Todo el mundo miente, sin querer o queriendo, por pena, compasión o falsedad. Por miedo al juicio, siempre él… este miedo fatal a no ser aceptado. Mentimos por pereza a explicar, por falta de interés, respeto o porque no sabemos qué queremos de verdad. Por presuponer lo que desean otros, decidiendo su bien sin preguntar. Jugamos con ambas, la realidad y la fantasía, mentiras como puños o nimiedades que a nadie parece importar. Pero importan, si que pasa, siempre hay consecuencias, y no es el karma, no, lo que ocurre es la respuesta, un feedback. Nos lo creemos porque nos conviene, y si se puede estirar el engaño hasta su olvido, por ahí se escapará una realidad que se asentará como vivencia veraz. Aceptamos lo que nos mastican, mejor así, que nos gusta regurgitar, que nos lo den ya pasadito para que no nos cueste esfuerzo el pensar, comprender o afrontar. Perdonar está de más, tanto que es intrínseco al dañar, y es que es así la mentira, un daño, que ni el pensar por los demás se hace sin consecuencia ni mal colateral.

-¿Dónde van a parar estas malditas que hacen de nuestro mundo un artificio social de incapaces para pensar y aceptar?-
-¿Serán delitos los engaños, que no tienen juez ni ley ni coraje de ser parte de lo racional?-
-¿Será un instinto o una herramienta más del rico lenguaje que nos permite comunicar?-
-¿Dónde van a parar las palabras que han perdido su sentido primordial, para ser parte de un ismo conceptual?-
-¿Son solo percepciones y subjetividades que impiden el acuerdo que permita la libertad?-

Sigue siendo un sin fin de preguntas más que de certezas, esta realidad engañosa que creamos desde el despertar. Tratamos a los demás de necios si como necios nos comportamos. Manipulamos por ganar y tratamos como tontos a quien puede dar más. Si mentimos, faltamos al respeto e integridad, ofendemos la capacidad y comprensión del otro. Simplicidad. A veces es más simple no decir la verdad, y ésta es a veces tan compleja que se resume con el atajo de parte de ella… esa que no tienes interés de contar, pues es eso lo que nos ocurre, mejor ahorrar información.
Mentir, ¿y qué más da?… ¿y si nunca se llega a conocer la verdad o la mentira?, pues, hacerse veraz es el fin de la falsedad.

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Que hastío de mentiras
manipulando la verdad,
contando todo a medias,
omitiendo se te escapan
el silencio oculta traición
explicaciones da de más
realidad que va forzada
al iluso dan por detrás
sumando cuando resta
suponiendo los esquivos
el documento justificará
inmaduro de realidad
sobreactuada la culpa
su razón impone sin más
cínico en las promesas
víctima circunstancial
desleal en la honestidad
fiel ante sombra y espejo
al minuto y detalle remitirá
fotos que no logran encajar
preocupaciones en exceso
ansiedad que no es laboral
desconfianza sin arraigos
vulnerable es al despiste
buen seguidor de huellas
alerta constante sin relax
sorprendido como el que más
en traiciones ajenas incapaz
ruin es en la pobreza
frío murmullo por la espalda
eres una herramienta más
a los hechos se remiten
con halagos emborronará
teme al juicio y al perder
del pasado es olvidadizo
el hoy al máximo viviendo
engañarse la peor maldad
en consecuencia habituada
el mayor juez la conciencia
que no perdona falsedad
del gentil amor doliendo.
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