin perder mi horizontalidad, aunque a veces la pierdo, reencontrándome cuando ya estaba, buscando donde habrá o hubo; mirando confiada, expectante aguantando la respiración, a veces. Indecibles palabras, pues están muchas por inventar; impredecibles encuentros, sorprendentes; predecibles momentos, dolorosos, enriquecedores y destructores, a veces.
Perdiendo la verticalidad, la sujeto con todas mis fuerzas hasta que siento ganas de tumbarme mirando al cielo, dejándome calentar por el sol cuando en realidad, llueve.

Rota la vida, rompiéndola, a veces; quiero creer que hay partes de mí que nunca podré romper, pero sí cambiar y que, a través del universo pueda moverme para mirarme desde lejos y reír de lo pequeña que soy ridiculizando lo grande que me siento, estúpidamente feliz de saber que aún rompiéndose… rompiéndolo… ahí está, ahí sigue, mi yo básico, del que no puedo desligarme, un yo en el que no puedo dejar de confiar, pues si no, moriría.

Romper no me hace mal, pero si me da miedo, a veces. Replantar, arrancar las raíces y trasplantar. Volver a enraizar, una y otra vez.

Desde pequeña quise formar parte de una comunidad con tradiciones legendarias, con sus leyendas, mitos, refranes, dichos; pero una fuerza superior me impulsaba a ir más allá del horizonte del mar, curiosa de saber cómo sería yo, a quién y qué encontraría. Me hacía sentir inestabilidad y miedo pensar que ir a otro lugar significaba recoger mis raíces y llevármelas remangadas hacia otro lugar. Como un caracol, como un nómada que deja, recoge, viaja viviendo y vive pasando. Miedo a que se rompiera la vida, preguntaba y sigo preguntando a quienes encuentro ¿cómo es la vida?, ¿cómo lo haces tú?… y todos, a pesar de sus respuestas, sobreviven, como yo, a riesgo de romperse.

A través del universo, como una estrella viajaré a la velocidad de la luz, brillando desde lejos, sin remedio; de cerca, en erosión, convirtiéndome en pequeñas partículas que iluminarán menguando su brillo, desde lejos, con remedio y de cerca deslumbrando.

A veces estoy perdida y sufro y tengo miedo de romper la vida; esto solo pasa cuando no me dejo llevar por la fuerza que me empuja a vivir, tal cual, confiando en que no estoy rompiendo, solo estoy creyendo en seguir y seguir improvisando, creerme que la órbita de mi ser está, de alguna manera, en inercia por la fuerza de la naturaleza.

Expresándome. “Quererse”

2 comentarios

Con “quererse” no quiero hablar de aceptarse a uno mismo, quererse como uno es; me refiero a que “quererse” es un sentimiento mutuo. Suena a autoquererse. A mí me suena a: vamos a querernos, es necesario quererse, hay que querer ser querido y querer querer.

La mayoría de la gente que conozco (tengo treinta y nueve años), quiere saber aprender a vivir sola, ser independiente, o mejor dicho, no depender de nadie. Y yo, después de saber lo que es sentirse absolutamente solo y saber que tienes que apañártelas por tí, siento y pienso, que ¡hay que quererse!.

Creo que no hay nada de malo para un ser humano, de hecho creo que es todo beneficios, el que alguien esté a tu lado queriéndote y tú quieras a cuantas más personas mejor; y si tuvieras la suerte de que te quisieran muchas personas, pues entonces, sería maravilloso.

¿O no?, pues ¡claro!.

¡A quererse!, mutuamente.

Older Entries Newer Entries